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  • Memoria Frágil: La Hendija, ese espacio cultural ideado en un taller

    Parana » AnalisisDigital

    Fecha: 30/11/2025 00:35

    Hay centros culturales que nacen por necesidad institucional, por planificación estatal o por el impulso de una época. Y hay otros -muy pocos- que surgen de un gesto íntimo, de una convicción personal que luego se vuelve colectiva. El Centro Cultural La Hendija pertenece a esta segunda estirpe: la de los lugares que existen porque antes fueron soñados. Allí donde alguna vez funcionó el Taller Autorrector de la familia Salzman, con su olor a aceite y metal, comenzó a latir en 1989 un espacio que entendió a la cultura como un acto de reparación. Fue Armando Salzman quien, desafiando expectativas y renunciando al rédito fácil, propuso transformar ese galpón en un territorio donde la belleza y la democracia pudieran habitar sin permisos ni intermediarios. El programa “Memoria Frágil” reconstruye esa historia con las voces que mejor pueden contarla: las de quienes vivieron el proceso desde adentro y de quienes mantienen un vínculo de pertenencia. Armando Salzman, Carlos Esteban Fernández, Elba “Eli” Palacios, Gustavo Morales, Laura Martincich, Silvina Fontelles y Rubén Clavenzani componen un coro que no solo evoca anécdotas, sino que agradece. Agradecen la persistencia, la apertura, la obstinación creadora. Agradecen que, en una época de desconfianza y fragilidad democrática, La Hendija eligiera ser un refugio para el arte y no un negocio inmobiliario. Esa decisión fundacional marcó su esencia. En La Hendija, la cultura nunca fue una actividad decorativa: fue un compromiso. Desde sus primeras funciones hasta su consolidación como uno de los espacios independientes más relevantes de Entre Ríos, el centro cultural mantuvo una premisa inalterable: que el arte no solo entretiene, sino que sostiene; que no solo representa, sino que transforma. Por eso la cuidaron como se cuida un fuego en invierno: con manos múltiples, con trabajo diario, con la certeza de que, si se apaga, se pierde más que un edificio. Las salas del centro cultural -cada una con su vida propia, cada una con su ritual- operan como órganos de un cuerpo mayor. Teatro, música, danza, cine, exposiciones, radio, editorial: cada disciplina encontró su casa, y cada creador, su lugar. Allí se ensayó cuando no había apoyos, se proyectó cine cuando ya no quedaban salas en la ciudad, se montaron festivales internacionales en medio de contextos adversos. La Hendija resistió, no desde la dureza, sino desde la sensibilidad: su arma más efectiva fue siempre la idea y la palabra, la imagen y el abrazo que convoca. Ese impulso la convirtió también en un puente generacional. Pasaron por sus salas jóvenes que buscaban un primer escenario y maestros que encontraban allí la continuidad de su obra. Circuló el pensamiento crítico, sin filtros ni solemnidades, como si el propio espacio habilitara una conversación más franca y menos temerosa. La Hendija es, en definitiva, un recordatorio: la cultura no florece sola. Necesita suelo fértil, paredes que resguarden, voces que la impulsen. Y, sobre todo, necesita voluntad política y comunitaria para existir. Por eso, su historia es más que una cronología de actividades; es una pedagogía del compromiso. Una prueba de que, aun en tiempos turbulentos, siempre hay quienes apuestan por la luz que entra -apenas, obstinada- por una rendija. La Hendija, ese espacio cultural ideado en un taller Hay lugares que no nacen de un plano, sino de una intuición profunda: la de saber que la belleza también necesita techo, que la libertad requiere un ámbito para respirarse. Así nació el Centro Cultural La Hendija, aquel 22 de abril de 1989, en el viejo taller de la familia Salzman. Donde antes rugían motores y giraban las herramientas del recordado Taller Autorrector, empezó a gestarse otro pulso: el del arte, esa máquina silenciosa capaz de rectificar almas. Armando Salzman “Este lugar es el lugar donde yo nací, me crié. Nací acá en Gualeguaychú 163, en un departamento que un tío mío -que había sido el fundador del taller de rectificaciones-, le hizo a mi papá y a mi mamá para que pudieran vivir cuando se casaron. En ese departamento nací yo y… bueno… es el barrio en el que me crié, fui a la Escuela Belgrano, que está acá a la vuelta; compartíamos el adoquín de calle Gualeguaychú, las inundaciones en aquella época también de la calle. Y después que vuelvo a Paraná, estuve unos cuantos años afuera de la ciudad, estuve trabajando como ingeniero en Buenos Aires y en Diamante… cuando vuelvo a Paraná, porque mi padre ya estaba un poco cansado y un poco grande, teníamos esto que era un taller de rectificaciones a 2 cuadras de la Plaza Mayo, y era muy difícil trabajar… parar un camión, bajar un motor, era muy complicado. Entonces, tomamos la decisión de sacar el taller de acá y llevarlo afuera. Mi madre usó sus ahorros de toda la vida de escribana para comprar un par de galpones en calle Ayacucho y quedó esto desocupado. Y un día le dije a mi viejo: mirá, si a vos te parece, si no lo querés vender, si no necesitas la plata, de a poquito y sin apuro me gustaría transformarlo en un centro cultural. Elba Palacios “Y Armando le dice a su papá -cuando nos mudamos- yo quiero hacer un teatro, en la sala que ahora le llamamos la Sala 1, donde funcionaba el taller de rectificación. Y, a partir de esa fecha, fue que se empezó a construir La Hendija… que