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  • Una terapia en desarrollo fue probada en gatos y abre el camino el tratamiento de tumores agresivos en humanos

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 29/08/2025 12:47

    El gato Jak fue diagnosticado con un cáncer oral agresivo a los nueve años (Crédito: Tina Thomas) Jak, un gato mestizo negro de nueve años, recibió un diagnóstico que dejó a su familia sin aliento: tenía carcinoma escamoso de cabeza y cuello, un cáncer oral agresivo y difícil de tratar. Su veterinario comunicó que solo le quedaban entre seis y ocho semanas de vida. Ante este panorama, su dueña, Tina Thomas, buscó más opciones y conoció la existencia de un ensayo clínico para evaluar una intervención aún no probada. La expectativa de vida inicial para Jak era de seis a ocho semanas (Crédito: Tina Thomas) Dio su consentimiento para que el animal participara en un ensayo clínico para evaluar una potencial terapia dirigida. Ahora se conocieron los resultados en la revista Cancer Cell, que dan esperanza porque podrían ser beneficiosos para los seres humanos. Cáncer felino y vínculo con humanos Se hizo un ensayo clínico experimental con Jack y otros 19 gatos. El estudio fue publicado en la revista Cancer Cell (Imagen Ilustrativa Infobae) El carcinoma escamoso de cabeza y cuello en gatos suele detectarse tarde y limita las opciones de tratamiento. La similitud biológica de este cáncer en gatos y humanos impulsó a los científicos estadounidenses a probar una molécula capaz de bloquear una proteína clave tanto en animales como en personas. La idea partió de una experiencia personal de Jennifer Grandis, quien supo por su hermana veterinaria que los gatos con cáncer oral rara vez sobreviven más de dos o tres meses. El carcinoma escamoso felino limita las opciones de tratamiento en gatos (Imagen Ilustrativa Infobae) La científica llevó adelante el estudio junto con Daniel Johnson y Katherine Skorupski, de la Universidad de California, en San Francisco (UCSF), y la Universidad de California en Davis. Eligieron modelos felinos reales, que padecen cáncer de manera espontánea, para asegurar resultados más confiables. “Nuestros estudios muestran que las mascotas con cáncer pueden ser buenos modelos de la enfermedad humana”, sostuvo el doctor Johnson. Generalmente, se usan ratones como modelos de experimentación. Pero no reflejan la complejidad del cáncer. En cambio, la participación de gatos en ensayos favorece la obtención de datos más cercanos a la realidad de la enfermedad en humanos, según los investigadores. Animales en ensayos clínicos La terapia probada bloquea la proteína STAT3, clave en el avance tumoral (Imagen Ilustrativa Infobae) “Queríamos más tiempo con él. Supe de este ensayo y quise que participara”, explicó la cuidadora del gato Jack. Fue uno de los veinte gatos que integraron el estudio pionero sobre la nueva molécula dirigida contra los tumores. Durante su participación, Jak recibió dosis semanales de la molécula experimental. Sus síntomas, como el lagrimeo constante del ojo, mejoraron de forma notoria. Logró vivir más de ocho meses tras el diagnóstico y compartió una Navidad más con su familia. La intervención consiste en administrar un fragmento de ADN cíclico especialmente diseñado para bloquear la proteína STAT3, que es responsable del crecimiento y supervivencia de las células cancerosas. Esta molécula impide que STAT3 active genes ligados al desarrollo tumoral. Además, potencia la respuesta inmune antitumoral al elevar proteínas defensivas como PD-1. Cómo funciona la potencial terapia Los modelos felinos reales ofrecen datos comparables a los humanos (Imagen Ilustrativa Infobae) El beneficio principal del tratamiento radica en frenar la progresión de la enfermedad. De esta manera, puede prolongar la vida de los gatos. El estudio realizado fue un ensayo clínico abierto de un solo brazo en el que veinte gatos domésticos con diagnóstico confirmado de carcinoma escamoso de cabeza y cuello recibieron el tratamiento experimental. No existió un grupo de control, por lo que todos los felinos participaron bajo el mismo protocolo y fueron monitoreados para evaluar la seguridad y la eficacia preliminar de la molécula diseñada para bloquear la proteína STAT3. Los investigadores contaron con subsidios de los Institutos Nacionales de Salud y el Centro de Salud para los Animales de Compañía para realizar el ensayo. La terapia en desarrolló aumentó la proteína PD-1 y fortaleció la respuesta inmune (Freepik) La intervención consistió en administrar el fármaco de manera intravenosa en dosis semanales durante un mes. Los registros mostraron que siete de los veinte gatos respondieron al tratamiento con estabilización o reducción del tumor durante el periodo de estudio. En los casos de respuesta positiva, la supervivencia media se incrementó a 161 días. Esto significa que se superó ampliamente la expectativa de vida habitual para esta enfermedad, que suele estar limitada a dos o tres meses luego del diagnóstico. Los investigadores observaron mejorías en los síntomas y apenas reportaron efectos adversos relevantes. Solo se detectó anemia leve en algunos gatos, un problema frecuente en pacientes felinos oncológicos y que no se asoció solamente al nuevo fármaco. El estudio en gatos abre la puerta a futuros ensayos de la terapia en pacientes humanos. (Imagen Ilustrativa Infobae) El estudio también verificó que el fármaco logró aumentar la expresión de la proteína PD-1 en las células tumorales. Este dato aporta una segunda vía de acción y sugiere que la terapia podría potenciar la capacidad natural del sistema inmune para combatir el cáncer. En cuanto a futuros pasos, los científicos prevén diseñar ensayos clínicos en humanos con tumores de cabeza y cuello que expresan STAT3. Utilizarán los mismos principios moleculares y los aprendizajes obtenidos en los gatos. El avance hacia pruebas en personas requerirá estudios que analicen seguridad, dosificación y respuesta clínica, bajo protocolos regulados y supervisados. Los resultados del trabajo en gatos podrían ser la base para ensayos clínicos en más animales y en humanos/ Crédito: Freepik En diálogo con Infobae, el doctor Daniel Alonso, investigador del Conicet en el Centro de Oncología molecular y traslacional de la Universidad Nacional de Quilmes, comentó tras leer el artículo: “Me parece muy interesante el abordaje en cuanto al ensayo en gatos. La intervención es una molécula que evita que se exprese una proteína que favorece el desarrollo del tumor. Por eso, es una terapia dirigida para impedir que el tumor crezca”. El investigador estuvo a cargo de una investigación básica y luego un ensayo clínico con el uso de desmopresina en perras con cáncer de mama en la Argentina. Los resultados de ese trabajo en animales sirvieron de base para poder avanzar en estudios clínicos en humanos. La fase II ya se hizo con pacientes en Argentina, y una empresa de Canadá está por hacer un ensayo en fase III.

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