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  • Una historia de ida, de sueños y de vuelta: Yayo Cáceres emociona con su regreso al país al frente de Ron Lalá

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 30/08/2025 02:43

    Entre recuerdos y nuevas funciones, el director teatral comparte el orgullo y la felicidad de regresar al país que lo vio nacer como artista (Gentileza Prensa) La música y el humor han sabido fusionarse de tal manera que, a lo largo de la historia del arte, lograron encantar a audiencias de todo el mundo. Las tablas del teatro, sin dudas, fueron uno de los escenarios predilectos para que figuras únicas tomen la posta y desaten carcajadas, emoción y creatividad. Ahora, ese espíritu vuelve a sentirse bien cerca: Yayo Cáceres, el director argentino que conquistó Europa, regresó al país del mítico grupo español Ron Lalá, que lleva treinta años mezclando teatro, humor y música en vivo de una manera que no se parece a ninguna otra. En diálogo exclusivo con Teleshow, el artista se animó a repasar sus comienzos, su presente y la emoción de volver a la Argentina. Radicado en Madrid, formado entre su Curuzú Cuatiá natal y Buenos Aires, Yayo se fue abriendo camino desde los trece años, sumándose a talleres del pueblo, actos escolares y luego al circuito porteño: primero en la compañía Teatro Andamio 90 y en distintos proyectos teatrales y fílmicos, hasta que la vida lo llevó fuera del país. Atravesó fronteras para instalarse en España y de a poco se convirtió en el director de Ron Lalá, una troupe con historia, formada por músicos y actores como Juán Cañas, Miguel Magdalena, Daniel Rovalher, Iñigo Echavarría y Álvaro Tato, este último además encargado de todos los textos. La espera llegó a su fin y el reencuentro ya está en proceso: tras una década sin presentarse en conjunto en el país, Ron Lalá desembarcó en la Sala Casacuberta del Teatro San Martín con tres funciones únicas. El viernes 29, sábado 30 y domingo 31 de agosto, presentan 4X4 Un viaje a las 4 primeras obras, espectáculo que propone un recorrido por escenas y momentos esenciales de Mi misterio del interior, Mundo y final, Time al tiempo y Siglo de Oro, siglo de ahora, los espectáculos que consolidaron a la compañía como una de las más premiadas y queridas por el público y la crítica. Yayo dirige el reconocido grupo español desde comienzo de los 2000 (Gentileza Prensa) —¿Cómo comienza tu pasión por la actuación y la música? —Fue de durante mi niñez. Vi un corto de Charles Chaplin en lo de un tío y eso me marcó. Era muy chico y lo que sentí ahí fue clave. A partir de eso, empecé con teatro en el grupo vocacional del pueblo, a los 14 años. Y también empecé a tocar la guitarra porque mi mamá me enseñó, con una guitarra que había en casa. Desde ahí fue algo que no paró más. —¿La música era algo habitual en tu vida familiar o descubriste eso a partir de la experiencia? —Siempre estuvo presente. Tenía un primo referente que tocaba, mamá nos hacía dormir sentada en el borde de la cama, cantando con la guitarra. Es algo que está en el ADN, ya venía de familia. Y otro detalle: tenía una tía abuela que tocaba el piano. En esa época, en casi todas las familias se aprendía piano, sobre todo las mujeres. —¿Cuándo fue la primera vez que sentiste el impacto del escenario? —Mi debut profesional fue en 1985 con Teresa Parodi. Me invitaron a tocar el acordeón una noche en un club de San Miguel. Toqué en un concierto de ella y después seguí. Empecé a armar mis grupos, mis cosas. En teatro, el debut fuerte fue en Buenos Aires, en 1994, en Los que vienen, en el Andamio 90. Ahí yo estudiaba y se armó un proyecto en el que mezclaban estudiantes con directores y actores profesionales. —¿Cómo fue que te encontraste con Ron Lalá? —Eso fue porque me fui de gira con Mabel Manzotti a España. Allá me contrató un grupo para un show de improvisación. Estando en Madrid conocí a los chicos de Ron Lalá, ellos ya hacían poemas con música. Yo buscaba formar un grupo de actores-músicos, ellos querían formarse como actores, así que lo sumamos todo y lo llevamos al teatro. Vi mucho talento ahí, en todos. Y a partir de ese momento, estuvimos 25 años sin parar. —¿Fue difícil transformar el grupo original en lo que es hoy? —Fue paulatino. Hacíamos jornadas de entrenamiento, sesiones de trabajo regular, mejorando. Ellos ya eran muy buenos músicos. Cuando hay que planear los espectáculos, ahí sí hace falta más estrategia y mirar bien qué vamos a hacer. Cada proceso de estreno demanda casi un año desde la concepción hasta la puesta en escena. Tenemos a Miguel Magdalena de director musical, Álvaro Tato escribe los textos, Juan Cañas, Daniel Rovalher y yo componemos la música, como también dirijo. Es un equipo multidisciplinario y completo. —Vos que viniste de Argentina, ¿cómo te