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  • El vino de la primavera: vuelven los rosados, ideales para disfrutar al aire libre

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 31/08/2025 04:55

    Diversas bodegas apuestan por etiquetas innovadoras para captar nuevos consumidores Más allá de la coyuntura local, el vino sigue avanzando mes a mes, año tras año, cosecha tras cosecha. Y si bien los números (internos y externos) muestran un escenario complejo, la realidad es que hoy se elaboran y consumen los mejores vinos argentinos de todos los tiempos. Porque desde que los hacedores entendieron que el camino era la calidad por sobre la cantidad, no detuvieron su evolución y siguen mejorando. Y entre todos los vinos, hay uno que evolucionó particularmente, a tal punto de atraer cada vez a más consumidores; los vinos rosados. Que tenían mala fama cuando empezó la recuperación de la industria, porque si bien supo ser de los más elegidos; cuando en los 80´ los argentinos eran los principales consumidores per cápita del mundo; el recuerdo de un vino abocado y de baja calidad dominaba el imaginario colectivo. Y para colmo, luego le cayó la espada del prejuicio; una tontería absoluta por parte de muchos consumidores. Porque asociar el color del vino a las preferencias sexuales no tiene ninguna lógica, y mucho menos hoy en día, donde las libertades están más que claras. Pero es verdad que muchos “no” aceptaban una copa de vino rosado porque lo consideraban un vinito, o ni siquiera eso. Y lo más divertido es que los primeros rosados del milenio no tenían nada de vinito, sino más bien de vinazo. Porque luego de la gran cosecha 2002, que lograra impactar en el mundo con el Malbec como abanderado, las bodegas reaccionaron. La maceración breve y la selección de uvas influyen en el perfil sensorial de los rosados Todas querían hacer los mejores Malbec posibles. Y en esa vorágine muchos apostaron por el estrés hídrico en la viña y la sangría en la bodega. El primero consistía en dejar de regar el viñedo uno o dos meses antes para que las plantas sufran y concentren más sus componentes polifenólicos principalmente. El segundo, es un método por el cual se hacía un prensado suave, y un porcentaje (entre 5 y 30%) de los primeros jugos se separaba, y así poder lograr una fermentación del 100% de los racimos con menor contenido liquido con el objetivo de obtener tintos más robustos. Queda claro que la atención (equivocada o no) estaba puesta en los tintos. Por suerte eso duró poco, pero lo suficiente como para que nacieran los primeros nuevos rosados argentinos del siglo XXI. Porque se decidió aprovechar ese jugo apenas teñido para re-inaugurar la categoría de rosados. Colores tenues y aromas frutales definen la identidad de estos vinos ¿Cómo eran esos vinos? Al igual que sus pares tintos, muy cargados y concentrados, potentes y hasta tánicos; todo lo contrario, a lo que debía ser un buen rosado. “Dejamos de hacerlo porque no se vende”, decían algunos de los mismos hacedores que hoy se llenan la boca (y las copas) con sus flamantes vinos rosados. Esto demuestra que el problema no estaba en los consumidores sino en los vinos. Bastó para que uno pensara en elaborar un rosado de alta gama y desde la viña, para que la moda se desatara. No era tan difícil, si se estaba logrando con los tinos, blancos y espumosos, por qué no con los rosados. Más allá del Malbec, por una cuestión obvia de dominio de la escena y fama internacional, se buscaron uvas de ciclo más corto para poder llegar a una madurez completa en el menor tiempo posible, preservando la mayor acidez posible. Con esto se lograron dos cosas fundamentales para un vino rosado, más frescura y menor potencia alcohólica. Lo demás fue cuestión de detalles, por dentro y por fuera de la botella. Al ser producto de una maceración corta (apenas algunas horas para adquirir color) de uvas tintas, y continuar su fermentación como un blanco, sus atributos finales no tienen que ver con la longevidad, la estructura o la complejidad. El consumo de vino rosado crece en estaciones cálidas y encuentros informales Muy por el contrario, el vino rosado es el mejor vino para tomar a deshora y en cualquier situación. Es más, cuando en Londres a las cinco de la tarde están tomando el té, y en Buenos Aires toman café, en Paris se bebe rosé en copa. Claro que también puede llegar a la mesa, y hasta ser el comodín en muchas mesas según varios sommeliers, si se da cierta diversidad de platos. Pero su gracia es llamar la atención antes de sentarse. Su color y sus aromas delicados pero frugales no buscan impactar sino agradar. Y su trago debe refrescar, como abriendo el juego y siendo un partenaire más de la charla, no un protagonista como pueden llegar a ser sus pares tintos y blancos. Ahí es donde entra en juego la creatividad, tanto de etiquetas y botellas como de nombres. Porque el vino rosado actual puede ser totalmente rupturista, a pesar que se trate de una marca tradicional. Las botellas, generalmente transparentes para poder apreciar las atractivas tonalidades de los rosé, se han convertido en una gran excusa de compra. Porque no solo llaman la atención, sino que además son originales; incluso muchos las convierten en adornos o botellas de agua para sus casas. La acidez y el bajo contenido alcohólico se convierten en atributos valorados por el público Pero la idea de llamar la atención desde el vamos es muy pensada, justamente para desviar la atención hacia el afuera, porque en el adentro del vino mucho no se puede hacer. Ya que más allá de la variedad utilizada, un rosado bien logrado ofrece aromas delicados, sabores levemente frutados o florales, y un paso refrescante y vivaz. Listo. Pero gracias a las botellas, se han convertido en un objeto de culto, a tal punto que hoy todos piensan en comenzar la reunión con un rosado. Porque no solo funciona muy bien como aperitivo, sino que además impacta por innovador, devolviéndole a la categoría su merecido prestigio. Por suerte, muchos hacedores se dieron cuenta que los mejores “rosés” del mundo; los franceses de la Provece; se hacían desde la viña como todo buen vino. Gracias a ello, hoy llegan los 2025 que fueron cosechados con un alcohol potencial equilibrado (alrededor de 12 grados) y una acidez marcada. De tonalidades rosadas pálidas, brillantes y muy fragantes. Acá, la llegada de la primavera marca el desembarco en el mercado de los rosados del año, de Malbec, Pinot Noir, Cabernet Franc o blends, algunos incluso con botellas tan imponentes como elegantes. Todos aptos para disfrutar cuando el sol vuelve a calentar y el aire libre se transforma en el mejor lugar para el encuentro.

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