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» La Nacion
Fecha: 02/01/2026 17:54
OpenAI se enfrenta a un año decisivo en 2026 Sam Altman es como un malabarista en monociclo. Crear chatbots omniscientes impulsados por modelos de inteligencia artificial de vanguardia es una ambición demasiado modesta para el jefe de OpenAI. Para mantener a su público cautivado, ha lanzado cada vez más pelotas al aire. ¿Chips personalizados? Claro que sí. ¿Comercio electrónico? ¿Por qué no? ¿Consultoría empresarial? Demasiado fácil. ¿Un dispositivo de consumo? Por supuesto. Al mismo tiempo, Altman debe mantener una mano libre para recaudar fondos, ya que el espectáculo se vuelve cada día más caro. Las cifras filtradas indican que OpenAI espera gastar US$17.000 millones en 2026, frente a los US$9000 millones de 2025, y que sus pérdidas seguirán acumulándose en cada uno de los tres años siguientes. Ya ha recaudado más de US$60.000 millones de los inversionistas, más que cualquier otra empresa privada, casi todo desde finales de 2022, cuando ChatGPT catapultó a la fama a este laboratorio de IA, hasta entonces desconocido. El apetito de Altman por el efectivo está lejos de saciarse. En 2026, OpenAI casi con toda seguridad recaudará otra gran cantidad de capital, según una fuente cercana a la empresa. Según se informa, busca hasta US$100.000 millones, con una valoración de quizás US$830.000 millones, frente a los US$500.000 millones de su última ronda de financiación en octubre. Amazon está negociando por separado invertir hasta US$10.000 millones en el fabricante de modelos, que se ha liberado de su relación exclusiva con Microsoft, el mayor rival de Amazon en computación en la nube. Nvidia ha dicho que también podría invertir hasta US$100.000 millones en OpenAI, en incrementos de US$10.000 millones, para ayudarle a comprar los productos del fabricante de chips. Aunque ha puesto paños fríos al tema en varias ocasiones, se rumorea que Altman también está considerando una oferta pública. La recaudación de fondos sin precedentes de OpenAI ha impulsado un crecimiento sin igual. En 2023, sus ingresos superaron los US$1000 millones. En 2025, según se informa, alcanzaron los US$13.000 millones, y aumentaron a una tasa anualizada de US$20.000 millones a finales de año. Google y Facebook tardaron cinco y seis años, respectivamente, en lograr la misma hazaña. El problema es que la demanda de potencia informática de OpenAI, con mucho su mayor costo, se ha mantenido estrechamente vinculada a los ingresos. Las necesidades informáticas de la empresa pasaron de 200 megavatios en 2023 a 1,9 gigavatios (GW) en 2025. Ha firmado cartas de intención para añadir otros 30 GW de capacidad en los próximos años, con un costo de alrededor de US$1,4 billones. Por ahora, los inversionistas están cautivados por la deslumbrante hazaña de Altman. Sin embargo, con el tiempo, tendrá que demostrar que puede obtener beneficios. Altman sigue argumentando que la economía de OpenAI mejorará a medida que la empresa crezca y el costo inicial de entrenar sus modelos disminuya en comparación. Sin embargo, los costos de entrenamiento siguen aumentando, ya que OpenAI se enfrenta a la dura competencia de los fabricantes de modelos rivales. Según los parámetros de referencia recopilados por el Instituto de Inteligencia Artificial Centrada en el Ser Humano de Stanford, la diferencia de rendimiento entre los modelos más avanzados se ha reducido significativamente durante el último año. Últimamente, la mayor amenaza para OpenAI ha sido Google, cuyo modelo Gemini 3, lanzado en noviembre, superó al GPT-5.1 de OpenAI en varias medidas. OpenAI contraatacó con GPT-5.2, pero estuvo lejos de ser un golpe decisivo. Mientras tanto, los llamados modelos abiertos, cuyos parámetros numéricos (conocidos como pesos) están disponibles gratuitamente, también han ido acortando la diferencia de rendimiento con los modelos cerrados. OpenAI no puede permitirse quedarse atrás en la creación de modelos. Ya hay indicios de que ChatGPT está perdiendo impulso. Según Sensor Tower, que supervisa el tráfico web, a mediados de diciembre tenía 910 millones de usuarios activos mensuales, frente a los 345 millones de Gemini. Pero Gemini está ganando terreno. Un estudio reciente de los grandes países europeos realizado por Deutsche Bank reveló que las suscripciones de los consumidores al chatbot de OpenAI se estancaron en verano y desde entonces apenas han crecido. Consciente del reto, Altman