siempre digo: no es que la construyó una gran empresa, sino que fue un operario, un albañil que vino del campo, un compañero nuestro de trabajo que en los ratos que no trabajaba, venía a trabajar a La Hendija. De ahí fue que el 21 abril de 1989 se inauguró la Sala 1, esto que era un bar y ahora es un aula taller… y… bueno… y ahí empezó a funcionar. Y yo en ese momento seguía trabajando, por supuesto, en el taller de rectificaciones”. Rubén Clavenzani “Con La Hendija ni bien se abrió… Primero, por comentarios de vínculos familiares y, bueno, y en ese momento yo estaba con Ricardo Leguízamo, estábamos trabajando en un programa humorístico de radio que él había generado, una revista “La Escoba” que también había generado con un equipo de gente, y me dicen: ´Che, van a abrir un centro cultural´… Bueno… pasó el tiempo, ahí estuvimos. Él estrena. Yo le hacía una asistencia de dirección en ese momento, y convocábamos a muchas personalidades de la revista ´La Escoba´, que hacíamos entrevistas en La Hendija. Y, claro, parecía un sueño porque esto arranca en un período en el que el país estaba estallado, ¿no? Una inflación galopante, había por cuadra 20 ´arbolitos´ ofreciendo dólares… una inflación enorme. Entonces decían, ¿pero por qué no ponen una mesa de dinero? ¡Un centro cultural a esta altura de los acontecimientos! Eso no va a funcionar. Eso va a durar 2 meses, ¿no? Y, bueno… cuando empezamos a involucrarnos a través de propuestas. Armando (Salzman) siempre fue una persona… te decía recién, es la antítesis de la hipocresía. Armando te dice si le gusta o no le gusta, es un tipo muy franco, muy formado, aparte, en todo sentido. Y, realmente, fueron unos años de mucha producción. Y es un centro cultural que arrancó ya vinculándose con todas las artes, no solo con el teatro, con la música, con la danza, con las artes visuales, con la radio, el arte radiofónico, el lenguaje radiofónico, por los vínculos de programas que hemos hecho, ´Pasen y vean´, con un equipo formidable de gente; con el cine, porque imagínate que en el año ´90 fue el único lugar que Paraná tenía donde se podía ver cine en 35 milímetros”. La decisión de transformar el espacio no fue un gesto práctico. Fue, más bien, un acto de renunciamiento. Allí donde la lógica del mercado imaginaba una torre de edificio, Armando Salzman le propuso a su padre otro destino: construir un lugar para que la democracia, la cultura y la educación no fueran apenas palabras, sino experiencias vivas. Respetaron cada adoquín, como si la memoria misma sostuviera los cimientos. Porque La Hendija no es un edificio: es un territorio donde el espíritu y la razón juegan a reconocerse. Un hogar para la cultura entrerriana y, en verdad, para cualquier cultura que busque un abrazo, donde el arte encuentra su expansión y la ternura que multiplica. Armando Salzman “Las maderitas que ustedes ven acá en la sala y las que sirvieron para la acústica eran de los viejos fabricantes de ladrillos que estaban en Bajada Grande y que se usaban para separar el adobe en capas para que no se pegaran; las butacas de la Sala 1 -de nuestra primera sala- eran de un cine de Santa Fe -el “General Paz”- que cerró; cortinas que provenían de negocios de artículos del hogar y otros negocios que se renovaban y así, todo. Y mucho también de propiedades de la ciudad que se fueron demoliendo y a las cuales íbamos a los remates… porque esto duró varios años. Nosotros arrancamos en el ´83 y La Hendija se inaugura en el ´89. O sea, durante 6 años estuvimos trabajando en lo que después llamamos la Sala 1, que es la sala con butacas. Mientras, en la Sala 2, que era una especie de depósito, ya se vivía un clima de centro cultural, porque entre los escombros hubo un grupo de artistas plásticos, donde estaba Carlitos Asiain, Guillermo Hennekens, Gabriel Bellman y Juan Gerardo Zapata, que lo utilizaron todos esos años como un atelier. Así que había una permanente circulación de gente que empezó a darse cuenta que iba en serio esto de generar un centro cultural independiente en Paraná. Y así llegamos al ´89, donde inauguramos en una noche en que simplemente abrimos las puertas y sorpresivamente llegaron cerca de 2.000 personas que nunca supimos ni de dónde salieron ni quién les había avisado. Parecía un efecto de película norteamericana. La gente llegaba y llegaba y simplemente recorría el lugar, era una novedad. Y me parece que esa novedad estaba en relación a un aire de libertad, a un aire de época, de buscar la posibilidad de hacer las cosas en forma independiente, en forma autogestionaria, que fue siempre lo que nos caracterizó y que hoy está totalmente fuera de época, ¿no? El camino es difícil… el camino autogestionario es complicado. Privilegia muchas veces el deseo sobre las posibilidades, entonces muchas veces esos deseos se frustran. Pero, bueno la idea nuestra fue siempre esa… insistir en el deseo y cuando ese deseo se logra juntar con el plano del trabajo se produce lo que nosotros llamamos la magia ¿no? Y se produce el espectáculo”. Carlos Esteban Fernández “Para mí La Hendija fue un antes y un después en mi vida. Si bien yo venía estudiando teatro y haciendo cosas acá y en Buenos Aires… Bueno, estudié en la Escuela de Música y Arte Escénico, después egresé de la Alianza Francesa. En esos años teníamos muchas ganas de hacer cosas… y me entero por un artista plástico, un conocido, “Tati” Zapata, que me invitaba a venir acá, a una reunión que se iba a hacer… pero, era previo a la gran