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» TN
Fecha: 05/01/2026 17:24
Donald Trump ya tiene su trofeo esposado y frente a un juez de Manhattan. Con Nicolás Maduro fuera de juego, toda la atención estará puesta ahora en Delcy Rodríguez, la nueva líder del chavismo que la Casa Blanca confía en que llevará adelante una transformación a la medida de los intereses estadounidenses y con el poder suficiente para mantener la gobernabilidad en su país. Esa es la palabra clave que convenció a Trump para elegir a la hasta hoy vicepresidenta como la cabeza de la debilitada revolución bolivariana. A juicio de los halcones de Washington", es el plus que tendrá la primera presidenta de Venezuela para relegar la irrupción definitiva de la oposición en el exilio de la mano de una ninguneada María Corina Machado y un ignorado Edmundo González Urrutia. Leé también: El operativo en Venezuela reaviva la interna en EEUU: Marco Rubio acumula poder y le gana la pulseada a Vance Trump está convencido -y no le falta razón- que la oposición venezolana tiene respaldo popular, pero carece de penetración en las Fuerzas Armadas y de seguridad, aún bajo control chavista. Teme que una transición en manos de la Premio Nobel y del considerado presidente legítimo derive en un gobierno frágil que eche por tierra sus planes personales: entregar a las empresas estadounidenses el millonario negocio del petróleo y la minería local. Ya habrá tiempo de pensar en una palabra que no mencionó aún el presidente estadounidense desde la captura de Maduro: democracia. Sus planes geoestratégicos, según sostienen analistas, pueden llevarse a cabo mucho más rápido y sin trabas en un escenario de control absoluto de poder y por fuera de una sociedad política activa. Qué quiere Trump del chavismo Trump dejó muy en claro que tiene las armas y el poder de hacer lo que quiera en Venezuela. El chavismo lo sabe muy bien. Incluso amenaza con extender ese dominio absolutista a la Cuba de Miguel Díaz-Canel y la Colombia de Gustavo Petro, un presidente elegido democráticamente por su país. Pero nada dice del Ecuador de su aliado Daniel Noboa, donde pasa la mayoría de la cocaína colombiana que llega a Estados Unidos. César Batiz, director del sitio opositor venezolano El Pitazo, dijo a TN que Trump simplemente eligió a Delcy Rodríguez porque no quería darle el gusto a Maduro de salirse con la suya y por la necesidad de presentarle a sus electores un trofeo. Pero el objetivo es el mismo con Maduro o con Delcy. El plan es entregar la administración de todos los recursos petroleros y mineros al gobierno de Trump, para que a su vez lo entregue a las empresas que él considere, dijo Batiz. Pero también exigirá el fin de los envíos petroleros a Cuba, que cayeron de los 100.000 diarios de la mejor época de la colaboración socialista a entre 15.000 y 27.000 barriles diarios, según distintas fuentes. Sin ese crudo, la isla corre el riesgo de quedar paralizada. En ese escenario, Trump no necesita amenazar a los cubanos con una incursión armada. Quiere sentarse a esperar un desenlace como hicieron sin éxito 13 presidentes estadounidenses desde el triunfo de la revolución cubana con invasiones, ataques y atentados incluidos. Las exigencias de Trump también se recuestan en el fin de la asociación chavista con los enemigos de Washington, como Rusia, China e Irán. No más tráfico de drogas, no más presencia de Hezbolláh, no más uso de la industria del petróleo para enriquecer a todos nuestros adversarios en todo el mundo. Y beneficiar a la gente de Venezuela o, francamente, beneficiar a los EEUU y a la región, dijo el secretario de Estado, Marco Rubio, a quien la prensa estadounidense menciona sarcásticamente como el nuevo Virrey de Venezuela. Leé también: Sin Maduro, el nuevo chavismo asume en Venezuela y quedará obligado a gobernar con la presión de Trump Lo que ofreció Delcy Rodríguez no se diferencia mucho de la oferta previa de Maduro o lo que le garantizaban Machado o Edmundo. La única diferencia es que, en un entorno democrático, esas negociaciones con empresas de EE.UU. o con la administración Trump serían bajo una supervisión y un control de una Asamblea Nacional democrática, una contraloría y una sociedad civil y política activa y no reprimida, dijo Batiz. Trump se decantó por Delcy Rodríguez. No fue algo impulsivo. No es casualidad que la nueva líder y su hermano, el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, no tengan ningún señalamiento por drogas, terrorismo o violaciones a los derechos humanos, como el resto de la cúpula chavista. Delcy y su hermano le garantizan tranquilidad. En cambio, Machado no garantizaba gobernabilidad y la gobernabilidad es necesaria para cumplir los planes de Trump, afirmó Batiz. Qué puede darle Delcy Rodríguez a Trump De ahora en más, se verá a una Delcy Rodríguez haciendo malabares para mantener un discurso combativo puertas adentro sin provocar demasiado a Trump y negociar por debajo de la mesa un futuro que le permita sobrevivir a su gobierno. Ella tiene dos espadas de Damocles encima. Una, la de Trump, la más poderosa. Otra, sus propias internas con el ala más radical del chavismo y la Constitución venezolana que habla de un período de gobierno de 90 días prorrogables en caso de un vacío de poder como el que sucedió tras la captura de Maduro. Su primer objetivo será sobrevivir. En círculos opositores y de derechos humanos de Caracas se presiona por una amnistía general a los presos políticos, que beneficiaría a las decenas de detenidos extranjeros, como el gendarme Nahuel Gallo, detenido desde hace más de un año en Venezuela. El nuevo gobierno necesita dar señales de buena voluntad. Más allá de que mantendrá su discurso ideológico de combate y defensa del líder depuesto, la nueva presidenta deberá sentarse a negociar qué hacer con la industria petrolera. Leé también: Con su ataque a Venezuela, Trump renueva la doctrina Monroe y reflota el fantasma de un acuerdo con Rusia En el país sobreviven los negocios de la empresa estadounidense Chevron, con severas trabas de ambos gobiernos. Caracas se verá obligada ahora a renegociar la entrada de nuevas compañías enviadas por el garrote de Trump. Delcy Rodríguez, experta en hidrocarburos y con un perfil técnico del que carecía Maduro, necesita ganar tiempo: debe dar pronto señales de que está dispuesta a negociar un marco de coexistencia pacífica si quiere sobrevivir entre dos fuegos enfrentados: el que llega desde el norte y el que brota desde adentro del chavismo más combativo dispuesto a resistir hasta las últimas consecuencias.
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