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  • El jinete pálido: el éxito sobrenatural de Clint Eastwood que nació de una referencia bíblica y le valió su peor lesión en el set

    » La Nacion

    Fecha: 06/01/2026 06:44

    El jinete pálido: el éxito sobrenatural de Clint Eastwood que nació de una referencia bíblica y le valió su peor lesión en el set El actor y director estrenó en 1985 un western con destino de clásico, que se convirtió en uno de los films de género más taquilleros de la era moderna - 11 minutos de lectura' En sus años mozos, cuando todavía era un joven cineasta y sobrevolaba en su aura el mote del Hombre sin Nombre que le había regalado su maestro Sergio Leone en la trilogía del dólar, Clint Eastwood solía repetir que los principales aportes de los Estados Unidos a la cultura del siglo XX habían sido el western y el jazz. No es de extrañar que fueran esos sus dominios y que su obra haya sido un espejo donde la realidad de su país se vio reflejada, con sus luces y sus sombras. Para mediados de los 80 ya era una figura popular en Europa por sus viejos spaghetti westerns como Por un puñado de dólares, Por unos dólares más y El bueno, el malo y el feo, y en los Estados Unidos había ganado fama como Harry Callaghan en la saga iniciada por Don Siegel y continuada por él mismo tras la cámara -con Impacto súbito (1983)-; pero además, había forjado una obra compacta y significativa como director, con títulos importantes como La venganza del muerto (1973), El fugitivo Josey Wales (1976) en el western, y algunas películas personales como Bronco Billy (1980) y Honkytonk Man (1982), que le valdrían el beneplácito de la cinefilia. Sin lugar a dudas estaba listo para acometer una aventura nueva, quizás algo más arriesgada. La historia que sería el corazón de El jinete pálido germinó a partir de varias fuentes. La primera, el texto bíblico del Apocalipsis, que en su capítulo sexto hace referencia a los Cuatro Jinetes y entre ellos el cuarto resulta ser un caballo pálido, montado por un jinete que se imagina representación de la Muerte. En varias entrevistas posteriores al estreno de la película, Eastwood aseguró que el Predicador, su personaje, era en realidad un fantasma (algo que ya estaba presente, aún sin tanta evidencia, en el western previo La venganza de un muerto). La segunda fuente fue, sin duda, el western crepuscular Shane: el desconocido (1953), de George Stevens, pieza clave junto a A la hora señalada (1952) de lo que el crítico francés André Bazin llamaría el superwestern, como etapa del género que congrega reflexiones sobre la mitología del Oeste ya en una etapa de deconstrucción, antes que en su instancia fundante como había sido el western clásico (cuyo mejor modelo fue La diligencia, de John Ford). Y la tercera de las fuentes resultó un guiño a la serie que lo hizo famoso, Cuero crudo: en un episodio de 1963, dirigido por Christian Niby -montajista de Howard Hawks y responsable de esa película pionera de la ciencia ficción que es El enigma de otro mundo (1951)-, asomaba el título Incidente de un jinete pálido. Eastwood honraba sus orígenes. Sin embargo, también yacía bajo el Predicador la propia figura del Hombre sin Nombre, modelada bajo la dirección de Leone y luego expandida a sus propias incursiones en el western, logrando sustituir ese cinismo del italiano por un imaginario personal en el que las plegarias lanzadas al cielo obtenían imprevistas respuestas. Así comienza El jinete pálido: con la injusta matanza de una colonia de buscadores de oro en la ladera de una montaña a manos del poderoso empresario Coy LaHood; luego, con la plegaria de una adolescente que eleva al cielo un pedido de protección ante la tumba de su perra asesinada; y por último con cabalgata de un jinete sobre la línea del horizonte, un hombre pálido con alzacuellos, portador del silencio y de una justicia implacable. Eastwood comenzó con ese puñado de ideas sueltas hasta que convocó a Michael Butler y Dennis Shryack, el dúo de guionistas de Ruta