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» Elterritorio
Fecha: 30/08/2025 15:56
Inés (62), Érica (57) y Lucía (54) se criaron en colonia Línea Paraná, de Puerto Rico, y heredaron el amor por la costura de su madre. La vida en la chacra y valor del trabajo y la fe sábado 30 de agosto de 2025 | 10:30hs. Lucía, Érica e Inés Seidel. Las tres son jubiladas de la docencia. Foto: Guadalupe De Sousa Allá ité, cuando los teléfonos celulares ni siquiera se vislumbraban y las aplicaciones para conocer pareja no se podían aún imaginar, un enamorado Orlando Seidel de 18 años le dejó un mensaje escrito en la tierra con carbón a la también adolescente Imelda Brandt. Eran vecinos en la colonia Línea Paraná, a unos 4 kilómetros de Puerto Rico, y él la amó desde el primer momento en que la vio. Pero el amor tardaría un tiempo en concretarse porque ese mismo año Orlando partió al servicio militar, eran mediados de la década del 40. Cuando el hombre regresó, después de una travesía que lo llevó hasta Estados Unidos a bordo del ARA Almirante Brown, noviaron por unos años hasta que, con 27 él y 23 años ella, se casaron en la capilla Santa Rosa de Lima, de la colonia, que hoy con 99 años encima todavía se encuentra de pie. La capilla casi centenaria donde sus papás se casaron, todavía en pie. Foto: Guadalupe De Sousa Orlando e Imelda dieron vida a nueve hijos -cinco varones y cuatro mujeres- a quienes les enseñaron sobre la fe, el trabajo, el esfuerzo y la responsabilidad. Son la madre y el padre de las tres protagonistas de esta historia: Lucía (54), Érica (57) e Inés (62) Seidel, creadoras de By Melda Clothes, una marca de indumentaria femenina con la que rinden homenaje a su mamá, ferviente apasionada de la costura y la que les transmitió el amor por las puntadas. Las hermanas, que se jubilaron tras más de 30 años de labor frente al aula, elaboran prendas únicas y si bien ya se estaban haciendo conocidas en Puerto Rico, su popularidad explotó cuando empezaron a compartir en su cuenta de Instagram capítulos hablando de su vida en la chacra, de sus padres, de las reuniones familiares y más. Con un emprendimiento que crece y orgullosas de su historia personal, pero sobre todo de su mamá y papá, las chicas compartieron este preciado legado con El Territorio al que le abrieron no sólo las puertas de su taller, sino de la chacra donde la familia Seidel-Brandt se forjó. Empezar y no temer El clan pudo disfrutar por muchos años de sus padres. Orlando vivió hasta sus 93 -falleció en 2020- y Melda lo hizo hasta los 94, dentro de muy poco se cumplirá un año de su partida. Afortunadamente pudo ver el creciente negocio de sus hijas y hacerles sugerencias. Una buena parte de que hoy exista By Melda es por el incentivo de uno de los hijos de Érica que en unas vacaciones en Brasil le sugirió que una vez jubilada dedique su tiempo a hacer algo por ella. Su idea era dedicar más tiempo a sus padres ya que ambos aún vivían. “Me dijo que era muy joven y tenía que empezar a hacer algo que me guste. Siempre me gustó la costura, porque cosía ya con mamá de jovencita. Fuimos a recorrer y en Florianópolis hay muchos lugares que hacen su ropa sin tomar medidas, tienen su propia moldería, su tabla de talles y la venden. Esa idea me gustó”, relató. Corría el 2019 y nadie imaginaba que al año siguiente una pandemia golpearía al mundo. Pero Érica comentó esa idea con sus hermanas y en un principio las dejó medio desencajadas ¿Cómo era eso de hacer ropa sin tomar medidas? Para ese entonces Inés ya llevaba dos años jubilada y había realizado cursos de costura y elaboraba algunas cosas para sus hijos y nietos. Lucía, en tanto, todavía trabajaba en la escuela. “Con mamá también era así, el vestido de recepción de Lucía lo hicimos entre mi mamá y yo. Ella hacía ropa para nosotros y para nuestros primos que vivían ahí cerca en la colonia”, sumó Érica. La casa en colonia Línea Paraná donde se criaron junto a otros seis hermanos. Foto: Guadalupe De Sousa El emprendimiento se postergó porque llegó la pandemia y también se deterioró la salud de su padre, por lo que se dedicaron a pasar tiempo con él y cuidándolo, siempre con el recaudo de no contagiar a sus queridos viejos de esa enfermedad de la que poco se sabía pero muchos morían. Don Orlando falleció los primeros días de diciembre del 2020 y las fiestas traen consigo al hijo de Érica de Brasil. Les insiste en el proyecto y el 