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» Clarin
Fecha: 07/01/2026 20:45
Nicolás Maduro recibió el año bailando desafiante en Caracas y ahora se arrodilla en Nueva York para entrar en un camión de presos, titubeante, con miedo a romperse la nariz si trastabilla porque no puede apoyar las manos esposadas. Aciago destino de dictador: hace una semana se hacía dar un premio por la paz rodeado de su corte de besamanos que le festejaba cada una de sus tonterías de vergüenza ajena, y ahora se arrastra en cuatro patas en la caja de un camión, delante de unos guardias indiferentes que ni lo apuran ni lo ayudan. Si es hallado culpable por los cargos de narcotráfico, ¿sólo él y su esposa dirigían el sistema que repartía ganancias narcos hacia funcionarios corruptos de índole civil, militar y de inteligencia de rangos inferiores, como dice la acusación? ¿Y el resto del gobierno chavista, que sigue formalmente en el poder? Cuando le preguntaron cómo sigue Venezuela, Trump contestó: Nosotros estamos a cargo, y describió brevemente lo que seguiría. Una evaluación de la industria petrolera subutilizada por la crisis, empresas americanas que entrarán a invertir para modernizar las plantas y un reacomodamiento de la logística de la explotación del crudo. Más que un plan de transición, eso es un plan de negocios. Las acciones de Chevron y Exxon volaron en Wall Street. Expertos citados por The New York Times dijeron que recuperar la infraestructura petrolera venezolana podría llevar años. En las primeras 100 horas desde la caída de Maduro, el chavismo reciclado -aún en el ridículo, como el ministro de Defensa Padrino López, que tras lo sucedido sigue en su cargo- sólo muestra los dientes hacia adentro. Ya hubo periodistas detenidos, y los enviados se agolpan en la frontera de Cúcuta, del lado colombiano, bajo el riesgo de ser apresados acusados de cualquier cosa si cruzan. Imágenes sobre la vida diaria en Caracas aún muestran chavismo puro, con paramilitares armados intimidando a cualquiera que amague con salir a festejar la captura del dictador extraído. Diosdado Cabello, halcón del régimen, se fotografió armado el mismo día en que volvió a la acción ese movimiento, acusado de asesinar a unas 150 personas en los últimos años sólo por ser disidentes. ¿No es eso terrorismo de estado? El nuevo chavismo entrega el petróleo, pero se aferra al terror. Su esencia subsiste en el gobierno usurpado y la violencia feroz. Un acertijo para la progresía bienpensante que, a miles de kilómetros de allí, apoyó la dictadura y ahora marcha por la no injerencia extranjera sin poner el cuerpo. Esas marchas contra Trump contrastan con los festejos de la diáspora venezolana en todo el mundo -ocho millones de personas empujadas al exilio- que respondieron naturalmente al dilema de la corrección política que dice: Está bien que cayó Maduro, pero Estados Unidos no tenía que haberlo sacado. Las redes aún arden bajo esa hipótesis del deber ser, destrozada por la realidad: era imposible una cosa sin la otra. En esa línea de razonamiento, Fuera Maduro se festeja sin peros. Este miércoles, Estados Unidos anunció tres fases para Venezuela. Las dos primeras vuelven sobre el petróleo, el comercio y los negocios. La transición política recién aparece en la tercera. Aún sin plazos, esa es la luz que ven los venezolanos que hace un año y medio votaron contra Maduro, y le ganaron. Esa esperanza de terminar con el chavismo al fin, más temprano que tarde, es mucho más fuerte en estas horas que aquella consigna histórica latinoamericana de Yankees, go home. Sobre la firma Newsletter Clarín
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