inauguración que tuvo La Hendija (…) Eso fue en el año ´89. Sí, La Hendija se inaugura en abril… quizás fines del ´88 habrá sido esto que estoy contando ahora. Y bueno, vengo y me encuentro con personajes maravillosos como Stella Berduc, por ejemplo, que estuvo recitando unos poemas. Bueno había gente de teatro, hasta los mismos albañiles que estaban trabajando en ese momento acá y me pareció un lugar mágico y eso que estaba en construcción todavía. Y en un momento… bueno… me voy metiendo a la sala que era todo oscuro… el escenario era todavía de cemento, me acuerdo; y me trepo a las gradas porque eran tablones aún, no tenía butacas ni mucho menos. Me pareció maravilloso… me pareció… y bueno Armando Salzman en ese momento cuando se hace la gran inauguración, yo siempre siento como que alguien abría un patio de juegos… y acá hicimos… bueno… empezamos a hacer muchas obras… acá dirigí mi primera obra, hicimos talleres maravillosos de distintas técnicas. Lo trajimos a Lito Cruz, por ejemplo, a Franklin Caicedo. Eran personas gigantes para nosotros que por ahí no teníamos acceso a viajar a Buenos Aires y todo eso… y La Hendija nos facilitó todo ese aprendizaje y nos acercó a personas que trajeron sus obras, también unipersonales como bueno… personas de renombre, digamos”. Laura Martincich “La Hendija, a ver, desde que yo estoy y desde que entré, digamos, a este lugar y a este pasillo, ha sido un oasis, por decirlo de alguna manera. Un espacio de mucha creatividad, de mucha exploración y de libertad también… donde -la verdad- que muchas… por lo menos, cuando empecé a transitar, lo que fue aproximadamente en el año 2006, teníamos un lugar donde estar, donde proponer. Soy comunicadora social, entonces, también era para nosotros un lugar donde hacer experiencia, ¿no? Y donde sentí siempre algo que vos mencionabas por ahí, la cuestión del espíritu, ¿no? Que tiene que ver con eso, que tenía que ver con abrir el espíritu y que el espíritu también se sintiera como -de alguna manera-, más libre, ¿no?”. Silvina Fontelles “Y una sensación hermosa de años jóvenes y de mucha felicidad. De un encuentro con algo que una ama profundamente, como son los hechos culturales, y la preponderancia en los ´90… ya en el inicio casi de La Hendija, pasamos momentos de esa felicidad plenamente con exposiciones, con charlas… con largas charlas, con bares, con gente riéndose y disfrutando cada paso de lo que pasaba acá y de lo que pasaba afuera”. Su historia, independiente desde el origen, tiene la consistencia de los mitos: resistencia en tiempos duros, creatividad como bandera, aprendizaje constante y, sobre todo, el encuentro. Aquí las ideas no se chocan: se abrazan, circulan y se multiplican. Las salas de La Hendija son como órganos de un mismo cuerpo. Desde ellas nacen voces teatrales, imágenes de cine, pulsos de música, gestos de danza, exposiciones que interpelan, diálogos de radio y la palabra escrita de una editorial que es faro y vigía. Rubén Clavenzani “Y realmente llegó un momento en que era como una garantía entrar a La Hendija. Y muchos grupos, en lo personal, yo tuve la dicha de poder llevar, no solo actuar, pasar horas y horas de mi vida, porque no eran solo… tuve dos largas puestas como actor: ´Encerrados en libertad´, de Ricardo Leguízamo, y ´Un puente demasiado lejos´ con el Clan Dayub, casi en toda su dimensión. Coprotagonizábamos con Laura, con ´Laurita´, con Isaac, Jorge Isaac, con Raúl Dayub, que había hecho el texto… y estuvimos meses de temporada. Y teníamos a un celoso referente crítico que era don Salzman, el papá de Armando, que iba muchas veces con su señora, a veces iba solo… entonces: ´Che, hoy no me gustó cómo estuviste. El sábado pasado estuvo bien, pero hoy no se te escuchó´. El viejo era realmente una persona adorable… mentor, por supuesto, no podemos dejar de nombrar al matrimonio Salzman, por supuesto a Armando. Y fueron momentos realmente donde se contaba con un espacio de auto y cogestión muy fuerte, que yo nunca escuché que se le haya cerrado las puertas a nadie. Realmente fue un espacio abierto donde uno se podía expresar. Después, cuando se inauguró la segunda sala, que estuvo -me acuerdo-, Mauricio Dayub, Miguel Ángel Solá -vía video- que también manifestó ´en estos tiempos cómo nos ponen un supermercado, o sea, realmente suena muy raro´ … Bueno… y era un momento en donde había actrices y actores y artistas referentes de la escena nacional que pasaron por La Hendija, ¿no? Como te nombré recién tantos y realmente era ir a La Hendija a ver ´algo´, un buen espectáculo. Y pude ir con el equipo teatral Caranday de Maciá, he ido con cantidad de espectáculos para la infancia, para adultos, con los elencos de Crespo, con el grupo Juanele… en fin… en una oportunidad con espectáculos… presentaciones de libros. Adolfo (Argentino) Golz presentó uno de sus libros que lo editó La Editorial La Hendija… ya estamos hablando de un tiempo más reciente, que lo presentamos teatralmente. Además de otros formatos que ofrecimos para esa puesta, para esa presentación. Y, realmente, cuando uno se pone a sumar horas, es enorme, ¿no? … En ´Un puente demasiado lejos´, que es una versión, lamentablemente no pudo venir (Roberto) ´El Negro´ Fontanarrosa, que estaba muy entusiasmado por, sobre todo, por el programa que había diseñado y dibujado Alfredo Godoy Wilson”. Gustavo Morales “La originalidad de este lugar es que convivimos distintos lenguajes artísticos. Ahí tenemos un espacio que es una sala que