30 de diciembre arrancan a confeccionar en el comedor de su casa y con máquinas de coser familiares. “Nosotras no queríamos porque no teníamos lugar y apenas unas prendas confeccionadas. Pero él nos dijo ‘se empieza en cualquier lugar, no esperen a tener todo, ustedes tienen que arrancar con lo que tienen’. El 31 los chicos nos abren la cuenta de Instagram y ya una chica nos contacta. Subimos las prendas al auto y llevamos a su casa para que se pruebe. Fue nuestra primera venta”, recordaron. El homenaje a Melda El local se encuentra abierto de lunes a sábados de 6 a 12 y allí venden una gran variedad de prendas: pantalones, camisas, remeras, conjuntos, shorts, bermudas, blazers, camisas y más. No existen dos prendas iguales. También se puede comprar online en la página bymelda.com.ar. El acondicionamiento del espacio para la venta de las prendas y el taller se hizo de a poco, fueron comprando las máquinas industriales y los tres primeros meses del 2021 fueron intensos; las hermanas cosían de 5 a 18 de corrido para tener un stock considerable. Lucía, que todavía trabajaba, las acompañó en vacaciones y los fines de semana. Cada prenda de la marca se hace cuidando todos los detalles y con amor. Foto: Guadalupe De Sousa Fue ella quien consideró que la empresa de hermanas debía llevar el nombre de su madre y Ezequiel, el otro hijo de Érica, sugirió que el logo lleve algo que la identifique. “Nos dijo que si él pensaba en ella, se le venía el rosario. Hasta los últimos días mamá estaba lúcida. Era una mujer de mucha oración, de fe, eso fue lo que nos inculcaron de chicos. Entrados los años, cuando ya tenía muchas limitaciones físicas, todo el día estaba con el rosario. A veces uno llegaba y pensaba que estaba durmiendo, pero si mirabas bien veías cómo se movía su dedito por el rosario, siempre estaba en oración”, contó la menor de las Seidel y la emoción se contagió a las otras dos. Describieron que sus padres siempre fueron muy generosos y dispuestos a ayudar a quien lo necesite, el valor del trabajo y el sacrificio para ganarse el pan lo aprendieron desde chicos y lo mantienen hasta hoy en día. “Éramos nueve, imagínense, trabajaban en la chacra, no era un sueldo fijo, ellos tenían que depender de lo que hacían, del clima, del tiempo, porque una cosecha se perdía y había que salir adelante. Era duro, lloviera o no lloviera, había que salir, había que trabajar, con frío, con calor”, compartió Inés. Las hermanas no tienen entredichos al momento de crear, todas proponen ideas y las llevan adelante. Foto: Guadalupe De Sousa “Tenía 4 años cuando empecé a ir a ordeñar vacas, obvio, ordeñaba una sola, pero era esto de enseñar a trabajar, el horario, levantarse, no quedarse en la cama. Después de eso desayunábamos y nos íbamos a la escuela”, rememoró, por su parte, Lucía. La escuelita fue la 228, era plurigrado y estaba cerca de su casa. Hasta chicos que cruzaban el río desde Paraguay asistían a ella. Fue difícil para los Seidel empezar la escuela porque no hablaban nada de castellano, en el hogar se hablaba sólo el alemán. Una mamá que cosía para todos En la chacra familiar se plantaba mandioca, tung, arroz, maíz, yerba y siempre tenían animales: vacas, cerdo, gallina, casi todo lo que se consumía se producía allí. “El tabaco se planta en enero y en las vacaciones nos íbamos todos a San Miguel, papá tenía chacra ahí. Íbamos a la mañana temprano y se volvía la noche. Nos levantábamos a las 4.30 para ordeñar las vacas, se dejaban los tachos porque iba un lechero a la casa a buscar”, contaron. Y agregaron: “Después íbamos a ensartar tabaco, que no era un trabajo lindo, era tener las manos todas calladas. No existían los domingos para nosotros, después en el secundario escuchábamos a nuestras compañeras que se levantaban a las 9, para nosotros eso era impensado. Pero teníamos todas las otras satisfacciones”. Entre ese gran batallón, Melda era la gran cocinera y modista de la ropa de los integrantes del hogar. Fue siempre autodidacta y lo primero que aprendió lo hizo de la mano de una de sus hermanas mayores que sí había podido estudiar. “Ella no fue a una escuela de costura, le gustaba coser y le hubiera gustado aprender. Pero para ese entonces, estamos hablando de noventa años atrás, era de familia muy humilde, vivían en Porto Londero (Brasil)”, sostuvo Lucía. La gran alegría para las mujeres de la casa era cuando veían llegar la camioneta del