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  • Diego Simonet, a fondo con Clarín tras su adiós a la Selección: "Tengo la desilusión de no ver crecer al handball argentino como se merece"

    » Clarin

    Fecha: 05/01/2026 11:00

    Diego Simonet cerró una de las etapas más significativas e importantes de su vida: tras 20 años defendiendo la camiseta albiceleste y 15 como figura del seleccionado mayor, se despidió de Los Gladiadores en el Cuatro Naciones que se jugó a principios de noviembre en la Casa del Handball, en Villa Soldati. El anuncio de su retiro a través de un video que compartió en sus redes sociales a horas de la final del torneo sorprendió a muchos por lo repentino. Pero el bonaerense había madurado la decisión durante un tiempo, hasta que se convenció de que era el momento de parar. No porque se hubiera quedado sin ganas, sin hambre de gloria o sin capacidad competitiva. Simplemente porque sintió que necesitaba bajarle el telón a esa parte de su carrera, pasarle la posta a las nuevas generaciones y darse más tiempo en el día a día para disfrutar de su mayor logro. "Lo más importante en mi vida es mi familia y ser buen padre, no los campeonatos ni los trofeos. Siempre quise poder darles a mis hijos la misma infancia que tuve. Es un sueño que tengo desde que soy pibe. Yo paso una semana cada dos viajando con el club (Montpellier) y jugar en la Selección implicaba también no estar un mes o un mes y medio entero en mi casa y perderme momentos importantes: una Navidad, un Año Nuevo, algún cumpleaños... Además se viene otra etapa de la paternidad. Tenemos a Juana, de siete años, y a Benjamín, de cuatro, y estamos esperando otra nena. Por eso es importante para mí estar cerca", le cuenta el Chino, de 35 años, a Clarín. "Esa fue la razón principal, pero hubo también un montón de otras cosas. Físicamente me siento muy bien, en un buen momento, pero ya no estoy para hacer todos los torneos y jugar todos los partidos a full, los 60 minutos. Me parece lógico empezar a cuidarme y saber que es el Montpellier el que me permite darle de comer a mi familia, no la Selección. Además, venía sintiendo que ya tenía edad para ir dejando de a poco y para ir entrenándome para cuando deje de jugar al handball por completo, que es algo que sufrimos los deportistas de alto rendimiento que dedicamos todo nuestro tiempo al deporte. Y como sabía que no iba a llegar a otros Juegos Olímpicos, preferí no quitarle el lugar a otro y dejar que los Gladiadores siguieran preparando el equipo sin mí. Porque para nosotros lo más importante es clasificar a los Juegos, que es lo que nos da visibilidad. Ojalá lo volvamos a hacer en Los Ángeles 2028 y tengamos otra posibilidad de hacer crecer nuestro deporte, que se lo merece", agrega reflexivo. Cuando Simonet anunció el retiro, en el ambiente del handball circularon versiones sobre un supuesto quiebre entre el jugador y la dirigencia de la Confederación Argentina, en especial por la salida de Guillermo Milano, que fue entrenador del equipo nacional desde 2021 hasta París 2024. Pero el ex central y capitán del seleccionado no habló ni de conflicto ni de distanciamiento. "Sabemos que la elección de un jugador para un torneo pasa por el cuerpo técnico y que la elección de un cuerpo técnico pasa por el presidente de la Confederación. Son las reglas del juego y siempre las respeté. Sólo tenemos la desilusión por no ver crecer al handball argentino como se merece. Porque en lo grupal esperábamos que clasificarnos a cuatro Juegos Olímpicos generara un crecimiento más grande y que la excusa de 'no hay plata' dejara de estar", explica, tras pensar unos segundos luego de la consulta sobre el tema. "Hemos tenido algunas reuniones con la Confederación y fueron siempre positivas. En Tokio 2020, después de una preparación muy mala para los Juegos y no ver ese avance para los Gladiadores, me encargué de que tuviéramos una reunión muy buena con Mario Moccia y Tomate (Carlos Ferrea, presidente de la CAH), en la que pudimos hablar muy bien entre jugadores y dirigentes para que las selecciones femenina y masculina mejoraran en algunos aspectos básicos, como tener un fisioterapeuta o médico en los entrenamientos que nos pueda vendar en el caso de una urgencia, contar con pelotas dignas, no tener que tomar agua de la canilla del baño y tener un manager para los seleccionados. Cosas que se han mejorado", comenta. Y continúa: "Luego de París 2024 tuvimos una charla con el presidente de la CAH, porque así lo deseaba él, por lo hecho hasta ese momento y lo que iba a venir. Nosotros destacamos el buen juego que estábamos logrando y los logros conseguidos ante un rival como Brasil, que en los papeles era muy superior. En unos Juegos Olímpicos le habíamos complicado las cosas a los mejores del mundo, compitiendo a nuestro máximo nivel. Comentamos que queríamos volver a una cita olímpica, pero tener la chance de pasar de grupo, lo que