nosotros les llamamos la Sala 2, que es un espacio multipropósito que se puede usar como un espacio de formación. Y ahí, durante la semana se dan talleres de acrobacia, tenemos la Sala del Cine y del Teatro y… bueno…, el estudio de la radio; y arriba tenemos un atelier también de formación en artes plásticas, que lo vamos a inaugurar este año. Así que, bueno, todos los participantes de aquí, evidentemente, tenemos que convivir con las distintas áreas porque por ahí estamos dando una clase de fotografía, por ejemplo, y pasan las chicas de acrobacia y después termina eso y esto se convierte en una sala de ensayo y después, una sala de reuniones y así permanentemente. Esto es como una fábrica de memorias, porque cada artista que participa en este lugar genera su propia historia y su propia cosa y se desarrolla aquí. El espacio es abierto, participativo, realmente plural y diverso en todo el sentido de la palabra. Por otro lado, también, nosotros siempre desarrollamos todas estas actividades con tres ´patitas´, digamos, que es la producción, la formación y la difusión. Entonces, pensando en esas tres patas, nosotros podemos desarrollar cualquier tipo de actividad artística”. Elba Palacios “Como todo, La Hendija comenzó siendo un Centro Cultural… una sala que venía a dar un poco de aire después de tantas cosas que habíamos pasado por la falta de la democracia. Por eso el nombre de La Hendija… Y, bueno, se empezó a funcionar, pero había que darle una cuestión legal al lugar, ¿no? Y, después de mucho andar y consultar, se decidió que sea una fundación. Los cuales los fundadores eran los dueños del lugar, que siempre digo que don Samuel Salzman fue muy generoso al donar… por 99 años semejante edificio a la fundación. Porque, cuando se enteraron que nos mudábamos como negocio, propusieron hacer edificios, y él ya le había dado la palabra a su hijo que iba a ser un Centro Cultural… Bueno, volviendo al tema legal, se decide hacerme una fundación. Fueron varios los socios fundadores, por supuesto… fue la familia Salzman, que ahora el que queda es Armando, y otros amigos de él, que fueron los que formaron la fundación. En ese momento era colaboradora nomás. Ahora sí, desde hace muchos años soy la tesorera de la fundación. Y dentro de esa fundación, funciona el Centro Cultural… funcionó el cine mucho tiempo, la radio, que también funcionó, aunque menos tiempo, y ahora lo que funciona dentro de ese marco es la Editorial La Hendija. Todo es en la parte legal. Por supuesto, que nosotros después de andar mucho, estamos en orden con todo lo que sea impuestos… todos saben que pagamos la luz más cara del lugar… teníamos excepción de Impuesto Inmobiliario Municipal y Provincial, y en la pandemia se terminó con todo eso. O sea, que nos cuesta bastante mantener el espacio físicamente”. Armando Salzman “El nombre surge justamente en relación a esto que les estaba contando del grupo de pintores que trabajaba entre los escombros, ahí … en lo que ahora es la Sala 2, que en esa época era un depósito. Porque muchas noches cuando yo salía del trabajo y con otros compañeros veníamos a seguir trabajando acá en la Sala, por ahí teníamos materiales para leer o para discutir, eso era parte del del proyecto ¿no? Y una noche leyendo unas historias de la Segunda Guerra Mundial hablaban de los famosos trenes que llevaban a los prisioneros a los campos de concentración; y cómo ellos intentaban abrir en esos trenes hendijas para que, entre el aire fresco de afuera, aunque supieran que iban al matadero ¿no? Y fue “Tati” Zapata el que dijo, bueno, mirá, eso es lo que nosotros estamos haciendo. Estamos abriendo hendijas, más allá de que el camino… no nos olvidemos que era la época de Menem, estaba todo bastante complicado para la cultura; en Paraná habían desaparecido todos los talleres culturales, lo único que quedaba era computación e inglés… de manera que en ese ambiente nosotros abríamos “hendijas” para el arte, y así quedó y dijimos, eso es lo que estamos haciendo: abriendo una hendija”. Laura Martincich “La Hendija tiene esta potencialidad que tiene que ver justamente con la gran cantidad de disciplinas y de artistas que han transitado estos pasillos y que los siguen transitando de las artes plásticas, teatreros de toda la ciudad y de, incluso, del país… gente que ha experimentado y que también ha trabajado en radio cuando estuvo la radio; gente que ha transitado el cine, que no nos olvidemos que también el cine fue un punto muy fuerte de lo que es La Hendija hoy. Y que todo eso, bueno, ahora también con el desarrollo de la Editorial ya hace más de 15 años. Entonces, todo eso condensa, yo creo, como un núcleo en este centro de la ciudad que… bueno… que, justamente, permite conocer una gran variedad de experiencias, de propuestas, y que también permite que participen, ¿no? artistas, profesionales, personas que, quizás, quieren explorar un poco algunas disciplinas que puedan tener un espacio donde hacerlo”. Rubén Clavenzani “En ese momento recuerdo que falleció don Salzman (padre) y teníamos función, teníamos todo vendido… y dice, no, el viejo estaría ¡ni hablar! No suspendan, se hace en homenaje a él, ¿no? Por supuesto, como él lo hubiese querido, ni dudarlo. Fue en el año 2001… ¿2000 o 2001? Y uno se pone a pensar la cantidad de horas… de horas de trabajo, de lo que se muestra, pero cuando uno muestra una hora y media de producción, atrás hay cientos de horas, ¿no? Y cantidad de personas con las que te relacionaste, con