vendedor de tela porque significaba ropa nueva para todos, eso sí, todas con la misma tela. Melda cosía a la siesta o por las noches y era la única que podía hacer los pantalones con bolsillos grandes tal y como le gustaban al marido. “Aprendió con la máquina de su mamá, nuestra abuela, que tenía una manivela, con una mano se giraba y con la otra se manipulaba la tela, no tenían pedales. Si uno se tiene que imaginar no sé cómo lo haría”, se admiraron. Ya de grandes, cuando todos se fueron de la casa y formaron sus propias familias los domingos era religión ir a comer con los abuelos. Unas 40 personas rodeaban la mesa junto a los iniciadores del clan. Los fideos caseros, la gallina y otros manjares los hacían entre todos, siempre bajo la atenta mirada de Melda quien era la que mejor cocinaba y una apasionada de la cocina. Orlando, ferviente lector de El Territorio, según aseguraron sus hijas, se interesaba por las noticias de política y las referidas al agro. “Justo estos días nos estábamos acordando que en la última hoja estaban las siete diferencias y nosotros los más chiquititos teníamos que buscar. Inés me acuerdo que hacía el crucigrama. Papá era un gran lector y tenía hasta sexto grado”, compartieron. Amigarse con las redes La ropa que confeccionan las hermanas Seidel están pensadas para mujeres desde los 25 años, no hacen ropa para adolescentes, lo que no quiere decir que a alguna de ellas no le gusten los modelos. Son prendas únicas, irrepetibles, las prendas estampadas no se producen en serie y tampoco toman medidas, los talles que salen son los que más se venden. “De las estampadas compramos pocos metros, tres, como mucho cinco en algún momento porque si no uniformamos a todo el pueblo. Con las lisas no hay problema. Lo que es básico, como las remeritas de morley, sí se repiten”, dijeron entre risas. Actualmente, no venden sólo en Puerto Rico, sino a todo Misiones, el país y hasta reciben consultas desde Paraguay, Chile y Estados Unidos. Eso a partir de este año gracias al boom de sus videos en Instagram. No fue fácil amigarse con la cámara y con las redes sociales, pero la gente quería saber sobre su vida. “Nosotras como que hasta ahora todavía no lo podemos creer. Por ahí hay gente que nos ve, nos mira y se ve que nos reconocen. Tenemos muy buenas devoluciones. Las que compran agradecen, les gusta, vuelven a comprar. Las clientas de otros lugares que nos compraron, ya volvieron a comprar”, reconocieron. El viejo galpón también fue sitio de uno de sus videos populares. Foto: Guadalupe De Sousa Son los dos hijos de Érica los que las guían y producen el contenido, Rodrigo, que está en Brasil, y Ezequiel, que está en el pueblo, ambos formados en marketing digital. Los hijos de las tres son sus principales fans, Lucía tiene dos hijos y un nieto, Inés tiene tres hijos y cuatro nietos y Érica además es abuela de un niño. “Más allá de que tenemos el hijo de ella que maneja todo, nosotras también tenemos que involucrarnos, no sabíamos subir una foto en Instagram, por ejemplo. Tuvimos que aprenderlo, porque nosotras no éramos de las redes. Incluso hacer cursos online. Ahí uno se da cuenta qué importante es seguir manteniéndote activo, en las redes, en cursos”, remarcó Lucía. A lo que Érica sumó: “Son desafíos, día a día tenés desafíos y cuando los vas superando es lindo. Nosotras tuvimos miedo también al comienzo para hacer los vivos, los videos, nos costó” E Inés reconoció: “A veces ensayábamos antes y salía cualquier otra cosa, cambiaba una palabra y la otra ya no sabía cómo seguir. Pero salía natural. Nos felicitan por la naturalidad y nuestra tonada”. Sobre cómo es trabajar entre hermanas, compartieron que no tienen entredichos, sino que siempre buscan el consenso y todas proponen ideas, prueban y ven qué tal les va con la prendas. “A veces metemos la pata también, más de una vez. Es todo diferente, todo un aprendizaje con eso y con cada tela. Siempre hay desafíos nuevos”, sostuvieron. Las chicas que ya se encuentran empezando con la colección primavera/verano, hicieron hincapié en el mensaje de mantenerse activos a pesar de la edad: “Es importante hacer lo que a uno le gusta, no tener miedo y no esperar tener todo para hacer algo. Al que le gusta tejer a dos agujas lo puede hacer para su familia o ponerlo a la venta en las redes, porque lo de las redes también se aprende”.
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