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» Clarin
Fecha: 06/01/2026 08:36
Ayer, 5 de enero, apareció otra vez mi amigo en una visita intempestiva. Intenté acomodarlo de cara al balcón, con su copa de cognac, para honrar nuestra silenciosa amistad inglesa, pero se revolvió inquieto. Advertí que se vestía del modo anticuado de siempre, pero esta vez llevaba un incongruente morral de cuero atravesado en bandolera. Se asomó al balcón, y sin ningún disimulo metió sus narices en la cocina. ¿Busca algo? inquirí. Abrió los brazos, desalentado. El pasto y el agua. Pensé en responderle como merecía, pero lo conozco. No tuve tiempo de ir al parque, disimulé. Metió la mano en el morral y sacó un manojo de pasto. En el ademán tiró la mitad. ¿Dónde lo acomodo? Por ahí. Póngalo en la bañera. La bañera no es lugar para un dromedario, me reprochó, puede resbalarse. Lo guié a la cocina y señalé un rincón. Lo compuso lo mejor que pudo. Ahora el agua. ¿Tiene palangana?. No. ¿Un balde, una sopera? Manoteé una fuente y se la alcancé. La llenó de agua, la puso al lado del pasto y observó el cuadro, torciendo la cabeza, diría que feliz. Me sentí un poco mal. Venga que le sirvo algo le dije, y lo arreé a su sillón. Se tomó el cognac a sorbos, y al rato se levantó, suspiró contento, y se fue. Pasé una noche intranquila. Antes del amanecer me levanté para ir al baño. Aunque no estaba en mi camino, me asomé a la cocina. Alguien había desparramado el pasto, y una parte había desaparecido. Encendí la luz. Había un poco de agua derramada alrededor de la fuente, y juraría que faltaba otro poco. Al costado, apoyado en la pared, había un libro primorosamente envuelto para regalo. Lo levanté y me senté frente al balcón. Era un libro grande, viejo y usado, lleno de ilustraciones. En la tapa, un ciclista de antiparras se esforzaba por un camino entre montañas y pinos. El título rezaba en letras doradas Europe a vélo. 1956. Lo abrí con el corazón en la boca. Era un anuario francés de todas las carreras previstas en Europa, con sus recorridos detallados en mapas coloridos. Había también circuitos de todos los países para recorrer pedaleando, a la aventura. Consejos para viajeros. Anécdotas. Opiniones de expertos y detalle de climas propicios y contrarios. Había fotografías de paisajes en un espléndido color, que recordaba a películas felices en Cinemascope. Había ilustraciones de bicicletas cromadas, de colores brillantes, de formas aerodinámicas. Y bicicletas inglesas, pesadas y nobles y negras como percherones, para pasearse con gravedad por la campiña británica. Estuve horas estudiando el libro. Cerrándolo y volviéndolo a abrir. Recorriendo con el dedo rutas intrincadas entre picos montañosos, uniendo ciudades antiguas y luminosas, asomándome a ríos y lagos donde acampar y pescar. Levanté la vista y la perdí más allá del balcón. Recordé a John Cheever. Recité: Esta es una noche en la que reyes con trajes dorados cabalgan sobre las montañas a lomos de elefantes. Sobre la firma Newsletter Clarín
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