las que pegaste onda… hubo empatía, hubo discordia, hubo desencuentros, por supuesto, como en todo hecho creativo, ¿no? Como en toda sociedad humana. Y tanta la gente que tuvimos la posibilidad y que el público de Paraná tuvo la posibilidad de conocer, porque era esa cosa de que se terminaba la función y los artistas se quedaban a charlar, a deliberar, a saludar… en fin”. Cada espacio cultural es una puerta hacia un lenguaje. Cada lenguaje, una invitación a ensanchar la mirada. En la multiplicidad de sus expresiones está su pluralidad y en su pluralidad, su singularidad. Por eso, La Hendija es también puente entre generaciones. Un ámbito donde el tiempo no divide, sino que conversa. Su compromiso con la cultura es un pacto innegociable, una luz que ilumina sin encandilar, un faro cuya claridad es guía y no soberbia. Silvina Fontelles “Bueno, significa un lugar donde uno puede crear, donde uno puede dialogar permanentemente con lo que va haciendo y presentarlo según y conforme en qué aspecto esté en ese momento al beneplácito, a que la gente lo disfrute. Fundamentalmente, es un espacio para que se trabaje las cuestiones culturales esencialmente, los procesos creativos de cada uno (…) Sí, fundamentalmente, yo creo que tanto el Estado es el -digamos- entre comillas, “el primer responsable de las políticas culturales”. Siempre es una buena oxigenación que los lugares hoy podría llamarse privados, pero también se pueden llamar profundamente independientes, tratan de poner otras voces o interponer o intercalar voces conjuntamente con los lenguajes del Estado. Es fundamental que existan lugares independientes para que la gente pueda ver esas cuestiones de intercambio, no de competencia”. Armando Salzman “El planteo del diálogo entre lo público y lo privado es un desafío muy grande, muy difícil. Y, para nosotros, en la enorme mayoría del tiempo que estamos con este lugar abierto, nos ha sido no digo imposible, pero sí que lo hemos dejado de lado, por el esfuerzo que significa y porque en este país por lo menos -no sé en otro- en este país está siempre ligado como a la fidelidad y la pertenencia a determinada idea política o no política, pero determinada idea que en ese momento esté en el poder. O sea, si yo dialogo con vos y yo me siento en una mesa y coordinamos un trabajo en conjunto, parecería que hay una cierta fidelidad que guardar a esa persona que se sentó en la mesa. ¿Por qué? Porque está la idea equivocada de que, si yo estoy en el poder y me siento con vos, entonces esta idea tuya no me pertenece… pero casi, porque te la estoy facilitando ¿entendés? Y eso no sucede en otras partes, en otras culturas. Cuando nosotros recién empezábamos con La Hendija, a los pocos años… recuerdo que trajimos una exposición de un pintor holandés, fue un episodio muy interesante. Y la embajada mandó a una soprano que era muy conocida, (Judith) Mok, a hacer un recital a La Hendija junto con una mesosoprano argentina, Susanna Moncayo, que fue un gran espectáculo. Junto con ellas vino la gente responsable de la Embajada de Holanda que eran los que nos habían facilitado poder hacer eso. Y era muy difícil explicarles a los holandeses lo que sucedía acá con la cultura argentina y lo que sucedía con la Sala. Porque ella no entendía -era una mujer la secretaria de Cultura- porque no teníamos un apoyo oficial directo concreto. Y nos decía que en su país -y en otros países de Europa- cuando había alguien de la actividad privada que incluso con fines comerciales proponía una sala de espectáculo o proponía una actividad cultural, el Estado se comprometía no solo a apoyarlo con un subsidio o con una quita de impuestos, sino que compraba entradas siempre para entregar a jubilados, a estudiantes, de manera que ese espectáculo y ese esfuerzo tuviera el sentido de llegar a otra gente. Acá eso nunca pasó… nunca pasó y si pasó aún con las mejores intenciones y lo digo porque no es un reproche para nadie, siempre terminó siendo “un vuelto político”. Siempre se “lo debes” a alguien, a un intendente, a una gobernadora, siempre le estás debiendo algo a alguien. En vez de ser lo natural. Entonces, desde el punto de vista nuestro o desde el mío personal, eso te agota. Lo haces una vez, dos veces… pero, después agota porque si no… no va por este lado. Porque, además, no hay -por lo menos de parte nuestra- un interés en ser las mejores funciones de teatro de la Argentina, ni las mejores exposiciones en la galería, sino ser un espacio abierto donde la gente participe”. Rubén Clavenzani “Y son tantos… Héctor Bidonde con ´El Contrabajo´, una obra magistral. Y él uno de los grandes actores argentinos. Tato Pavlovsky, no solo actuando… sino dando charlas… la gran ventaja, ¿no? Se daba la función un día y al otro día, o el día previo, o a la tarde, el artista estaba. Eso pasaba, por ejemplo, pasó con ´Tato´ Pavlovsky, donde hablaba de su vida, uno le podía preguntar… eso era realmente algo muy fuerte y muy necesario también para conocer cierta profundidad de la otra persona que uno admira, cómo ve a través de la ficción, ¿no? Y… bueno, en lo personal soy un agradecido porque La Hendija tenía un público y a la vez público que cada compañía o artista generaba. Pasó mucha gente por La Hendija, muchísima gente, no solo artistas sino gestores, colaboradores… no podemos dejar de nombrar al recordado (Luis) Lito Senkman, director de ´Encerrados en libertad´; también coordinó, llevó a sus grupos. Y por supuesto, que el diseño fue un diseño de