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  • La conmovedora historia de Alejandro: tiene 14 años y vende pañuelos en la calle para llevar un plato de comida a su casa

    » TN

    Fecha: 06/01/2026 00:56

    A las 6:15 de la mañana, cuando la mayoría de los chicos de su edad todavía duerme, Alejandro ya está en pie en su casa de La Tigra, en Chaco. Vive con su abuela y otras 20 personas en una casa humilde donde, muchas veces, el desayuno es solo un mate cocido y, a veces, ni eso. Hoy no hay nada para desayunar, aseguró el chico de 14 años a Telenoche, mientras muestra la pieza donde duerme junto a sus hermanos y su abuela. La realidad golpea fuerte: en esa casa, la comida escasea y cada peso cuenta. Leé también: Alerta en Chubut: un incendio forestal obligó a evacuar vecinos y turistas en Puerto Patriada Por ese motivo, desde hace tiempo, Alejandro sale a la calle en Sáenz Peña para ayudar a su abuela. ¿Qué vendés?, le preguntan. Pañuelito, responde. Así, por 1500. Y mil cada bolsita de semillas de sandía, agrega. No es fácil. A veces, la gente le compra, otras veces solo le regalan algo para comer. Él siempre agradece con una sonrisa tímida y sigue adelante. En la casa viven cinco hermanos. La situación es compleja. La abuela Roxana, que cría a todos, cuenta: La mamá de Ale tiene un problema de adicciones, necesita una rehabilitación. No está acá en el pueblo. Con lo que gana el chico, la familia compra pan, azúcar, yerba y, cuando puede, yogur para los chicos. Él nunca se gasta la plata en caramelos o chupetines. Siempre piensa en traer algo para la casa, dice la abuela, con orgullo y tristeza a la vez. Leé también: Brutal ataque en Merlo: un joven murió tras una salvaje golpiza en la calle y detuvieron a un sospechoso Un buen día de ventas puede dejarle 15.000 pesos. Pero no siempre hay suerte. A veces no hay nada para comer, salgo, busco unas cositas, si no me voy a cazar palomas. Algo comemos, contó Alejandro, que aprendió a usar la gomera para llevar algo a la mesa. Él no tiene billeteras virtuales, pero acepta efectivo. Cuando pasa por la bicicletería, se queda mirando una bici azul. Pero su sueño va más allá. ¿Qué querés ser cuando seas grande?, le preguntaron. Policía, dijo sin dudar. Si la gente se porta mal, si tienen droga, los llevan presos, aseguró. En la casa de la abuela, la lucha es diaria. Tengo siete hijos y 14 nietos, contó Roxana. Alejandro es uno de esos nietos que, a pesar de todo, no baja los brazos. Sale a vender, ayuda en lo que puede y sueña con un futuro mejor.

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