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  • ¿Qué quiere Putin para detener la guerra?

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 30/11/2025 10:33

    Lo que Putin quiere es que con él y solo con él, EEUU negocie ahora las consecuencias del fin de la ex URSS Por un lado, ¿por qué se ha dilatado una guerra esencialmente estancada? ¿Por qué no ha apoyado con mayor entusiasmo ofertas muy favorables? Por el otro, ¿qué está esperando? ¿Qué quiere? A mi juicio, aunque se logre un acuerdo en los próximos días, este va a ser temporal, ya que las pretensiones de Putin van bastante más allá de un cese de fuego favorable. La realidad del campo de batalla es que Rusia ha tenido más bajas y que avanza lentamente, más en metros que kilómetros, sin embargo, está ganando y todavía tiene la capacidad, sola o con aliados, de reemplazar a los caídos. Lo es también que Ucrania lleva tiempo retrocediendo y simplemente no tiene hoy la capacidad de sustituirlos en el número necesario. Por lo tanto, la historia de las guerras demuestra que quienes van triunfando no quieren renunciar a lo ganado. Además, en el caso ruso, esa misma realidad nos muestra que no es una guerra que se inicia con la invasión de 2022, sino que en los territorios en cuestión se retrotrae al año 2014, ya que Rusia considera propias a Crimea y las provincias de Donetsk y Lugansk desde hace 11 años, es decir, en esencia, estamos hablando de los mismos lugares que hoy se le pide a Ucrania que renuncie a ellos. En otras palabras, Rusia ocupa más o menos el 20% de Ucrania, metros más o menos, el 80% de la reclamación del territorio que Moscú considera parte de la Rusia histórica. Y, si de realidades hablamos, todo indica que Rusia no está en condiciones de iniciar una nueva guerra, pero tampoco lo está Europa, en la etapa de irrelevancia creciente en la que se encuentra, en todo, además, que a pesar de lo que se dice, difícilmente quiera o pueda afrontar sola el enorme costo de la reconstrucción de Ucrania. Mas aún, dos tendencias europeas la hacen una realidad política cambiante: la islamización creciente de sus sociedades y al mismo tiempo, el fortalecimiento de la derecha populista que rechaza lo que está pasando, choque que anuncia que esa parte del mundo va a tener que preocuparse más de sus realidades internas que de la situación fuera de sus fronteras, incluyendo abordar una mala situación económica, hasta para Alemania. En Ucrania todo esto se manifiesta en el hecho de que el apoyo externo nunca le ha entregado las armas que le permitan ganar la guerra, solo desgastar a Rusia, país que está intentando imponer su voluntad, y aunque no ha sido capaz de ganar la guerra, todo indica que Ucrania la va perdiendo, por lo que por ahora, Trump tiene razón en la necesidad de un cese del fuego, ya que muere desde hace tiempo gente en ambos bandos, sin sentido alguno, con el agregado que tanto en Ucrania como en el Medio Oriente, por muchas críticas que reciba, la verdad es que las únicas propuestas de paz existentes, por lo tanto, las únicas sobre las cuales se conversa o se discrepa, son las que EE. UU. ha puesto sobre la mesa. Entonces ¿por qué Putin no quiere aprovechar este momento favorable? ¿Por qué le dijo no a Trump en Alaska? O ¿por qué incluso hoy, la actual y muy favorable propuesta de los 28 puntos, de los cuales al menos 10 son desfavorables a Ucrania, reciben un apoyo tibio, ya que solo serían una buena “base” para negociar? Y al buscar la respuesta a esta pregunta me encuentro con el fondo del problema, la razón por la cual Putin quiere algo más, y lo que quiere es aquello que probablemente EE. UU. no quiere entregar, quizás no puede, ya que significaría aceptar toda la versión rusa, la del mundo según Putin, una versión de la realidad donde cualquier pretensión de encubrir lo hecho al invadir al vecino no oculta que no fue distinto a lo que hizo Saddam Hussein en 1990, también argumentando la historia, que en el pasado Kuwait había sido una provincia de Irak en algún momento. Putin y Trump mantuvieron una reunión el pasado 15 de agosto en Alaska (REUTERS/Kevin Lamarque) En lo personal, llevo un cuarto de siglo leyendo a Putin, y en general, aunque discrepe de lo que dice, tiendo a creerle que va a hacer lo que anuncia y anticipa. Y si hay un punto donde siempre ha repetido lo mismo, es que el quiebre de la URSS fue una “catástrofe