vanguardia. En ese momento había muy pocas salas con una capacidad de 100 personas de donde vos podías ver de todas las dimensiones, de la primera a la última butaca, por el formato que tenía escalonado, ¿no? Y la sala que se inauguró posteriormente, que ofreció esa parrilla integral, era una auténtica… es una auténtica sala experimental que no había prácticamente en la ciudad. Estaba la Sala Marechal en Santa Fe y muy pocas, donde vos podías poner a través de plataformas, de tribunas, escaleras, ir acomodando la escena para que el público tenga la mejor visión del espectáculo que ibas a ofrecer”. Carlos Esteban Fernández “Es así, es una escuela de vida. En aquel momento muchos teníamos -como dije anteriormente- ganas de hacer cosas, de expresarnos a nivel teatral, a nivel pictórico. Todos los jueves o jueves por medio teníamos inauguración de muestras de pintura o de fotografía. Había estrenos. Acá se veía cine. Ahora sí, hoy en día se cuentan con otras salas y otros espacios donde uno puede expresarse. Pero, en aquel momento, no. El Teatro ´3 de Febrero´ era para algunos. Y para hacer cosas artesanalmente como acostumbramos nosotros a hacer, La Hendija era el lugar ideal. Además, era un punto de encuentro porque acá, en este lugar donde estamos, funcionaba un café, un ´barcito´ digamos y sí o sí era el paso obligado por aquí. Cuando uno buscaba a un compañero, a un amigo o simplemente salíamos de ver cine, una obra de teatro,, nos quedamos acá charlando y debatiendo y muchas veces nos amanecíamos en este lugar que se fue llenando de duendes, digo yo ¿no? Por lo que hacíamos, por la gente que visitaba, porque era tan necesario y muchos estábamos tan sedientos de estas actividades artísticas. Por eso, digo que es ´un antes´ y ´un después´ en mi vida, porque si bien he hecho un montón de otras actividades dentro del arte escénico, La Hendija es fundamental. Para mí es el epicentro de Paraná que ha costado mucho mantenerlo en pie en muchísimos momentos por las cuestiones siempre políticas o socio económicas, no sé cómo se dice, pero que le hemos puesto el hombro, algunos más que otros. Pero, me considero, en un momento decía mi segundo hogar… porque, sí, todos los días venía acá y desde mis 22 años -estoy a punto de cumplir 60-, desde los 22 años que transito estos adoquines”. Laura Martincich “Me voy a referir entonces al aula y al escenario. Creo que es un ida y vuelta… pensar estas dos figuras, ¿no? Pero más que nada, me parece que está bueno pensar en La Hendija ´el entre´, ¿no? Esas dos figuras… lo que sucede porque es un ida y vuelta. Es decir, La Hendija ha sido esto un escenario donde mostrar una gran cantidad de cosas, pero a su vez también ha sido un lugar y sigue siendo un lugar de aprendizaje para muchos… Para muchos, digo, de aprendizaje para aquellos que recién llegan, y de aprendizaje para aquellos que venimos transitando hace un montón estos espacios, que seguimos apostando a estos espacios y que seguimos también reinventándonos, y que, bueno, la época también nos lleva, ¿no? a esto, a seguir aprendiendo en este escenario, ¿no? (…) La gestión cultural, por lo menos desde este espacio de algunas de las dificultades que ha presentado, tiene que ver con cuestiones, muchas veces económicas. Pero, sobre todo, de sostenimiento… de la posibilidad de sostener proyectos, que muchas veces los proyectos o los grupos vienen con propuestas o han venido con algunas propuestas y, por determinadas situaciones, no los han podido sostener: Entonces, el proyecto se cae. Nosotros siempre decimos que, si bien lo económico es algo importante en un proyecto, cuando lo económico lo determina, es que ese proyecto quizás no es tan importante o no están -quizás- profundamente arraigado, ¿no? Entonces, eso ha sido una dificultad que, incluso, fue una de las primeras cuestiones que se presentó cuando, después de la inauguración de La Hendija y del primer gran grupo que dio el primer paso para que esto sea posible cuando asume Menem y con todo lo que eso significó, ese grupo se desarma en gran parte, ¿no? De ese grupo, pensando en la imposibilidad de sostener un espacio de estas características, que no solo cuando digo espacio me refiero a un espacio físico, ¿no?. En una época llegó incluso a sostener la única sala de cine de la ciudad de Paraná, como si custodiara, en soledad, la llama frágil del séptimo arte. Ese gesto resume su esencia: avanzar aun cuando sea cuesta arriba, sostener aun cuando otros sueltan. La Hendija no es solo escenario: es una manera de estar en el mundo. Ha sido anfitriona de festivales internacionales, impulsora de talleres, seminarios, congresos y encuentros donde pensar no es un riesgo, sino una esperanza. Aquí las ideas circulan sin prejuicios ni ataduras, como aire fresco entrando por una rendija. Elba Palacios “Siempre digo que, para mí -hablo desde lo personal- … pero sí han pasado muchos… porque en un momento que se podía hacíamos talleres. Por ejemplo, de teatro. Pasó gente como Lito Cruz, Franklin Caicedo, Tony Lestingi, que venían los fines semanas y tomábamos clase. Mucha gente, actrices, actores, directores, actualmente también La Hendija se mantiene mucho con los talleres que hay. Acá se iniciaron los talleres de telas. ¿Por qué? Porque tenemos el aula, la Sala número 2, que le decimos, que es la que tiene altura, con cabreadas muy buenas… que acá fue que se empezó, que yo siempre digo, la que inició acá las telas fue María José Pacayut, que ahora ya no está, pero