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Concordia » Despertar Entrerriano
Fecha: 01/01/2026 11:08
Este trabajo es constancia pura: si abandonás, no llegás a ningún lado Juan Manuel Almirón, Vendedor Ambulante En esta edición N° 151 de Entrevistados, Despertar Entrerriano charló con Juan Manuel Almirón, vendedor ambulante con más de 30 años de experiencia, a quien podemos encontrar habitualmente en la costanera de nuestra ciudad. Con una historia atravesada por el trabajo familiar, el esfuerzo diario y la exposición permanente al clima, Juan Manuel relata qué implica sostener un oficio que se aprende en la calle, se hereda en la familia y se construye con constancia, sacrificio y orgullo. ¿Hace cuándo te dedicás a la venta ambulante? Tengo 46 años y hace prácticamente 30 años que me dedico a lo que es la venta ambulante. Es mi oficio digamos. No fue algo que yo haya elegido desde chico, sino que la vida me fue llevando a esto. ¿Qué fue lo que te llevó a ser vendedor ambulante? Como decía, la vida misma. Nunca fui muy dedicado al estudio, entonces la vida me fue llevando. Este oficio lo hacía mi viejo, mi vieja también, y bueno, me fui metiendo en lo que es la venta ambulante. Al principio no me gustaba, la verdad, pero después me empezó a gustar y le fui viendo lo bueno que tiene el rubro. ¿Qué vendés actualmente y en qué zona trabajás? Vendo churros, bolitas con dulce de leche, trenzas y roscas, principalmente en la zona de la costanera. También he vendido en otros lugares, pero hace muchos años que estoy ahí. Ya es como nuestro lugar. ¿Cómo organizás tu recorrido, es algo planificado o más espontáneo? No tengo algo planificado. Me quedo quieto un rato y después, dependiendo de cómo vaya el día, me voy moviendo. Si me puedo quedar quieto, mejor, y si no, me voy moviendo. Todo depende de lo que pase en el día, de si se vende enseguida o no. ¿Hay horarios o días en los que se venda más? Sí, generalmente después de las cinco, seis, siete de la tarde. Ahora con el calor es más a esa hora. En invierno también, más o menos a partir de las cinco y media o seis. Y los días que más se vende son los domingos y feriados. En la semana se vende, pero no es lo mismo que un domingo. Agregó: Por ejemplo, un domingo o feriado me levanto a las cuatro de la mañana. Arranco produciendo y estoy hasta las once o doce del mediodía. Después, a las dos o dos y media de la tarde, ya salgo a vender. En la semana arranco más tarde, a las ocho o nueve, pero siempre salgo más o menos a la misma hora. El clima también influye mucho en la producción. Sí, totalmente. Cuando hace frío tenés que levantarte antes porque el leudado tarda más. Capaz arranco a las tres de la mañana. Cuando hace calor, la masa se leuda rápido y también tenés que cuidarte de que no se pase. Hay que ser muy cuidadosos, por eso creo que duramos tanto. Describime un domingo típico de trabajo Un domingo es levantarse a las cuatro de la mañana, producir con mucho calor, muchas horas, hasta las 12 del mediodía, y después salir a vender hasta la hora que sea. A veces volvés a casa a las ocho o nueve de la noche. Es muy cansador. No todos los días son iguales de buenos, pero igual hay que estar. Es un trabajo muy esforzado y sacrificado. Juan Manuel comentó que es lo más duro del oficio La constancia. La rutina te mata. Estás expuesto a todo: altas temperaturas, frío, lluvia, viento. Todo el factor climático lo absorbés vos. Y también en la producción, porque estás con mucho calor por la batea. No muchos aguantan este trabajo. Mucha gente dice que hacer churros es un arte, ¿cuál es el secreto? Sí, es un arte. Es muy complicado. Lleva pocos ingredientes, pero es difícil. Puede salir arrebatado, blando, chupar mucho aceite. Incluso después de 30 años te puede salir mal. A mí me ha pasado tener que tirar mercadería, porque yo no puedo vender algo que no esté bien. La calidad es todo. Continuó: No hay secreto. Es práctica. Mano. No muchos incursionan en el churro porque es complicado. La práctica es lo principal. En estos 30 años, ¿qué evolución hubo en el oficio? Antes se vendía más. Hoy se vende, pero es como una meseta. Igual creo que hubo una evolución positiva en el cuidado: la higiene, la presentación. Antes se veían cosas que hoy no se verían ni locos. En ese sentido está mejor. Agregó: por ponerte un ejemplo, antes se veía mucho que los chicos vendían y entregaban las rosquitas en cajas de espirales, hoy es imposible que se vea eso. Entonces el mayor cambio fue ese, la mejora de todo el proceso en cuanto a higiene, el uso de guantes, chaqueta, cofia, entrega en bolsitas limpias, servilletas y un utensilio para mover la producción. ¿Cuál fue tu mayor desafío y lo más gratificante en este recorrido? Aún seguimos trabajando, queremos poder tener un local fijo en la costanera. Hemos hecho pedidos, pero queda todo en veremos. Sería bueno tener un lugar establecido, trabajar en mejores condiciones, no estar tan expuestos al clima y también sumar algo para el turismo. Continuó diciendo: Lo más gratificante es volver a casa con el canasto vacío. Eso te levanta el ánimo. Poder mantener a la familia, vivir de esto. Y que la gente te elija, que te busque para comprarte. Eso es una caricia. ¿Qué consejo le darías a alguien que empieza en la venta ambulante? La constancia. Hay días malos, pero no hay que abandonar. Es cansador, pero sin constancia no se llega a ningún lado. ¿Volverías a elegir este oficio? Sí, lo volvería a elegir. La vida me llevó a esto. No era lo que soñaba, pero estoy bien. Tiene cosas malas como todo trabajo, pero también cosas muy lindas. No tengo jefe, manejo mis tiempos. Sin dudas lo volvería a elegir. Te invitamos a ver lo más destacado de la entrevista a través de los reels en redes sociales, buscános como @Despertarentrerriano.
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