geopolítica” y que su caída fue tan rápida que no hubo tiempo de cerrar ese capítulo de la historia en forma ordenada, algo por lo demás que también figura en las memorias de Gorbachov, quien, siendo tan distinto en todo a Putin, también aseguró antes de morir, algo probablemente cierto, pero que hoy parece ciencia ficción, que también se conversó la posibilidad de integrar a la ex URSS a Europa. Además, Gorbachov insistió que, al disolverse la URSS con su renuncia del 25 de diciembre de 1991, lo hizo convencido de que la OTAN no se expandiría al este hacia las fronteras de Rusia, hecho que también estuvo presente en el alegato de Kissinger que EE. UU. no debería sancionar con severidad a Rusia por su ocupación de Crimea. Como por lo demás esas promesas han sido negadas una y otra vez por quienes participaron en EE. UU. de esas negociaciones, la pregunta es ¿qué tiene ello que ver con las razones de Putin para invadir a Ucrania y con las dificultades que ha puesto para un simple cese del fuego? La verdad es que mucho, y ello va más allá del hecho comprobado que normalmente los ceses del fuego, sean en Corea o el Medio Oriente, tienden a transformarse en fronteras definitivas, que necesitarían de otra(s) guerra(s) para su modificación, ya que lo que hace Putin es repetir lo mismo que ha dicho desde que llegó al poder, después de la renuncia de Boris Yeltsin el 31 de diciembre de 1999. Putin dice que el fin de la URSS fue tan súbito, tan repentino, que no hubo tiempo de acordar las fronteras, incubándose a su interior una situación donde minorías rusas y de habla rusa fueron perjudicadas en sus derechos, y responsabilizadas en los nuevos países por la represión de la URSS, creándose además situaciones que “obligarían” a Rusia a intervenir como garante del bienestar y derechos de esas poblaciones. Es lo que habría estado detrás de conflictos actuales como en Moldavia y lo estuvieron detrás de las invasiones a Georgia (2008) y a Ucrania (2022), además de otros conflictos que no tienen la matriz rusa, pero sí tienen en común el hecho de la falta de una delimitación fronteriza adecuada, como es el caso de Nagorno-Karabaj, que desde los 90 ha ocasionado varias guerras entre Armenia y Azerbaiyán. En términos históricos, la caída de la URSS fue el fin de un imperio, equivalente a lo que fue el fin del imperio español con sus divisiones administrativas de virreinatos y capitanías generales originando nuevos países y guerras fronterizas en el siglo XIX, algo parecido a lo que Putin ve en 15 nuevas (y viejas) naciones que surgieron de las 15 repúblicas que conformaban la URSS, similitud que también se encuentra en los conflictos del Medio Oriente que tienen su origen en el fin del imperio otomano. En otras palabras, lo que Putin quiere es que con él y solo con él, EE. UU. negocie ahora las consecuencias del fin de la ex URSS, sin considerar al mismo nivel a las otras repúblicas. Es algo que está presente en toda su gestión, que, a pesar del transcurso del tiempo, no se aprecia hoy ningún desafío interno que sea significativo. Creo que está detrás de su afirmación que el fin de la URSS fue una “catástrofe” no porque tenga nostalgia del comunismo, tanto que lo que sobrevivió del antiguo Partido Comunista es su rival electoral en política interna. Putin se considera heredero de la Rusia histórica (REUTERS/Vladimir Pirogov) Lo de Putin es otra cosa. No creo que se considere sucesor de Brezhnev y menos de Gorbachov, a quien desprecia. De quien se considera heredero Putin al igual que Aleksandr Solzhenitsyn es de la Rusia histórica, la madre Rusia, más de los zares que de ninguna otra etapa histórica, una mezcla entre Pedro el Modernizador e Iván el Terrible, ambos autócratas. Desde otro punto de vista, la desaparición de la URSS fue no solo un cambio político de importancia histórica, sino también el fin de un imperio, ya que algunas políticas zaristas tienen tanta continuidad con Putin, que es imposible no ver a la URSS como la forma política que adoptó el imperio bajo el comunismo, así es hasta hoy la continuidad rusa en la defensa y la expansión territorial, desde los zares hasta hoy. Es eso y no otra cosa lo que quiere que le reconozcan Putin, aunque no hay indicación alguna que EE. UU. quiera hacerlo, ya que en el fondo sería repetir lo que ocurrió al fin de la Segunda Guerra Mundial en Yalta entre Churchill, Stalin y Roosevelt. Sin