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Gualeguay » Debate Pregon
Fecha: 31/08/2025 11:05
En diálogo con El Debate – Pregón, el empresario Juan Carlos “Bicho” Piropán, quien fue su propietario, comparte algunas cuestiones y anécdotas sobre el funcionamiento de aquella inolvidable confitería bailable ubicada en Belgrano 18. Durante aquel tiempo fue uno de los comercios nocturnos más concurridos de la región, donde se compartía la alegría del encuentro. En ocasiones se realizaban concursos de belleza y desfiles de moda, sorteos de motos, autos y hasta dólares, y se presentaron figuras de la farándula de la época, como Jorge Formento y Paolo “el rockero”. –¿Cómo nace tu relación comercial con Gualeguay? –Mi relación comercial nace por allá por el año ’83 en el comercio bailable Delgas, donde ahora funciona DownTown. Con un socio vinimos y compramos Del Gas, y después de 5 años nació La Fábrica. El cambio fue más o menos rápido: nosotros con mi sociedad compramos la confitería donde yo trabajaba, pero al año se fundió porque abrieron La Fábrica en Esperanza. En ese tiempo hubo un cambio generacional: antes las luces eran de abajo hacia arriba, pero lo nuevo eran boliches con luces de arriba hacia abajo, con neblina, potentes, en locales altos. Y este local daba para eso. Entonces cambié de sociedad y vine a poner La Fábrica en Gualeguay. –Es decir, la marca funcionaba en varias ciudades… –Sí, llegó a haber tres Fábricas: en Esperanza, Gualeguay y después Rafaela. Pero yo siempre estuve solo con Gualeguay, no con las otras dos. –Bicho, ¿cómo se explica el fenómeno que fue La Fábrica, que convocaba gente de toda la región? –Es difícil de explicar. Creo que fueron varios condimentos. Primero, que todos los DJs cambiaban cada fin de semana cuando teníamos la sociedad con Santa Fe, que duró 2 años. Después, los DJs locales eran muy capaces. Y también influyó la conducta: no se permitían líos ni problemas. Al que hacía problemas se lo sacaba directamente. Dependiendo de la gravedad, se lo suspendía o no se lo dejaba entrar más. Eso ya hoy no se puede hacer. –¿Funcionaba solo los sábados o también otros días? –Cuando empezamos, sí, solo sábados. Pero logramos abrir viernes, sábado y domingo, además de vísperas de feriado y feriados. También en fechas especiales: cuando terminaban las clases los chicos salían a las 10 de la mañana y a la tarde iban a la confitería; y en el Día de la Primavera, cuando no se hacía picnic, venían todos a La Fábrica. –La modalidad de ingreso y consumo también era distinta. –Sí. Pagabas la entrada, te daban un ticket, y después al salir tenías que pagar lo que habías consumido. Si perdías el ticket, tenías que abonar el total. También existían tarjetas: negra, dorada y roja. La negra era para clientes: entraban sin pagar y consumían lo que querían. Las otras tenían consumición mínima. Hablamos de fines de los ’80, cuando un dólar valía 30 australes, y la entrada podía ser de 20 o 30 pesos. –Y cuando había grescas, vos mismo intervenías… –Sí, era medio como el patovica. Siempre dije que en la confitería tiene que haber orden. Trabajábamos con dos policías, cosa que ahora se hace con seis u ocho. Siempre tuve buena relación con ellos: yo los defendía y ellos me defendían a mí. El que hacía lío, se iba; si era grave, se lo llevaba la policía. –El equipo de trabajo también era fundamental: DJs, barmans, personal de seguridad… –Sí, tuve buena gente trabajando. En la puerta, por ejemplo, estaban Osorio y Soria. En la barra llegamos a tener hasta cuatro: tres abajo y uno arriba, más otro en un rincón. Antes todo era con vasos y botellas de vidrio: había junta copas que los recogían, incluso te daban un vale por el vaso y si lo rompías, lo pagabas. –Eso fue hace apenas 25 o 30 años, pero hoy parece otro mundo. –Sí, cambió mucho la sociedad, y para abajo. No es lo mismo tomar un whisky en vaso de vidrio que en vaso plástico. –¿Qué están preparando para el tributo del 13 de septiembre? –Hacemos el segundo tributo a La Fábrica. El primero fue el 12 de julio. La idea es hacer dos por año, aunque si da, haremos tres. Siempre traemos un DJ de Esperanza que estuvo desde los comienzos y armamos junto a los DJs de Gualeguay: Maddoni, el Colo Campostrini, Lalo Sturzenegger (que ya dejó las bandejas), los hermanos Jaime y Méndez. –¿Cómo será la venta de entradas? –Se venderán en el Hotel Jardín y en la Sodería Agua de Mesa Fernández. La primera semana a 6.000 pesos, luego a 8.000, y el día del evento a 10.000. –En definitiva, se trata de un reencuentro. –Exacto. Con la música es imposible dejar a todos 100% conformes. Pero lo importante es reencontrarse, revivir la experiencia y las anécdotas. Muchos que en su momento tuve que sacar del boliche hoy me abrazan y me dicen: “Bicho, poné el boliche otra vez, así ponés a mi hijo en línea como me ponías a mí”. Eso ya no se puede, pero el reencuentro sigue. –También tu hermano Rodolfo tuvo protagonismo con el café bar. –Sí, él atendía el Café Bar La Fábrica. Las hamburguesas se hicieron famosas y hasta hoy la gente las recuerda. Cerraba la confitería y seguía hasta las 7 u 8 de la mañana. En un Año Nuevo estuvimos bailando hasta las 9. Antes no había tanta previa como ahora, y los horarios eran otros. Yo incluso dejaba entrar gratis hasta la 1 de la mañana para competir con otros boliches. –Por último, hacé la invitación. –Están todos invitados el sábado 13 de septiembre a la Noche del Recuerdo, el segundo Tributo a La Fábrica. Como siempre habrá obsequios, gorras, remeras, y seguramente iremos sumando más sorpresas en futuras ediciones.
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