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  • Los últimos días de Kurt Cobain: las señales que nadie vio, el detective que lo investigaba y el mensaje para su hija

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 04/04/2025 03:20

    Nirvana toca el tema con que cierra su Unplugged para MTV: "Where did you sleep last night" ("Dónde dormiste la última noche") Seattle, 1994. el electricista Gary Smith se dirigió a la casa del número 171 de Lake Washington Boulevard con la rutina de quien va a instalar un sistema de iluminación nuevo. La residencia, semiescondida entre árboles, tenía vista al lago y todos en el barrio sabían que pertenecía a una figura famosa. Smith no esperaba encontrar lo que encontró. Eran poco más de las ocho de la mañana del 8 de abril. En la habitación encima del garaje, detrás de un vidrio empañado, percibió una figura inmóvil. Un cuerpo. Pensó al principio que se trataba de un maniquí. Pero no lo era. El cadáver yacía con una escopeta sobre el pecho. Al costado, un objeto escrito. Una carta. Y un nombre que ya no necesitaba presentación: Kurt Cobain, vocalista de Nirvana, rostro visible del movimiento grunge, icono de una generación. Tenía veintisiete años. Su hija, Frances Bean Cobain, había cumplido un año hacía pocos meses. Era el 5 de abril de 1994. Cobain no estaba desaparecido. Su esposa, Courtney Love, había contratado a un investigador privado, Tom Grant, días antes, preocupada por su silencio. Se sabía que había huido de un centro de rehabilitación en Marina del Rey, California, el 1 de abril. Había abordado un avión hacia Seattle con una identidad falsa. Nadie supo más de él hasta que su cuerpo fue hallado. Las autoridades forenses fecharon la muerte el 5 de abril. La autopsia reveló una fuerte sobredosis de heroína, combinada con diazepam, un tranquilizante. Y un disparo de escopeta, dirigido a la cabeza. Nota suicida de Kurt Cobian Un disparo y una ciudad que no volvió a sonar igual El rostro de Kurt Cobain estaba desfigurado. La escopeta Remington M11 calibre 20 había sido apuntada a su boca. La escena era brutal y al mismo tiempo silenciosa. Las paredes no presentaban signos de lucha. No se hallaron huellas de otras personas. Solo la carta manuscrita, dejada sobre una maceta, parecía intentar explicar lo inexplicable. El informe del forense no dejó dudas en el registro oficial: la causa de muerte fue suicidio con arma de fuego y toxicidad múltiple por sustancias. La sangre de Cobain contenía 1,52 mg/l de morfina —derivado metabólico de la heroína—, una cantidad que excedía ampliamente el límite que permite cualquier acción física consciente. Para algunos, ese dato implicaba una contradicción. Si la cantidad era tan elevada, ¿cómo pudo cargar, manipular y disparar una escopeta tan pesada? Para las autoridades, esa pregunta no cambió el diagnóstico. Kurt Cobain con su hija Frances (Instagram/@thespacewitch) La carta que no se dirigía a nadie vivo “Hablan de la carta de suicidio, pero no era una carta de despedida”, declaró Tom Grant semanas después. El papel, escrito con tinta roja y dirigido a “Boddah”, un amigo imaginario de la infancia de Cobain, no mencionaba el deseo de morir. No directamente. Hablaba de desesperanza. De desconexión emocional. De la imposibilidad de seguir sintiendo algo real al tocar música. Decía: “Siento que la gente me odia… la mayoría del tiempo parezco un bebé quejumbroso”. En un pasaje que los forenses llamaron la posdata, aparecen las únicas menciones a Courtney Love y Frances: “Courtney, por favor seguí adelante. Por Frances. Por su vida que va a ser mucho más feliz sin mí”. Ese párrafo, por su tono y su ubicación, fue objeto de innumerables discusiones. Algunos expertos en caligrafía afirmaron que los trazos no coincidían con los del resto del texto. Otros señalaron que el cambio en la letra no necesariamente implica falsificación, pero si un deterioro progresivo del trazo producto del consumo de drogas o del estado mental del autor. Las autoridades archivaron el asunto. Para el Departamento de Policía de Seattle, la carta era parte de un suicidio claro. Para muchos seguidores —y algunos investigadores—, era una pieza ambigua, el inicio de un rompecabezas sin final. Cobain junto a su pareja Courtney Love y su hija Frances (Photo by Terry McGinnis/WireImage) La voz que se