sigue mucha otra gente. Los talleres de teatro siguen actualmente, talleres de música. Siempre ha sido escuela … ahora quisiéramos volver con eso si podemos porque, en realidad, económicamente tenemos que disponer nosotros de ver si la gente nos responde para que siga eso… no perder eso… que sea un lugar de formación también, que es muy importante”. Armando Salzman “Nosotros siempre nos sentimos… a ver… ¿cómo les puedo decir? No solo apoyado, porque apoyado queda como cuando te dan una palmada en el hombro, ¿no? Sino que sentimos el compromiso de la gente de la ciudad, de una gran cantidad de gente de la ciudad con nuestro proyecto, lo cual no significaba que vinieran a poner ladrillos con vos, pero vos sabías que podías contar con ellos. Y muchas veces recurrimos abiertamente cuando recién empezábamos. Cuando se produce el cambio de gobierno de (Raúl Ricardo) Alfonsín con (Carlos Saúl) Menem, que aparece el plan Bunge y Born y las salas de teatro ni llenando todos los días podían pagar la luz a fin de mes. Bueno, directamente así hicimos… me acuerdo un afiche que tenía así, como un caminito de hormiga con los montos parciales hasta llegar al valor de la boleta de la luz y salíamos por el barrio a pedir plata a los comercios y decirles mirá, estamos acá, tenemos que llegar a esta cifra, ¿vos nos podés dar algo? De manera que nosotros tenemos un enorme agradecimiento, no solo con la gente del barrio, con los comercios que en su momento (nos acompañaron) … sino con toda la comunidad de Paraná. Cuando arrancamos con el proyecto del cine, el primer proyector que compramos, el famoso “Clementino”, se compró con el aporte del comercio de Paraná a cambio de pasarle durante 20 años… esa era la promesa nuestra que nunca cumplimos, durante 20 años le íbamos a pasar en la pantalla el logo del comercio ¿no? Y la gente sabía que eso no iba a poder ser cierto. Pero, era como una complicidad, no la mentira, era una complicidad en la idea de cómo se generaban las cosas y así muchas otras veces”. Carlos Esteban Fernández “Yo creo que el Estado se equivoca muchas veces y en el quehacer cultural se equivoca de punta a punta. Porque la cultura es educación, la cultura refleja la problemática, las falencias, las angustias y las alegrías de una sociedad. Siempre cito una frase de Alfredo Alcón que dice: ´En el teatro ensayamos la vida´ … y en un lugar como éste, como La Hendija, hemos ensayado la vida y hemos afrontado -como dije- distintas situaciones que nos han costado mucho. Me acuerdo, cuando el primer encuentro zonal que se llamó, un encuentro de teatro que abarcaba Santa Fe, los Departamentos de Entre Ríos, Córdoba… bueno… la inauguración de ese encuentro se hizo acá en La Hendija… La Hendija se inaugura en abril del ´89, a los 3 meses casi se tenía que cerrar La Hendija porque no se podía pagar la luz. O sea, algo que hemos vivido hace muy poco, la misma situación. Bueno, se hicieron socios para mantener y se pudo llevar adelante. La inauguración de ese encuentro la hizo una señora mayor que ya no está entre nosotros, actriz… y una chica joven, en camisón, a oscuras totalmente, con un candelero y una vela prendida y leyeron la bienvenida y la apertura del festival… y a mí me pareció maravilloso. Eso sintetiza lo que estábamos viviendo, pero estábamos en pie, porque siempre han intentado tirar abajo a los hacedores de la cultura ¡y no lo han logrado! ¡Y no lo van a lograr! Pero, la cultura es muy importante para la sociedad”. Silvina Fontelles “La idea es que cada uno de esos públicos se vaya contaminando, viendo… el palpitar de una época, lo cual uno es parte y a veces no tiene la capacidad suficiente como para percibir eso. Pero, fundamentalmente, ese encuentro con los diversos lenguajes ayuda a que se pueda comprender más el palpitar de una época, se pueda comprender más la relación entre los hacedores de la cultura y, en este caso, la organización… y entonces me parece que es un ambiente que lo hace enriquecer mucho más el que eso suceda (…) Eso tiene que ver con la historia, la política y el replicar de una política cultural, ¿no? Fundamentalmente, creo que esas cosas quedan -cuando quedan- porque quedan por algo, digamos. Y eso tiene que ver con que se ha hecho un buen trabajo”. Rubén Clavenzani “En el caso de La Hendija creo que es una mixtura muy grande. Creo que es un centro cultural que muy pocas veces, porque tampoco lo solicitó, nunca lo vi a Armando, solicitando, con el derecho que le asiste, ¿no? … Creo que alguna que otra vez, un aporte del Instituto del Teatro, pero que fue un período muy breve… y en una oportunidad para una infraestructura, para un arreglo de techos, pero, te estoy hablando, en relación a los 35 años, es muy poco, creo yo, lo que sé, lo que entiendo, que ha recibido del Estado… pero, tampoco hubo una solicitud permanente, ¿no? Ni tampoco una queja ni un llanto, porque, por lo general, hay mucha gente, muchos artistas que nos quejamos del Estado y nos olvidamos de muchas cosas, porque hay muchas formas que el Estado marca presencia, ¿no? Muchas formas. Voy a decir, el Estado no me ayudó, nunca me ayudó, y después aparecen un montón de cosas; que en realidad tiene que ser todo cristalino. Si vos recibís algo del Estado, tenés que sacar el cartel acá, ¿viste? Como corresponde. Pero, todo el mundo lo debería hacer. Pero, no para agradecerle a la persona, que es la obligación del funcionario, simplemente porque es algo que corresponde. Ahí está el verdadero diálogo