suicida (1977) -aquel policial que lo unió a Sondra Locke, su pareja de largos años, de la que luego se separaría no demasiado amigablemente- para dar estructura a la historia y definir las locaciones. El espacio ficcional sería el pueblo LaHood, en California, bautizado por el apellido del patriarca que administra las tierras más provechosas del lugar, y que ahora quería expandirla hacia aquella zona lindante ocupada por los buscadores de oro. Estamos en el Viejo Oeste, la ley que se impone es la de la pistola y el dinero, y LaHood está dispuesto a convencer a los pobladores de que no hay alternativa mejor que someterse a su reinado o huir. Eastwood elige como centro del relato a la improvisada familia que forman Hull Barret, oficioso buscador de oro que cree en los cimientos de una comunidad todavía en formación, y Sarah y Megan Wheeler, una madre y una hija, la primera abandonada por su marido, y la segunda, una preadolescente que reza por la llegada de un caballero andante. El arribo del Predicador alterará la relación de fuerzas. El ataque inicial de los matones de LaHood a las precarias viviendas de los excavadores tiene su corolario en una incipiente agresión a Hull cuando se acerca al pueblo a buscar provisiones. Para contrarrestar su desventaja ante el asedio de los mandaderos del caudillo LaHood, el Predicador hace su intervención, dejando en claro que su llegada lo cambiará todo. Será recibido en la comarca que se formó en las afueras del pueblo, será también perseguido por el hijo de LaHood y el fornido Club, y deseado por las mujeres que sueñan con héroes de leyenda, las mismas que descubren la verdadera condición de esas secretas plegarias. Producida por su empresa Malpaso -fundada por el propio Eastwood antes de comenzar a dirigir, como llave para sostener su independencia-, en sociedad con la Warner Bros -compañía con la que mantuvo una longeva colaboración-, El jinete pálido dividió su rodaje entre la región de California, de la que el propio director es oriundo -por esta fecha se presentaba como candidato a la alcaldía de Carmel, su lugar en el mundo-, y Sun Valley, región del estado de Idaho. La filmación se concentró después del verano de 1984, al concluir la temporada turística, y antes de la temporada de esquí de 1985. El equipo no tuvo muchos problemas para construir un pueblo real compuesto por doce edificios en Boulder Creek (tal como lo describe el catálogo del American Film Institute). Por su parte, el campamento minero de Carbon City se construyó a lo largo del arroyo Smiley, cerca de una mina al noroeste de la ciudad de Ketchum; el pueblo de LaHood se situó en una zona remota del Bosque Nacional Sawtooth; y la estación de tren fue un set diseñado en el sur de Jamestown, en California, conservado luego para reutilizarse en otras películas como Volver al futuro III (finalmente fue destruido en un incendio forestal). (finalmente fue destruido en un incendio forestal). El único actor de El jinete pálido con el que Eastwood ya había colaborado fue John Russell, veterano del género que había aparecido en películas como Cielo amarillo de William Wellman, Resplandece el sol de John Ford y Rio Bravo de Howard Hawks, y brevemente en El fugitivo Josey Wales, del propio Eastwood. El personaje que interpretó aquí fue el sheriff Stockburn, hombre del pasado del Predicador, aparecido junto a su galería de pistoleros que ofrecen la mística del duelo hacia el final. Se dijo que Eastwood había intentado convencer a Lee Van Cleef para el papel, pero estaba muy mal de salud debido a su alcoholismo. Por ello el director sugirió a Russell una caracterización de Stockburn en sintonía con la apariencia de Van Cleef, sobre todo en la línea de su famoso personaje Angel Eyes en El bueno, el malo y el feo. Los otros intérpretes escogidos fueron Richard Dysart como el patriarca LaHood (quien había interpretado al doctor Cooper en El enigma de otro mundo de Niby, antes mencionada), un jovencísimo Chris Penn como su arrogante y caprichoso heredero, Michael Moriarty