exige tener un proyecto importante. Lo que él dijo no me corresponde decirlo. La desilusión pasa por el lado de que siempre esté la excusa de 'no hay plata' y depender de cuánto da el Estado para poder entrenar como se debe". Ese descontento, igual, no le quita las ganas de seguir conectado con el handball argentino y a futuro dar una mano en lo que pueda para fomentar aún más el crecimiento del deporte en el país. "Jugué tantos años en la Selección para hacer crecer al handball argentino y es lo que más quiero. Por ahora mi vida está en Montpellier, pero mi teléfono siempre está abierto. Y con tal de ayudar, acá estoy. Siempre dispuesto", avisa quien tiene una Diplomatura en Gestión y Management Deportivo. -Decís que no viste el crecimiento que esperabas. ¿Qué hace falta para que se acentúe en el futuro? -La falta de proyecto es lo que nos está haciendo quedar un poco o no seguir progresando. Necesitamos un proyecto para que jóvenes de entre 17 y 20 años se entrenen profesionalmente en Argentina, mientras estudian, y logren llegar con cierto nivel a la Selección mayor, así el equipo no tiene que estar probando jugadores en un Mundial. Un proyecto innovador, por ejemplo, de crear un equipo semiprofesional con chicos y chicas de potencial para la Selección, que estudien y se entrenen todos los días con buenos entrenadores de estilo europeo y que compitan en la mejor liga del país. Que se vayan renovando esos jugadores a medida que van a jugar a Europa, para que siga creciendo. Durante París 2024 propuse una idea así en un hilo de Twitter porque quería ver diferentes opiniones. Eso nos pondría un nivel más arriba. Y también hay que cambiar la mentalidad, tratar de no depender solamente del Estado y buscar generar ingresos del sector privado. Ahí hay un gran trabajo para hacer. Y es un trabajo que tenemos que hacer juntos, desde periodistas -importantes para cualquier deporte- hasta jugadores, cuerpos técnicos y dirigentes. El handball argentino tiene que estar unido para lograr cosas grandes. Habla con conocimiento de causa Simonet. Y respaldado por los logros y la experiencia acumuladas. El Chino formó parte de esa generación que logró un click en el handball albiceleste cuando en Guadalajara 2011 conquistó por primera vez el oro panamericano y consiguió la primera clasificación de la historia a una cita olímpica. Tenía entonces 21 años y hacía apenas uno había debutado en el seleccionado mayor. Con el tiempo se convirtió en un referente para compañeros y nuevas generaciones. -Sebastián, tu hermano mayor, dijo varias veces: "No sé si Diego entiende cuántos chicos y chicas deben haber empezado a jugar al handball por su culpa". ¿Sos consciente de lo que le aportaste al deporte argentino? -Creo que no de la manera que lo dijo Seba. Yo siempre jugué con una sonrisa porque disfrutaba. Pienso que los deportistas que salen en la tele o están en las redes sociales están educando, sin querer, a los más jóvenes. Yo de chico imitaba a los más grandes y eso me quedó grabado. Entonces, siempre con humildad y perfil bajo, intenté mantener esa línea porque sabía que había chicos que me observaban. Aunque recién tomé consciencia de hasta dónde llegaba todo esto en mi último partido con la Selección, que fue muy emocionante. Yo jugaba para mis amigos, mi familia y el nicho del handball. Y creo que los Gladiadores lograron sobrepasar diferentes mentalidades y diferentes deportes, al punto que esa despedida llegó a tocar personas fuera del handball. No sé si tomo total dimensión de mi importancia en este proceso. Sí sé que los compañeros y cuerpos técnicos con los que compartí me ayudaron a crecer como persona y como jugador. Para mí los jugadores, los dirigentes y los cuerpos técnicos estamos todos de pasada y nadie es mas que la Selección. -¿Qué significan los Gladiadores para vos? -Cuando me integré al seleccionado mayor, la mística de los Gladiadores, que se formaron justo en ese momento, y el bienestar que había en el grupo me marcaron mucho. Me gustaba mucho ir a la Selección, porque mientras en el club era todo profesional, en la Selección podía volver a jugar con compañeros que se convirtieron en amigos, a disfrutar y a tener eso que sentía cuando jugaba en Argentina. Cuando íbamos a Mundiales o Juegos Olímpicos, los jugadores de otros equipos nos envidiaban, por así decirlo, por cómo nos llevábamos, el equipo que éramos, porque siempre estábamos unidos el cuerpo técnico, los jugadores, la dirigencia. Nunca había un problema. Y eso es lo que me queda y que no es para nada fácil, ya que hay muchas personalidades y muchos egos dentro de los equipos. Saber que unidos podíamos lograr cosas que nadie se esperaba, como clasificarnos a Juegos Olímpicos o ganarles a europeos, cosas que antes eran imposibles. Simonet juega desde 2013 en Montpellier, uno de los equipos más fuertes de la Liga de Francia y de Europa, con el que ganó, entre muchos otros títulos, la