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» Diario Cordoba
Fecha: 29/08/2025 19:01
El naufragio este jueves de una embarcación que partía desde Mauritania con rumbo a Canarias se ha convertido en la mayor tragedia migratoria registrada en la ruta hacia Canarias, considerada la más letal y peligrosa del mundo. 143 personas murieron y 16 lograron salvarse. Por el momento, se han recuperado los cuerpos de 70 personas, pero continúan las labores de búsqueda a la altura de la zona de M’haijratt, situada a unos 60 kilómetros al norte de Nuakchot –capital del país africano–, por lo que no se descarta la posibilidad de localizar algún cadáver más. La embarcación, con 160 personas a bordo y salida desde Gambia, naufragó tras una semana en alta mar, según relataron a las autoridades mauritanas los propios supervivientes –las cifras, que son muy superiores a las que en un principio se manejaban, ya que hablaban de unos 20 cadáveres y 17 supervivientes, son las que se tenían al cierre de esta edición–. El hundimiento se aleja de ser un suceso puntual y se suma a una larga lista de naufragios que han marcado la ruta atlántica. En los últimos años, tanto organizaciones sociales como la Organización de Naciones Unidas para las Migraciones (OIM) han reportado múltiples incidentes con decenas de muertos en cayucos hundidos en el Atlántico. Solo el año pasado 46.843 migrantes llegaron a España por la vía atlántica –nombre con en el que se conoce la ruta canaria–, mientras que 9.757 murieron intentando cruzarla, según datos de la ONG Caminando Fronteras. En porcentajes, cerca de un 20% –concretamente un 17,2 %– de personas que en 2024 recurrieron a esta vía para migrar perdieron la vida en el intento. Así, la OIM recoge en su página web que alrededor de 5.450 personas han fallecido o han sido dadas por desaparecidas desde 2014 en esta ruta. Desde el primer naufragio registrado en Canarias han pasado 26 años. El 26 de julio de 1999, frente a la isla de Fuerteventura, murieron nueve jóvenes procedentes de una zona rural de Marruecos, cuando la patera en la que viajaban impactó contra una roca. Entre los fallecidos –nueve jóvenes marroquíes– había un niño de 15 años. Una década después, la ruta migratoria hacia Canarias volvió a estar marcada por la tragedia. Un accidente ocurrido en febrero de 2009 cerca de la costa de Los Cocoteros, en Lanzarote, provocó la muerte de 25 personas, solo lograron salvarse seis. Durante años, esta última fue considerada la mayor tragedia migratoria en aguas isleñas, hasta que el 28 de septiembre de 2024, a unos pocos kilómetros de El Hierro, un cayuco se hundió: 63 personas fallecieron y 27 sobrevivieron. Solo se recuperaron nueve cuerpos. El 28 de mayo de este año, también en El Hierro, tuvo lugar el vuelco de una barquilla que se saldó con la vida de siete personas: cuatro mujeres adultas, dos niñas y una adolescente. Pero, pese a ello, la vía atlántica se mantiene como la principal puerta de entrada a Europa para las personas que migran por vía marítima, tras registrar un aumento de las travesías en los últimos años. El caso de Mauritania En este contexto, los trayectos entre las costas de Mauritania y las Islas Canarias son cada vez más frecuentes. Desde este país africano han partido la mayoría de los cayucos y pateras que, en los últimos años, han alcanzado el Archipiélago y cerca de un 70% de los accidentes documentados en la ruta atlántica corresponden a barquillas que inician el viaje desde la costa mauritana. El país funciona como un punto de tránsito para quienes escapan de la guerra de Mali. Razón que ha llevado a la Unión Europea a crear lazos con Mauritania para reforzar tanto la gestión fronteriza como la migratoria. Pero lejos de esta gestión, la tragedia en la ruta atlántica se ve agravada por múltiples factores. Las embarcaciones utilizadas, muchas veces precarias, sobrecargadas y en malas condiciones, aumentan el riesgo de naufragio. A esto se suman las duras condiciones climáticas, como tormentas, fuertes corrientes, oleadas y mareas, que dificultan aún más si cabe la travesía. Ahora, con el Atlántico en calma —que mejora las condiciones de navegación–, se prevé un repunte en las llegadas durante los próximos meses. Algo de lo que ya ha alertado en numerosas ocasiones el Ejecutivo canario y que ya en las últimas semanas se ha comenzado a notar. De hecho, el pasado domingo, un cayuco con 251 ocupantes —la embarcación más grande que ha llegado a la costa de Gran Canaria hasta el momento— fue rescatado a 429 kilómetros del sur de la Isla. A bordo viajaban 227 hombres, 24 mujeres y 19 menores migrantes no acompañados por un adulto. Este último colectivo, que tal y como se ha señalado desde diferentes instituciones es especialmente vulnerable, protagoniza el debate político del momento. Un embrollo que, pese a las muertes del Atlántico, sigue enfocado en la distribución de los niños y adolescentes migrantes por el territorio peninsular. En medio de la disputa entre las regiones gobernadas por el Partido Popular (PP) –que califican el reparto de los chicos y el decreto que lo sostiene de "injusto" al utilizar a los niños "como moneda de cambio"– y el Gobierno central –que acusa estas posturas de racismo–, la tragedia en el Atlántico persiste. Los naufragios, que comenzaron hace más de 20 años, lejos de detenerse, continúan de forma recurrente y las políticas migratorias se alejan de garantizar vías legales y seguras para migrar. Una realidad que el naufragio del cayuco que partía desde Mauritania puso de manifiesto hace apenas unos días. Suscríbete para seguir leyendo
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