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    Concordia » El Heraldo

    Fecha: 31/08/2025 01:10

    En una nota publicada en “El Heraldo” en el año 2004, la periodista Minguet reconstruye la historia del Palacio Municipal de Concordia, revelando no solo los orígenes materiales del edificio, sino también el valor simbólico que ha adquirido con el paso del tiempo. Ese relato, cargado de memoria y observación ciudadana, nos invita a mirar más allá de la fachada y a comprender el papel que este edificio ha desempeñado en la vida institucional y social de la ciudad. Comenta la periodista que antes de convertirse en sede del gobierno local, el terreno donde hoy se levanta el Palacio tuvo una historia marcada por sucesivas apropiaciones y usos diversos. En 1859, el gobierno provincial lo asignó al General Justo José de Urquiza como reconocimiento por su rango de Capitán General, en un gesto que vinculaba el espacio urbano con las figuras de poder de la época. En 1868, pasó a manos del General Urdinarrain, y tras su fallecimiento en 1879, fue heredado por su esposa, Hermenegilda Irigoyen de Urdinarrain. Con el correr de los años, el lugar fue adaptándose a las necesidades cambiantes de la comunidad. Funcionó primero como mercado público, espacio de intercambio y encuentro cotidiano, y más tarde como cine al aire libre: el Cine Splendid Park, gestionado por Francisco Fabrizzi. Este cine, que ofrecía funciones bajo las estrellas, se convirtió en un punto de referencia cultural y recreativo, donde generaciones de concordienses compartieron tardes y noches de esparcimiento. La decisión de construir el Palacio Municipal se concretó en 1937, cuando el intendente Dr. Domingo Larocca colocó la piedra fundamental. Este gesto fundacional marcó el inicio de una nueva etapa en la historia urbana de la ciudad, en la que se buscaba consolidar una sede institucional acorde a las exigencias de una administración moderna. El proyecto arquitectónico fue seleccionado entre 17 propuestas, resultando ganadora la presentada por los arquitectos Carlos A. Baldini Garay y Stella Genovese, oriundos de Buenos Aires. La licitación pública se abrió el 25 de julio de 1938, y la empresa Segovia y Gasco de Paraná fue la adjudicataria, con un presupuesto de $346.574 moneda nacional. Las obras comenzaron el 2 de septiembre de ese mismo año, marcando el inicio de una transformación urbana significativa que involucró no solo la construcción del edificio, sino también la redefinición del espacio público circundante. La construcción fue posible gracias a un empréstito de $20.000, aprobado con la convicción de que invertir en infraestructura institucional era apostar por el futuro de la ciudad. De ese monto, $3.500 se destinaron específicamente al Palacio Municipal, mientras que el resto permitió concretar otras obras de gran importancia para Concordia: la Asistencia Pública, la Cámara Frigorífica del Mercado, la apertura de la diagonal Juan B. Justo, entre otras mejoras urbanas. El edificio fue bendecido por el cura párroco Jorge Schönfeld, y el ingeniero Eduardo Nogueira —entonces Jefe de Obras Públicas y posteriormente intendente— tuvo un papel central en la ejecución del proyecto, aportando su visión técnica. Inaugurado en 1938, el Palacio Municipal fue considerado en su momento el edificio más moderno de Concordia. Su diseño respondía a criterios de funcionalidad, racionalidad y comodidad, con espacios destinados a oficinas, biblioteca y archivo. Fue pensado como una sede institucional que pudiera albergar con dignidad las actividades administrativas y políticas de la ciudad, y que al mismo tiempo representara un símbolo de progreso y organización. La arquitectura del edificio, sobria pero imponente, dialogaba con la plaza principal y con el trazado urbano, consolidando su rol como centro neurálgico de la vida pública. También la periodista Minguet recuerda que, además de su función gubernamental, el edificio fue escenario de eventos sociales memorables que marcaron la vida social de Concordia. En 1943, por ejemplo, se celebró allí el baile de recepción de los maestros de la Escuela Normal. Todo lo mencionado anteriormente devela que los edificios públicos —como el Palacio Municipal, los museos— no son simples estructuras funcionales, sino testimonios materiales de proyectos colectivos que han dado forma a nuestra vida comunitaria. Preservarlos y mantenerlos adecuadamente es una tarea esencial, aunque no siempre asumida con la responsabilidad que merece. El cuidado de lo público es un compromiso que refleja el vínculo con la historia, el presente y el futuro. Nos volveremos a encontrar en una semana para seguir descubriendo más historias de Concordia y la región. Museo Regional Palacio Arruabarrena, dirección: Entre Ríos y Ramírez. Visitas guiadas de lunes a viernes de 8 a 12 hs. Ads Ads

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