adaptaste al humor y al público español? —No fue tan complicado porque ellos eran muy fans del humor argentino, de Les Luthiers en especial. A mí me interesaba el humor europeo, sobre todo el inglés, pero también humoristas españoles como Gila. Siento que el humor argentino va mucho más por la segunda intención, la vuelta, el “pensamiento lateral”, y el español tiene un surrealismo impresionante. Encontramos un punto en común, y también nos llevamos bien a nivel personal, lo que siempre ayuda. —¿La jerga española te jugó alguna vez una mala pasada? —Sí. Exige adaptación. Cuando llevamos espectáculos a la Argentina, siempre hay ajustes y cosas que retocar. Algunos chistes o referencias hay que adaptarlas para que se entiendan aquí. "Nuestros espectáculos son más teatrales; hemos hecho obras completas", asegura el director sobre las comparaciones con Les Luthiers (Gentileza Prensa) —¿Se consideran herederos de Les Luthiers o sienten que lo de ustedes viene por otro lado? —No lo veo así. Si vas al hecho de que tocamos y cantamos todos en escena, puede parecer similar. Pero nuestros espectáculos son más teatrales; hemos hecho obras completas como una versión de Don Quijote. Nuestro formato es obra, música en vivo, trama teatral. Les Luthiers trabajan con sketches y su viaje es siempre de la música culta a la popular; nosotros de la popular. Ellos van de frac, nosotros tenemos otro look. Es distinto, aunque a veces por fuera la gente confunda el estilo. —¿Ves diferencias entre la escena teatral argentina y la española? — Sí, diría que la presencia del teatro independiente argentino es potentísima. En España prevalece lo institucional. Allá la tradición teatral es mucho más larga, siglo XVI, el Siglo de Oro español. Nuestro recorrido es más corto, pero cada vez que vengo me sorprende la fuerza y la calidad del teatro independiente y sus actores en Argentina. Acá el teatro es un verdadero motor social. En España también hay teatro, continuamente, pero la gente lo vive distinto y hay subvenciones y apoyos estatales importantes, eso marca mucha diferencia a nivel de producción. La cultura es la identidad de un pueblo. Es cuestión de voluntad política. Ni más ni menos. —¿Qué te pasa con este regreso, después de quince años, al San Martín y al público argentino? – Estoy ilusionado, pero también nervioso. No veníamos desde 2010, la última fue en el ex Teatro de la Comedia, en Córdoba, que ahora es un gimnasio. Ahora llegamos con mucha ilusión y esa mezcla de ansiedad y nervios, por ver qué pasa, cómo nos reencuentra el público después de tanto tiempo. El martes tuvimos el primer encuentro en la sala para ensayar. Los días previos fueron de prensa, pero ahora sí nos metimos de lleno en la obra. Con las emociones a flor de piel, Yayo regresó con su agrupación al país y se desplazaron en la escena teatral argentina (Gentileza Prensa) —¿Qué esperás que viva la gente con este espectáculo? —Quiero que se diviertan, que se rían, que encuentren algo de alivio y de reflexión. El humor es algo sanitario, necesario; es la única forma de aliviar la tragedia de la vida. Me gusta pensar que nuestro espectáculo moviliza, filosóficamente: que el público se lleve algo, que se vaya renovado. —¿Volvés seguido a Argentina? —Vengo todos los años, sí. Y me quedo mucho tiempo en Buenos Aires, es una ciudad que adoro y a la que le debo muchísimo. —¿Qué te gustaría que deje esta visita? —Que deje la semilla para volver. Ojalá podamos venir todos los años, no perder nunca más el contacto con Buenos Aires, que es una capital del teatro mundial. Con una mezcla de humor, música y teatro, el elenco de Ron Lalá continúa dejando su huella arriba de las tablas (Gentileza Prensa) —¿Qué importancia le das a la música y el humor en la cultura? —Es fundamental. No existe ninguna escena trascendente en la vida de una persona que no tenga su música y humor propio de fondo. —¿Después del San Martín, a dónde siguen? —Volvemos a España, donde seguimos en gira, y luego iremos a un festival en Loja, Ecuador, en noviembre. Allá seguimos combinando el espectáculo que traemos acá, 4X4, con el nuevo, La Desconquista, con el que me encantaría volver a Buenos Aires dentro de poco. El regreso de Yayo y Ron Lalá al país no es solo una cita con el teatro, el humor y la música: es el reencuentro con una historia de pasión y raíces que supo cruzar fronteras. Sobre el escenario del Teatro San Martín, lo que vibra es mucho más que un espectáculo consagrado en Europa; es la emoción de volver a casa, el deseo de compartir risas, canciones y aplausos con un público que nunca olvidó. Cada función será, al fin, una fiesta para la memoria y el presente: la certeza de que el arte, cuando se hace con el corazón, siempre encuentra el camino de regreso.

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