29/08/2025 03:24
29/08/2025 03:24
29/08/2025 03:24
29/08/2025 03:23
29/08/2025 03:23
29/08/2025 03:23
29/08/2025 03:22
29/08/2025 03:22
29/08/2025 03:22
29/08/2025 03:22
Parana » Informe Digital
Fecha: 29/08/2025 00:40
El primer ministro francés, François Bayrou, enfrenta una etapa de intensa inestabilidad política ante la moción de confianza programada para el 8 de septiembre. A pesar de las proyecciones desalentadoras que pronostican su rechazo en la Asamblea Nacional y, por ende, su posible dimisión, confía en un cambio en la situación política antes de la votación. “Estoy convencido de que las cosas van a cambiar en los próximos once días”. Con esta afirmación, el primer ministro dejó en claro su expectativa de un giro de última hora que pueda alterar la correlación de fuerzas y evitar la caída de su gobierno. El temor ante la crisis se manifiesta en sus declaraciones más recientes, en las que ha señalado la gravedad de la situación financiera en Francia y el impacto del creciente endeudamiento. Los intereses de la deuda encabezan sus preocupaciones. Bayrou recordó que al principio de la década, la carga anual por intereses era de 30.000 millones de euros, cifra que en 2024 habrá escalado a 60.000 millones. Se prevé que para 2025 asciendan a 66.000 millones y para 2026, a 75.000 millones, con proyecciones que superarían los 100.000 millones anuales si no se produce un cambio en la política económica. Así lo expresó el jefe de Gobierno durante un evento organizado por la patronal Medef, donde advirtió que el aumento de los intereses podría poner en riesgo toda la estructura económica francesa si no se lleva a cabo un ajuste significativo. Entre las propuestas más controvertidas figura la supresión de dos días festivos, medida que, según Bayrou, generaría un ahorro de 4.000 millones de euros. Lamentó que el debate público y político se haya centrado en esta reforma, relegando a un segundo plano la urgencia del ajuste presupuestario. La respuesta de la oposición ha sido contundente y abarca todo el espectro parlamentario, tanto de izquierda como de derecha. Todos los partidos adversos al Gobierno han anunciado su intención de votar en contra de la moción de confianza, lo que podría resultar en la caída del gabinete de Bayrou. Así, el debate presupuestario se convierte en una contienda por el futuro político del primer ministro, quien busca consolidar respaldos mediante negociaciones directas con las principales formaciones. Con el objetivo de alcanzar consensos, Bayrou convocó a los partidos a una reunión el 1 de septiembre, con la esperanza de persuadirlos sobre la magnitud de la crisis y acordar una hoja de ruta que garantice la estabilidad. Sin embargo, las posibilidades de un acuerdo parecen muy limitadas. La Francia Insumisa (LFI), primer partido opositor de izquierda, anunció a través de su coordinador Manuel Bombard que no participará en la reunión, considerando que se trata de una maniobra para extender la permanencia de Bayrou en el poder. Los Ecologistas tampoco asistirán, justificando su falta de interés. Por su parte, el Partido Socialista, manteniendo la formalidad institucional, acusa al primer ministro de haber traicionado sus promesas de apertura política desde su llegada en diciembre, postura que ha reiterado en los últimos días. Además, en el bloque de extrema derecha, la Agrupación Nacional (RN) de Marine Le Pen confirmó su asistencia al diálogo, aunque anticipó que continuará votando en contra del Gobierno en la moción del 8 de septiembre. El primer ministro ha enfatizado en una entrevista con TF1 que la viabilidad de cualquier pacto depende de que los partidos reconozcan la urgencia de reducir el gasto y contener la deuda, condición que considera esencial para evitar el rechazo en la moción de confianza. En este contexto, el presidente Emmanuel Macron ha expresado públicamente su respaldo a Bayrou durante el consejo ministerial, aunque el jefe de Gobierno descarta la posibilidad de disolver la Asamblea Nacional o anticipar elecciones. La magnitud de la crisis política ha sido subrayada por medios como TF1, que describen la activación del artículo 49.1 de la Constitución como una maniobra arriesgada en un escenario tan volátil. Si el Gobierno es desplazado el 8 de septiembre, se abriría una nueva etapa de incertidumbre, a menos de un año de la salida de Michel Barnier del poder. El ex primer ministro Gabriel Attal resaltó la urgencia de contar con un presupuesto aprobado antes del cierre del año y cuestionó a la oposición por priorizar la disolución parlamentaria en lugar de soluciones efectivas. Attal afirmó que “los impuestos y las tasas son una carga para los empresarios”, defendiendo la necesidad de un cambio en el modelo económico. El Partido Socialista ha intensificado su papel como alternativa, elaborando propuestas para el ajuste fiscal que no respaldarán la confianza en Bayrou. Desde la derecha radical, Jordan Bardella, presidente del RN, calificó la convocatoria de la moción de confianza como un “suicidio político” y sostuvo que, ante el actual estancamiento, solo cabría regresar a las urnas, ya sea mediante la disolución de la Asamblea Nacional o incluso la renuncia de Macron. Por ahora, la política francesa permanece en un compás de espera: mientras la deuda y su financiamiento continúan creciendo, los actores institucionales y la sociedad civil aguardan la definición de la moción de confianza. El desenlace del 8 de septiembre se perfila como un punto de inflexión capaz de redefinir tanto la composición del Gobierno como la política económica en Francia. (Con información de EFE y AFP)
Ver noticia original