Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • La «bienaventuranza» desconocida

    » Diario Cordoba

    Fecha: 31/08/2025 02:15

    «No estamos viviendo simplemente una época de cambios, sino un cambio de época». La expresión del llorado papa Francisco contiene no sólo una lúcida lectura de los tiempos que vivimos, sino una indicación de camino para la Iglesia. En los tiempos posteriores al Concilio Vaticano II se hablaba mucho de la opción preferencial por los pobres. Se percibía una nueva sensibilidad en la Iglesia. Parecía que los cristianos queríamos escuchar de verdad la llamada del Evangelio a vivir pensando en los más desheredados del mundo. Quizá porque la «teología de la liberación» se fue contaminando de «aventuras políticas», quizá porque fue considerada como un «peligro» para muchos ambientes cristianos, el caso es que le llegó la condenación de Roma. Sin embargo, el evangelio que hoy se proclama en las eucaristías dominicales ofrece con claridad y sin paliativos esa «opción» de Jesús, durante la comida en casa de uno de los principales fariseos de la región. Antes de despedirse, Jesús se dirige al que lo ha invitado. No era para agradecerle el banquete, sino para sacudir su conciencia e invitarle a vivir con un estilo de vida menos convencional y más humano. Según Lucas, estas fueron sus palabras: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, porque corresponderán invitándote y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; ya te pagarán cuando resuciten los justos». Jesús habla en serio. Jesús habla de invitar a los excluidos, marginados y desamparados. Son precisamente los desdichados a los que él se está dedicando en cuerpo y alma por las aldeas de Galilea. Quien quiera seguir a Jesús con sinceridad se siente invitado a vivir de manera nueva y revolucionaria, en contradicción con el modo «normal» de comportarse que observamos a nuestro alrededor. Se nos invita a actuar desde una actitud de gratuidad y de atención al pobre, que no es habitual. Se nos llama a compartir sin seguir la lógica de quienes buscan siempre cobrar las deudas, aun a costa de humillar a ese pobre que siempre está en deuda con todos. Esta es, sin duda, una «bienaventuranza» de Jesús que los cristianos hemos ignorado. Los seguidores de Jesús hemos de sentirnos llamados a prolongar su «estilo de vivir», aunque sea con gestos muy modestos y humildes. Esta es nuestra misión: «Introducir en la historia ese espíritu nuevo de Jesús, contradecir la lógica de la codicia y la acumulación egoísta». No lograremos cambios espectaculares, y menos de manera inmediata. Pero con nuestra actuación solidaria, gratuita y fraterna criticaremos el comportamiento egoísta como algo indigno de la convivencia sana. En nuestra «civilización del poseer», casi nada hay gratuito. Todo se intercambia, se presta, se debe o se exige. Nadie cree que «es mejor dar que recibir». Sin embargo, los momentos más intensos y culminantes de la vida son los que sabemos vivir la gratuidad. Sólo en la entrega desinteresada se puede saborear el verdadero amor, el gozo, la solidaridad, la confianza mutua. Dice Gregorio Nacianzeno que «Dios ha hecho al hombre cantor de su irradiación», y ciertamente, nunca el hombre es tan grande como cuando sabe irradiar amor gratuito y desinteresado. Agosto nos deja su adiós «encolerizado» con las terribles olas de calor y de fuegos, mientras siguen las ferias en algunos de nuestros pueblos. Por ejemplo, la de Hinojosa del Duque, que hoy termina, bajo la protección de su titular, san Agustín, uno de los más grandes padres de la Iglesia y referente no sólo para los creyentes, sino para todos aquellos que buscan una vida auténtica. Agosto nos deja también la hermosa iniciativa del papa León XIV, declarando el pasado día 22 como «jornada de ayuno y oración, suplicando al Señor que nos conceda paz y justicia y que enjugue las lágrimas de los que sufren a causa de los conflictos armados en curso». Ante tantos desafíos, saludamos septiembre, con la frase esperanzada de Neruda: «Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera». Y desde la orilla de la fe, el mejor lema: «Vivir sin miedo en tiempos de incertidumbres».

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por