embargo, el imperio británico ya desapareció, aunque si se da la posibilidad, Putin parece pensar que es un buen momento para la negociación con Washington, ya que lo que Trump estaría haciendo es desmontar en lo económico y político el tipo de acuerdos que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial, imponiéndoles a aliados el nuevo escenario, para enfrentar de mejor manera, el conflicto inevitable con una China que quiere reemplazarlo como la gran potencia mundial del siglo XXI. El problema que no considera Putin es que la Rusia de hoy, no tiene el poder de la URSS que salió de la Segunda Guerra Mundial, demostrado por su desempeño militar en Ucrania, donde no ha logrado la fácil victoria que esperaba. Es por ello, que puedo creer las informaciones sobre la intervención o influencia rusa en otros países, y al mismo tiempo discrepar de sus efectos reales o su importancia, como ha quedado demostrado por ejemplo en el descrédito total de la llamada “trama rusa” o que Putin habría decidido la elección de 2016 a favor de Trump, visión equivocada, que por lo demás, influyó en muchas decisiones tomadas por Biden. Putin es un autócrata, ningún ejemplo de democracia como parecen creer sus admiradores, como también es cierto que su apoyo en Rusia no se explica sin el colapso y empobrecimiento de la mayoría que significó el derrumbe de la ex URSS, que a su vez ayuda a entender por qué en Rusia no hay ni ha habido una alternativa liberal o democrática, ya que el solo nombre quedó manchado en los años de Yeltsin. En estos años ha aprendido también que a Putin hay que creerle lo que anuncia, personalmente o a través de aquellos pocos portavoces autorizados a hablar por él. Putin es consistente como lo es que también tiene una ideología, que sigue a algunos filósofos a los cuales honra cada vez que puede, y también tiene generales favoritos como Guerásimov, a través de cuyos escritos se puede entender mejor éxitos y fracasos tanto en invasiones masivas como en guerras híbridas, tal como se dio en la toma de Crimea a través de los llamados “hombres de verde”. ¿Podría ganar algo EE. UU. negociando con Putin en los términos que él quiere? La verdad es que el desempeño militar de Ucrania ha sido bueno, considerando que realmente nunca ha podido ganar ni ha recibido el apoyo para ello, y si alguna derrota ha habido ha sido de la OTAN, que recordemos se ha autolimitado en el apoyo a Kiev, y en lo militar, ya que se ha asustado con la amenaza rusa de usar armamento nuclear en forma táctica, limitada, en el campo de batalla, si es que percibe que podría perder. Sin embargo, la verdad es que no tenemos por delante una negociación tipo Yalta, y contrario a lo que podría pensar Putin, tampoco existe la posibilidad de una nueva negociación como la Détente de los 70. La verdad es que lo único que se podría discutir es algo que nunca ha existido antes y que fue una de las peores consecuencias de esta guerra para EE. UU., la alianza de Rusia con China, con el Kremlin como socio menor, y que ha actuado sistemáticamente en contra de los intereses de Washington, y que como relación estrecha es una novedad, ya que no existió ni siquiera bajo el comunismo. Sin embargo, no se ve que sea hoy posible ni que esté en los cálculos de Washington, a no ser que EE. UU. recupere una gran confianza en sí misma si logra una buena negociación económica con China, y como potencia obtiene impulso si establece superioridad en Inteligencia Artificial y un dominio semejante al que logró en los 90 en computación y la internet, cuando muchos apostaban por el hoy débil Japón. Sin embargo, no hay que descartarlo del todo por mucho que se piense que hoy no se dan las condiciones para tal negociación, toda vez que el gobierno de Trump aparece con frecuencia con propuestas inesperadas y utiliza para ello a asesores especiales, amigos en los cuales confía. Es una forma de actuar que tiene críticos, pero también ha obtenido resultados en negociaciones donde le ha ido mal a los profesionales de las relaciones internacionales, pero también por la misma razón, han fracasado tantas veces como han tenido éxito. Se llame paz, cese del fuego u otro nombre, el tema es detener las muertes sin sentido, una guerra empantanada, pero donde todos los días llegan ataques rusos que matan civiles ucranianos para los cuales Kiev no tiene defensa real. Es verdad que no ha habido