instauró un código rojo temporal a principios de diciembre, en el que ordenó al personal que detuviera otras iniciativas y diera prioridad a la mejora de ChatGPT. Aún más preocupantes son los informes que indican que OpenAI está perdiendo dinero simplemente por ejecutar sus modelos, a los que muchos consumidores acceden a través de la versión gratuita de ChatGPT. En noviembre, Ed Zitron, un comentarista conocido por su escepticismo hacia la IA, publicó cifras filtradas de Microsoft que mostraban que los llamados costos de inferencia de OpenAI superaron sus ingresos en la primera mitad de 2025. Para reducir sus pérdidas, la empresa podría subir los precios o restringir el acceso, pero eso supondría el riesgo de frenar el crecimiento, sobre todo con la competencia pisándole los talones. Acto de equilibrismo Todo esto ayuda a explicar el enfoque cada vez más amplio de OpenAI. Parte de la estrategia consiste en desarrollar nuevas vías para monetizar su tecnología. Aunque, según se informa, Altman suspendió temporalmente una iniciativa para integrar la publicidad en ChatGPT como parte de su código rojo, fuentes internas afirman que la empresa sigue teniendo planes para hacerlo en 2026. OpenAI ya permite a empresas como Etsy, un mercado en línea, o Walmart vender sus productos en Estados Unidos a través de su chatbot a cambio de una comisión. OpenAI también espera ampliar sus ingresos procedentes de clientes empresariales, que suelen ser más fieles. Su principal competidor es Anthropic, un fabricante de modelos rival cuyo chatbot Claude se ha hecho muy popular entre los programadores. Para ponerse al día, OpenAI ha creado una división de consultoría que ayuda a las grandes empresas a implementar su tecnología y ha desarrollado herramientas empresariales como AgentKit, lanzada en octubre, que los clientes pueden utilizar para automatizar el trabajo. Aunque los consumidores siguen aportando la mayor parte de los ingresos de OpenAI, la cuota de las empresas ha ido aumentando. La estrategia de OpenAI también parece implicar una integración vertical, inspirándose en Google. Los chips personalizados del gigante de las búsquedas, que comenzó a desarrollar hace más de una década, se han convertido en una gran ventaja en la carrera por la IA, ya que cuestan entre la mitad y una décima parte de lo que cuesta un chip Nvidia equivalente. Los 4000 millones de usuarios de dispositivos Android en todo el mundo también proporcionan un vasto canal de distribución para los productos de IA de Google. Durante el último año, OpenAI ha firmado un acuerdo con Broadcom, un diseñador de chips, para desarrollar su propio silicio personalizado, y ha contratado a Sir Jony Ive, el diseñador detrás del iPhone de Apple, para idear un dispositivo de consumo. La diferencia es que OpenAI no cuenta con los cuantiosos ingresos que proporciona el motor de búsqueda de Google. Algunos inversionistas ya están empezando a mostrarse cautelosos. El director de una empresa de capital de riesgo (VC) señala que las pérdidas de OpenAI son tan grandes como los déficits de muchos gobiernos nacionales. Lamenta que, en las conversaciones para recaudar fondos, ni siquiera se permite preguntar sobre la cantidad de dinero que se está gastando. Cuando Brad Gerstner, uno de los inversionistas más leales de OpenAI, le preguntó en una reciente entrevista en un podcast cómo financiaría la empresa sus gigantescos compromisos de gasto, que equivalen aproximadamente a 100 veces sus ingresos en 2025, Altman respondió bruscamente: Si quieres vender tus acciones, te buscaré un comprador. Los detractores de OpenAI condenan lo que consideran la arrogancia de Altman. Es la historia de WeWork con esteroides, dice otro jefe de capital de riesgo que respalda a uno de sus rivales, refiriéndose al negocio de alquiler de oficinas que en su día tuvo un gran éxito y que se derrumbó espectacularmente bajo el peso de enormes deudas y proyecciones de crecimiento poco realistas. Si las ventas empresariales de OpenAI decepcionan y no es capaz de monetizar ChatGPT de otras maneras, la empresa podría desmoronarse rápidamente. Sin embargo, por ahora, Altman sigue contando con muchos seguidores. Si me hubieras dicho hace cinco años que Sam iba a cerrar estos acuerdos, nunca te habría creído. Es mejor de lo que nadie imaginaba, afirma uno de sus inversionistas. El año que viene pondrá a prueba si el jefe de OpenAI es algo más que un showman.
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