entre lo privado y lo público. No esa cosa reaccionaria de que si viene de acá o si viene de allá… por supuesto que hay posturas que uno tiene que defender. Mucha gente dice: no recibiría del Estado manejado por tales personas. Está bien. Eso es absolutamente lícito. La Hendija, en general, ha trabajado en estos 35 años, te diría que el 90-99% de su gestión ha sido a través de una gestión privada, a través de elencos, a través de artistas que se acercaron, que nos acercamos… en fin… en distintos ´estados´. Y creo que el sostenimiento es producto muchas veces de eso. Cuando algo depende enteramente de algo o del Estado, o sea, un artista o un teatro o un centro cultural, y esa gestión se va y se cae es porque no ha hecho raíces. ¡Y aquí está La Hendija de pie!: 35 años pasando períodos terribles, donde vos decís, alquilo y pongo un depósito de lo que fuere, un depósito de bolsa de cereales, qué sé yo, la uso para silo. Sin embargo, estuvo de pie. Y eso habla de la honestidad intelectual. Eso habla de que, bueno, es un espacio necesario, imprescindible - diría hoy-, casi imprescindible porque nadie es imprescindible… pero está ahí… está ahí… ¡35 años no es un segundo!”. Laura Martincich “Hay una comunidad que sostiene este espacio, ¿sí? Este espacio no se sostiene obviamente solo ni con una comisión directiva, sino con toda una comunidad que hace posible que siga abierto. Y que, justamente, en los momentos más críticos -porque los hubo y muchos-, ha estado sosteniendo y se ha acercado a La Hendija para preguntar qué necesitan, qué necesitamos, qué tenemos que hacer. Siempre a disposición para trabajar, para actualizar, para renovar el lugar. Y bueno, sin eso no sería posible que hoy esto siga abierto, claramente. Entonces, bueno, obviamente el agradecimiento para todas esas personas que son personas que, por lo general, han pasado ya o han estado cuando La Hendija se abrió o en sus primeras épocas… y también mucha gente joven que conoce o empieza a conocer La Hendija desde hace algunos años… incluso hay también quienes no los conocen, y está bueno que puedan venir, enterarse del espacio, conocerlo y explorar también qué sucede acá. Pero, sí, realmente el lugar hoy se sostiene porque acá hay muchas manos, muchas almas también, personas que ya no están… bueno… como Claudia Zaragoza, por ejemplo, que es un pilar del lugar y que realmente han puesto el cuerpo para que esto siga estando de pie, que esa es la forma hoy”. Elba Palacios “Les voy a contar una historia. En el momento que hacíamos el cine, que en su momento hicimos el cine, cuando el cine había desaparecido en Paraná, que también, gracias a eso, trajimos un cine del mejor… me atrevo a decir sin jactancias… era uno de los mejores cines que tuvimos, que también gracias a eso, pudimos hacer las salas. En un momento, trajimos un ciclo de cine chino. Y vino el embajador cultural de la República Popular China, y él quería que les contáramos cómo era que nos manejábamos, qué parte tenía el Estado. Entonces, nosotros les dijimos: ´No, ¿qué Estado? Acá, no. El Estado no tiene nada que ver´. ¡No lo podía entender! Entonces… y qué nos quedaba. Entonces, le explicábamos que nos costaba mantener el espacio justamente por eso, porque no teníamos apoyo. Sí, hay que ser honesto y reconocer que el lugar también se ha mantenido mucho por la generosidad de la gente. El año pasado cuando fallece Claudia Zaragoza, nuestra querida actriz, directora y gran compañera, que estuvo como 15 años a cargo de esto… cuando ella fallece, que no sabíamos cómo seguir… Bueno, tomé otra vez la posta… necesitábamos pintar, renovar un poco, y generosamente mucha gente que venía decidió poner dinero. Entonces -siempre digo-nos mantenemos porque somos cabezones que vamos a seguir, porque este lugar -desde mi lugar- es este lugar que voy a defender siempre, porque he pasado mis mejores momentos y lo seguiré pasando. Pasan cosas, pero siempre una rescata lo mejor. Pero, sobre todo, la generosidad de la gente que sigue creyendo en el lugar, que sigue creyendo que el lugar tiene que seguir existiendo”. Armando Salzman “La gente que nos ha acompañado todos estos años, es realmente el material más maravilloso que tuvo La Hendija, porque es la gente que encontró en este lugar su forma de pertenecer a la vida y al mundo. Es gente que dijo: ´bueno, esto es lo que yo quiero, no importa quién lo hizo, quién lo empezó´ … Es la gente que decidió caminar con vos a pesar de todas sus dificultades, sin pedir absolutamente nada, al contrario, con una gran generosidad… donde todos los días suceden cosas acá de las cuales yo ni me entero porque no puedo participar y, sin embargo, se sostienen, ¿entendés? No solo se sostienen, se superan las dificultades, se traen ideas. Siempre con esta forma de trabajar. No obligamos a nadie a que venga acá y se adapte a esto que nosotros planteamos. Pero, los que llegan hay como una complicidad… que vos te das cuenta cuando la gente empieza a conversar con vos y encuentra un lugar como siempre quiso encontrar… y a la vez nosotros encontramos gente con la cual nos gusta caminar. Esa es la idea”. Eso es, finalmente, La Hendija: una hendidura luminosa en el alma colectiva, un resquicio por donde la luz insiste en entrar para desplazar la indiferencia y recordarnos que el arte, cuando encuentra su casa, también nos devuelve la nuestra. Memoria Frágil: La Hendija, ese espacio cultural ideado en un taller

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