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  • Venezuela, Estados Unidos y Argentina

    » Clarin

    Fecha: 05/01/2026 06:24

    En 1903 se produjo una crisis diplomática y militar que envolvió a Europa, América Latina y los Estados Unidos. El desencadenante del conflicto fue la deuda de Venezuela, que había contraído con los países más relevantes de Europa, en mayor parte por el no pago de compensaciones económicas a ciudadanos europeos por daños sufridos en la guerra civil que se desarrollaba en ese momento. A ello se agregaba el reclamo por deudas por obras públicas que estaban retrasadas. Los gobiernos europeos asumieron la deuda y la presión sobre el gobierno venezolano. El país sudamericano, gobernado por el dictador Cipriano Castro, que se mantuvo nueve años en el poder, de 1899 hasta 1908, se negó al pagar la deuda y se declaró virtualmente en default, desde una posición nacionalista. Además, el presidente enfrentaba una guerra civil que lo llevaba a luchar en dos frentes. Los bancos europeos recurrieron a sus gobiernos para que exigieran -con la fuerza si era necesario- el pago de lo adeudado. Pero las gestiones diplomáticas desde las capitales europeas no dieron resultado. Frente a esta situación, el Reino Unido, Alemania e Italia concretaron una coalición militar para resolver el problema por esta vía. Las fuerzas europeas hundieron y capturaron la antigua y precaria marina de Venezuela y tomaron los puertos más importantes del país. Tras ello, se hicieron cargo de sus aduanas y el cobro de los impuestos de importación y exportación, que destinaron al pago de la deuda. En Argentina ejercía su segundo mandato presidencial el general Julio Argentino Roca. Su política exterior estaba muy atenta a los movimientos de potencias extranjeras en la región. Consideraba a América Latina un área al margen de la ocupación colonial, como tenía lugar en ese momento en África, Asia y Oceanía. Según su óptica, América Latina no podía ser repartida entre las ocho potencias europeas de entonces, como había sucedido con África en la Conferencia de Berlín de 1885, en la cual las cincuenta y cuatro naciones de África previa a la definición de sus fronteras por geógrafos europeos, podían ser ocupadas colonialmente por estos países. Desde su perspectiva, América Latina debía ser aceptada como una región del mundo desarrollado en términos de soberanía, la que debía ser respetada. Era el límite en cuanto a conceptos de Estado y nacionalidad, que se reclamaban para la región. Las acciones militares contra el gobierno venezolano con efectivos terrestres europeos comenzaron en diciembre de 1902. Para el gobierno argentino de entonces, aceptar lo que estaba sucediendo en Venezuela entraba en conflicto con su política exterior. Roca entonces entrega una instrucción a su canciller José María Drago para que rechace la actitud asumida por las tres potencias europeas mencionadas y reclamando la solidaridad continental con Venezuela a fines de diciembre de 1902. Esta teoría generó debates en Europa y la doctrina de que no puede cobrarse deudas de los Estados por la fuerza de las armas dejó huella en las relaciones internacionales de la década siguiente. El despliegue naval europeo ocupando los puertos venezolanos no se mantuvo por mucho tiempo y resultó poco eficaz. La opinión pública europea fue asumiendo una postura crítica hacia sus gobiernos, aunque buques de Holanda, Bélgica y España se sumaron al bloqueo. Al recibir Estados Unidos la llamada Doctrina Drago esgrimida por Argentina, se planteó un debate interno dentro de la Administración. Estados Unidos comenzaba a ser una potencia relevante. Había adquirido en las últimas décadas del siglo XIX, de hecho y por medios militares, el control de Cuba, Filipinas, Puerto Rico y la isla de Guam, es decir, había quitado a España sus últimas posesiones en América Latina, lo que la consolidó como potencia bioceánica, al tener amplias costas sobre los dos océanos, el Atlántico y el Pacífico. Se planteaba para Washington la duda de si seguir la Doctrina Monroe, fijada en 1823, de no aceptar la presencia militar europea en la región, o aceptar los hechos recientes del último lustro, que le daban a Estados Unidos una situación de potencia que lo acercaba a los intereses europeos. Washington acababa de promover con éxito la creación del estado independiente de Panamá, con lo cual adquiría el control del Canal. Era una clave geopolítica para consolidar su posición bioceánica. Tras intensos debates en el Departamento de Estado, finalmente la posición estadounidense fue eludir una coincidencia activa con Argentina: ni se condenó ni apoyó la Doctrina Drago. Fue un éxito diplomático argentino sin lugar a dudas, pero que la Sociedad de Naciones creada tras la Primera Guerra Mundial adoptó parcialmente y discutió en forma limitada. Con habilidad, el gobierno estadounidense asumió la posición de mediador, que le permitió encontrar una solución al problema. El gobierno venezolano reconoció las deudas, pero el estadounidense estableció un pago menor a la mitad de su montó y que debía ser efectuado en cuotas. No fue una mala solución para Washington. En cuanto al presidente Cipriano Castro, asumió el término de Restaurador y su actitud nacionalista le permitió afirmarse en el poder frente a sus enemigos internos. Los tiempos han cambiado y las posiciones diplomáticas también. Pero Argentina, ya sea enfrentando a Estados Unidos a comienzos del siglo XX o apoyándolo cuando se inicia el segundo cuarto del siglo XXI, sigue siendo una referencia importante en la región para Estados Unidos. La historia para los conflictos del presente muestra antecedentes y semejanzas, no siempre soluciones. Sobre la firma Newsletter Clarín

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