Champions League en 2018, certamen en el que también se llevó el premio del Jugador Más Valioso del torneo. Su contrato con ese club se termina a fines de la temporada 2025/26 y él aún no sabe si en ese momento se terminará también su carrera profesional. "Son semanas y días críticos para mí ahora. Porque ya hace años que vengo con ese lado empresarial y emprendedor que me fascina y al que le quiero dedicar más tiempo tras el retiro (NdR: Ya sacó al mercado tres juegos de mesa y la app iDisko). Pero también estoy disfrutando muchísimo este período con el club, en el que soy el más experimentado del equipo y estoy en buena forma. Veremos cómo pasa este final de temporada y cómo está mi cabeza después para tomar una decisión de si sigo o no. Si pienso en el final, me gustaría cerrar mi carrera en Montpellier, en casa y jugando bien, sin hacer un año de más innecesario. No sé si esta temporada o la siguiente. Iré día a día", afirma. -¿Te gustaría hacer como Sebastián y volver a jugar un tiempo en el handball argentino tras cerrar tu etapa profesional? -Me encantaría, no voy a mentir. No sé si una temporada entera, porque después de tantos años de profesional y alta competencia, donde hay mucho en juego, es difícil quizás cambiar ese chip. Pero volver a Ballester, mi casa, donde me crié handbolísticamente, sería algo lindo. Quince años de Gladiador Quince de sus 35 años de vida le dedicó Simonet a los Gladiadores. En ese período, disputó los Juegos Olímpicos de Londres 2012, Tokio 2020 y París 2024 (se perdió los de Río 2016 por la rotura de los ligamentos cruzados de la rodilla derecha que sufrió jugando con Montpellier), y seis Mundiales, los de 2011, 2013, 2015, 2017, 2021 -en el que se consiguió el mejor resultado histórico, un 11° puesto- y 2023. Ganó las medallas de oro en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, Lima 2019 y Santiago 2023, y la plata en los de Toronto 2015. Disputó 146 partidos oficiales, metió 454 goles y quedó como el cuarto máximo anotador histórico del equipo detrás de Federico Pizarro, Federico Fernández y Andrés Kogovsek. Y fue distinguido con el Olimpia de Plata en ocho ocasiones: en 2009, 2013, 2014, 2015, 2017, 2018, 2023 y 2025. -¿Te animás a hacer un podio de los mejores recuerdos que tenés con los Gladiadores? -Primero, Suecia 2011, que marcó un antes y un después. Tenía 21 años, jugaba muy poco en el club y estaba con ganas de volver a Argentina y dejar el handball. Pero ese Mundial hizo que el Ivry de Francia me contactara y me quisiera llevar a su equipo, junto a Sebastián. Después, la primera clasificación a los Juegos Olímpicos, que llegó muy rápido para mí y fue cumplir el sueño máximo que tenía. Y otro momento muy importante fue la clasificación a Tokio. Venía de la lesión, no sabía si iba a volver a mi nivel y quería estar otra vez en unos Juegos Olímpicos y con mis hermanos. Hice mucho para poder estar a nivel y llegar a esos Juegos. Y ese sacrificio es algo que me marcó para siempre. -¿Perderte Río 2016 fue lo más difícil que te pasó con el seleccionado? -Anímicamente, sí. Fue muy duro. Pero hoy agradezco haber tenido una lesión tan importante en un momento tan importante, porque me ayudó a abrir la cabeza, a ver siempre el lado positivo, a buscar las soluciones a los problemas y a no caer en lo negativo. Me di cuenta que soy alguien muy positivo. Estoy siempre buscando soluciones en la vida personal, con el seleccionado, en el club... Con todo. -¿Haber compartido todo ese camino con tus hermanos Sebastián y Pablo lo hizo más especial? -Eso es inexplicable. Porque para nosotros se tornó normal. Lo que le da más valor es que cada uno estuvo por mérito propio. Ninguno de los tres pidió a un entrenador que convocara a su hermano. Y lo que me gustaba era que jamás nos aislábamos, sino que buscábamos hacer equipo e intentábamos mezclarnos para que no se creara separación. Con el tiempo nos daremos cuenta de lo afortunados que fuimos jugando los tres juntos en la Selección y ojalá que cada vez que nos juntemos recordemos esos momentos. -El equipo está cerrando un proceso de renovación. Ya se había retirado Sebastián después de Tokio, tras París lo hicieron Fede Pizarro y Fede Fernández y ahora vos. ¿Qué legado dejó esa camada, los Gladiadores originales, para las nuevas generaciones? -Lo más importante es que la actitud no se negocia y hay que salir a ganar cada partido por más que sea con Francia, Dinamarca o cualquier rival. Esa fue la mentalidad que tuvimos y por eso nos ganamos ese mote de Gladiadores. Quizás en los papeles no nos acercábamos a los grandes, pero podíamos ganarles o empatarles a potencias. Ojalá eso se pueda mantener. Y también los valores dentro del equipo, la mística de este seleccionado y la cultura de trabajo inteligente, porque es la imagen que transmitíamos a los demás países y lo que nos hizo ser valorados en Argentina. 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