siempre agradecimientos desde Ucrania, ya que en general, Zelensky se ha visto presionado a agradecer cuando Trump se lo reprocha públicamente. Mi impresión es que todavía es popular en Ucrania la idea que quizás la invasión no se hubiera concretado, si EE. UU. y el Reino Unido no hubiesen obligado a entregar las armas nucleares que el colapso de la URSS dejó en su territorio. En lo que presenciamos se repite el hecho que es más fácil imponer un acuerdo al que va perdiendo y no al que va ganando una guerra, y aunque la propuesta es mala para Ucrania ya que incorpora cesión de territorios y prohibición de ingreso a la OTAN, todo indica que la propuesta futura puede ser peor, por mucho que se diga que todo acuerdo deberá contar con el acuerdo de Kiev, ya que también existe la posibilidad del colapso bélico, además que se dificulta la aceptación por otros dos motivos internos, primero, la existencia de prohibiciones constitucionales que además obligan al menos a un plebiscito. Segundo, tanto o más importante, es el hecho que Zelensky tiene por delante una elección que hoy la perdería contra el mismo rival que según las encuestas hubiese ganado el año pasado en la oportunidad debida. Al parecer, más poderoso que la propia guerra para no tenerla fue ese hecho y persona, tratándose del actual embajador en el Reino Unido, el ex comandante en jefe de las fuerzas armadas, Valerii Zaluzhnyi, quien todavía siente que fue injusto que se le haya responsabilizado del fracaso de la contraofensiva de 2023, la que los ha tenido desde entonces a la defensiva, pero, sin embargo, el general conserva el prestigio de haber sido quien detuvo el avance ruso sobre Kiev y estuvo detrás de un desempeño militar superior a lo por todos esperado. Zelensky se ha visto presionado a agradecer la ayuda de EEUU cuando Trump se lo reprocha públicamente (Foto AP/Mystyslav Chernov, archivo) Ahora, Putin acepta algo a lo que siempre antes dijo que no, a lo que hay que agregar que es una aceptación sin entusiasmo y con un condicionante, ya que, si uno lee exactamente lo que se ha dicho, se le considera más que un sí definitivo, tan solo una “base” para iniciar negociaciones. Lo que parece estar diciendo y que a mi juicio ratifica su idea de una negociación más de fondo, aunque sea en el futuro, es que, según los rusos, la crisis de los misiles de Cuba y la Détente habrían dejado en claro el hecho que ninguna potencia atómica (y Rusia se autocalifica de tal) acepta una guerra en su vecindad, a no ser que ella la inicie o la provoque, que fue exactamente lo que se hizo al invadir. Esta guerra nunca debió haberse iniciado, en eso, al menos tiene razón Trump, aunque no creo que él la hubiera evitado, a no ser que se aceptara lo que creo que es todavía la motivación de Putin para una gran negociación, además que se esperaba que al igual que en 2014, Rusia encontrara escasa resistencia. Lo que sí se pudo haber logrado EE. UU. es que se hubiera negociado a tiempo el tema de la minoría rusa en Ucrania, cuyos derechos fueron efectivamente violentados, o algo que solo Washington pudo haber impuesto, el respeto a los Acuerdos de Minsk, donde tanto el I como el II trataron de darle solución al conflicto que todavía se mantiene en el Donbás, oportunidades desaprovechadas, ya que ambos contendientes incumplieron sus compromisos. Una vez iniciada la guerra, solo la mediación de Turquía pudo en Estambul haberla detenido en abril de 2022, ya que Ucrania pareció al principio haber aceptado lo de Crimea en 2014, además que entonces todavía había miedo con un poder militar ruso que estos años han demostrado que era una exageración. Hoy, no se ve alternativa alguna para detener la guerra que no sea la propuesta de EE. UU. retoques más o menos, y no se ve otro país que hoy tenga el poder y la voluntad para que sea vinculante para ambas partes, se mantenga o no el Consejo de Paz encargado de supervisar su implementación, presidido al igual que en la propuesta para el Medio Oriente por el propio Trump, quizás porque se piensa que es el único país que podría hacerlo, aunque la verdad es que hasta ahora ni el propio EE. UU. lo ha hecho, es decir, imponer sanciones al que las viola. Máster y PhD en Ciencia Política (U. de Essex), Licenciado en Derecho (U. de Barcelona), Abogado (U. de Chile), Excandidato presidencial (Chile, 2013)

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