como Hull, Carrie Snoodgress como Sarah Wheeler (la actriz de Diario de una esposa desesperada de Frank Perry), y la adolescente Sydney Penny, quien solo había pasado por la televisión. Richard Kiel, quien da vida al grandote que envía el pequeño LaHood para amedrentar al Predicador, había aparecido en Moonraker, una de las entregas de James Bond con Roger Moore., una de las entregas de James Bond con Roger Moore. Eastwood se nutre aquí tanto de la tradición clásica, al recuperar el tema de Shane: el desconocido, como de los aportes que el género experimentó desde la irrupción de Leone y la continuación de la propia obra de Eastwood. El Predicador, a diferencia del fantasma de La venganza del muerto, responde abiertamente al llamado bíblico de Megan, luego de la destrucción del asentamiento de mineros. Asediados por los intereses del capital, ese grupo de individuos se transformará en una comunidad por la intervención de un outsider, de un extranjero. El jinete pálido, misterioso en su pasado y lacónico en su interpretación, es de hecho el verdadero fermento de una comunidad. El Predicador, como John Wayne en Más corazón que odio (1956), se desvanece en la naturaleza de la que parece haber emanado, aquella en la Eastwood restaura su particular luz de otoño, su majestuosidad resistente al dominio de los hombres. Uno de los pocos incidentes ocurridos durante el rodaje fue el hombro dislocado del propios Eastwood, quien describió el suceso como la peor lesión que le ocurrió en un set. El impacto ocurrió cuando el caballo que montaba se cayó a través del hielo delgado y lo lanzó hacia adelante. En una escena posterior de la película, se lo puede ver sacando su arma con la mano izquierda debido al dolor que persistía en su hombro derecho. Si ya lo había hecho en La venganza del muerto, aquí Eastwood utiliza el elemento sobrenatural de manera aún más consciente. El montaje de la escena en la que aparece el Predicador no solo confirma que responde a la plegaria de Megan, sino que esos dos mundos, esos dos espacios distantes, esas dos mitologías -la bíblica y la del western- se unen para siempre. El Predicador asume así su condición de figura legendaria, de mito aunque por momentos pretenda ser hombre-, y de ideal (al cambiar al niño de Shane por la púber Megan añade un componente amoroso en la fascinación de la joven por el Predicador). Su rivalidad secular con el comisario Stockburn, el mercenario contratado por el industrial LaHood, es el único elemento que tenemos del pasado del Predicador, figura que entra y sale de la Historia para poner en crisis el orden establecido por LaHood en términos económicos, la relación de Sarah y Hull en términos amorosos, y los sueños de Megan en el despertar de sus deseos como final definitivo de la infancia. El jinete pálido se presentó en Cannes y, si bien no ganó premio alguno, Clint Eastwood fue nombrado Caballero de las Artes y las Letras por parte del Ministerio de Cultura de Francia y obtuvo su primer reconocimiento importante fuera de los Estados Unidos. En ese mismo 1985, Jean Luc Godard le dedica su película Detective (junto a otros directores como John Cassavetes y Edgar G. Ulmer), dato que une a Eastwood al linaje de aquella cinefilia que los franceses habían definido como punta de lanza para la nueva ola de los años 60. De hecho, el respaldo de El jinete pálido por parte de la crítica rehabilitó al western después del estrepitoso fracaso a comienzos de la década con Las puertas del cielo de Michael Cimino, y abrió las puertas para un resurgimiento (ese mismo año se estrenó Silverado de Lawrence Kasdan). En términos económicos, la película se convirtió en uno de los westerns más taquilleros de la era moderna, y en una de las películas más exitosas de aquel 1985. Apenas unos años después, el director se consagraría al otro aporte de su país a la cultura del siglo pasado: Bird (1988) sería el mejor y más sentido homenaje a Charlie Parker, mártir y mito del jazz.

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