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  • De la crueldad y otros demonios

    Concordia » El Heraldo

    Fecha: 03/01/2026 06:35

    De la crueldad y otros demonios El paisaje de la miseria es desolador y el Intendente Azcué despide. La gente revuelve basura buscando comida y el Intendente despide trabajadores. En los contenedores he visto niños incluso, indiferentes a las moscas, ajenos a la podredumbre, jugando su inocencia con un camioncito panzón y el Intendente de Concordia deja empleados en la calle. Cien por aquí, ciento treinta por allá, como si fueran confites navideños. Pero no, no son confites, tampoco son números, son personas que se enfrentan a la tragedia del desempleo mientras nos deseamos un feliz año nuevo. Porque no se ahorra el Intendente, el Gobernador y el Presidente el goce de echar gente a la calle el 24 o el 31 de diciembre. En eso hay unidad de criterio, en la crueldad. Las causas no importan, si las notificaciones llegan un viernes a la noche y no hay nadie que dé respuestas, si llegan a la mesa navideña para el desespero y la angustia. La persecución y el disciplinamiento por el temor son claros, el silenciamiento un objetivo. Por eso se deshacen de los mejores periodistas, los críticos, los verdaderos. Por eso cerraron la radio pública de Concordia, voces incómodas e irrefutables, para armar un relato insostenible, mentiroso, del equilibrio fiscal, el Orden y la eficiencia, mientras el pueblo sufre la pobreza, las familias se endeudan para comer, la angustia social desborda. Mientras, como dice Vallejo, el dolor crece a treinta minutos por segundo. La búsqueda de un ordenamiento es la causa, según el Intendente de los despidos y agrega insostenibles falacias. No se le ocurre otra solución. El mismo Orden que alega el gobierno nacional para apelar la declaración de la ilegalidad de la represión brutal a los jubilados, a las personas con discapacidad. A casi dos años del inicio de una violencia insoportable, un fiscal se dio cuenta que mandar a la policía a cagar a palos a un trabajador, a un periodista, un médico o enfermero del Garrahan, a un jubilado, a un estudiante, a una persona con discapacidad, a una persona cualquiera, porque manifiestan su descontento, lo que llaman protocolo anti-piquetes que trata a los ciudadanos como delincuentes, es inconstitucional. Es además, inhumano y cruel. Sobre todo inhumano y cruel. Es del Orden del saqueo de lo que se trata, al que acuden como relato, de la entrega, del ajuste, de la represión, de la miseria planificada, lo que estos gobiernos defienden, ya sin ambages. Es un Orden perverso. Más de una persona con discapacidad, me consta, se descompensó por las sádicas citaciones a las auditorias de las pensiones no contributivas, con las que, ni siquiera, sobreviven, para ajustar mientras el escándalo de las coimas en la Andis era inocultable. Enloquecieron a los discapacitados y a sus familias. Los citaron en hoteles, sin datos de la documentación que debían llevar en tiempo récord. A muchos que ni siquiera citaron y les sacaron la pensión. Se enteraban cuando iban a cobrar y no estaba el dinero. Es que se han ensañado con las personas con discapacidad, como en los peores momentos de la humanidad. Han atacado con furia a los más frágiles, como en los períodos más oscuros de la historia humana, en las experiencias más tristes. Como nunca se había visto antes se empeñan con un odio infatigable en incumplir con la ley de emergencia en discapacidad que dejaría a estas personas y sus familias en el más absoluto desamparo. Lo mismo que la ley de presupuesto universitario, porque su presupuesto es el retiro del Estado en su obligación de garantizar el derecho a la educación (de los derechos humanos en general). Como perros rabiosos atropellaron en el Congreso para que se derogue la ley de financiamiento de las Universidades, una y otra vez, tanto que hasta los legisladores amigables , dispuestos a votar cualquier medida antipopular, rechazaron el despropósito. De todos modos lograron desfinanciar la escuela técnica y agra técnicas. El gobierno provincial apoyó esa ley, además de poner en riesgo a los profesorados de nivel superior, además del despido de los trabajadores del Registro único de la verdad de la provincia de Entre Ríos, que jaquea las políticas de Memoria, Verdad y Justicia, en el año en que se cumplirá el 50 aniversario del inicio del Genocidio. El miércoles pasado, sin demasiado ánimo para celebrar, agravados por la pirotecnia que, como la crueldad es un síntoma de la ausencia de empatía, brindamos con nuestras familias y nuestros afectos y nos deseamos felicidad, para todos, para la comunidad, para los desempleados, para los trabajadores, para los estudiantes, para las personas con discapacidad, para que los que sufren puedan tener una vida digna, para tomar clara conciencia que golpear, gasear, apalear a los jubilados es una conducta ruin del Gobierno pero que envilece a toda la sociedad, que nos salpica a todos, si no decimos nada, si no sufrimos un escándalo moral, al menos en la poesía, el territorio en el que las palabras tratan de decir la ignominia de lo innombrable. SOLO TENGO ESTAS PALABRAS Hoy es jueves y no pude dormir anoche Y solo tengo estas palabras Una abuela caía, nocturna y frágil Bajo los palos y los gases Y los colmillos afilados De los perros de presa Y yo solo Tengo estas palabras Contra la noche impura, de pesadillas Unas pocas palabras, sin dientes Acorraladas, de aliento corto El capitán Montes aprieta el cuello de su pobre hijo Que preguntó por el goce de la tortura Y solo se escuchó a Mozart y al silencio Y Una bala de pronto silbó la muerte De una cabeza destrozada Y solo tengo estas palabras Indefensas, débiles, que aun así resisten Las mentiras se retuercen y crujen como tripas Podredumbres que tragan los imbéciles El poder se come un asadito Con la carne cruda de la sangre vieja Y solo tengo estas palabras Miran ciegos los abiertos ojos Los carros del odio, las sombras, la saña Los abyectos uniformes Y solo tengo estas palabras Y una mirada tierna y arrugada Y una suave mano compañera Y un sueño y una esperanza Donde hacen el amor Las palabras y los cuerpos Donde la vida triunfa y derrota el odio Donde, el tiempo, los sabios, los viejos Ya no sufren la canalla.

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