quebró en Roma Un mes antes, el 4 de marzo de 1994, Kurt Cobain había sido ingresado de urgencia en un hospital de Roma tras una sobredosis de Rohypnol combinada con champán. Courtney Love afirmó, entonces, que había sido un intento de suicidio. Él lo negó. Dijo que fue accidental. Los médicos italianos catalogaron el episodio como una intoxicación, pero sin signos concluyentes de intencionalidad. Ese fue el último momento en que se lo vio en público. De regreso en Estados Unidos, su salud se deterioró con velocidad. Se encerraba en su casa. Evitaba llamadas. En sus últimos días, se movió por Seattle con discreción. Algunos testigos lo vieron en un parque, solo, escribiendo en una libreta. Otros lo ubicaron en un centro comercial, con una saco y gafas de sol. TOdo fue una carrera en la cual el desenlace final fue su suicidio el 5 de abril. Un impacto que atravesó generaciones La noticia se expandió en cuestión de horas. A las pocas cuadras de la casa en Seattle, comenzaron a reunirse adolescentes con camisas a cuadros y ojos enrojecidos. Luego llegaron las cámaras. La cadena MTV interrumpió su programación con un especial. En Nueva York, adolescentes hicieron vigilias con velas. En Buenos Aires, radios alternativas pasaron “All Apologies” durante horas. Algunos de los objetos que se hallaron en la casa de Kurt Cobain (Departamento de Policía de Seattle) El 10 de abril de 1994, Courtney Love leyó fragmentos de la carta frente a cientos de fans en el parque Seattle Center. “Estoy muy triste —dijo—. No sé qué hacer. Pero voy a leerles esto para que sepan lo que él decía”. Cuando llegó a la parte final, gritó: “¡Maldito cobarde!”. Luego arrojó copias de la nota al público. Fuga en Los Ángeles: el inicio del fin La mañana del 1 de abril de 1994, Kurt Cobain abandonó las instalaciones del Exodus Recovery Center, un centro de rehabilitación ubicado en Marina del Rey, California. Se escapó sin que nadie lo impidiera. Saltó un muro perimetral, tomó un taxi y, según registros posteriores, se dirigió al aeropuerto de Los Ángeles. Voló a Seattle con un pasaje emitido bajo el nombre falso de “Bill Bailey”, un alias familiar: el nombre de nacimiento de su padre biológico. Ese gesto no fue improvisado. Había llevado consigo su billetera, algo de dinero en efectivo y una pequeña bolsa con efectos personales. No dejó notas. No se despidió. Nadie lo detuvo. Nadie lo siguió. Courtney Love, que se encontraba en Los Ángeles, no supo que Kurt había desaparecido hasta que recibió una llamada del centro. Intentó rastrearlo. Llamó a amigos. Se contactó con Dylan Carlson, compañero y confidente de Kurt. Finalmente, contrató a Tom Grant, un ex detective del condado de Los Ángeles. Grant comenzó a seguir los rastros con un grabador en el bolsillo. Durante días, reconstruyó los pasos de Cobain: una compra de cartuchos para escopeta, una visita a la tienda de armas, una breve parada en casa de Carlson. El 2 de abril, Carlson y Cobain compraron una Remington M11 calibre 20 en una armería de Seattle. La transacción fue legal: Carlson firmó los papeles. “Me dijo que era para proteger su casa”, recordaría Carlson después. Tras los pasos de Cobain Entre el 2 y el 4 de abril, varias personas reportaron haber visto a Cobain. Un taxista afirmó haberlo llevado desde el aeropuerto hasta su casa. Un joven que trabajaba en un local de guitarras dijo que Kurt se detuvo unos minutos a ver un amplificador. Otro testimonio lo ubica en un parque, sentado bajo un árbol mientras escribía en una libreta. Tom Grant, mientras tanto, había logrado acceder a la casa de Cobain en Seattle junto a Carlson. El 3 de abril, recorrieron los ambientes principales, buscaron pistas, pero no revisaron el invernadero sobre el garaje. Una omisión fatal. Allí, en ese pequeño cuarto estaba el cuerpo del líder del grunge. Al salir de la casa, Grant presionó a Courtney para denunciar oficialmente la desaparición. Love estaba, según el informe del detective, “nerviosa”. Le habló del intento de suicidio en Roma. Le dijo que Cobain tenía un arma. Le confesó que temía lo peor. Parte del texto de la carta de Cobain eran para su pareja Courtney Love y su hija Frances Los actores que rodearon la escena Tom Grant no fue testigo, pero fue pieza clave. Contratado por Love, grabó llamadas, reunió documentos, y tras la muerte, se convirtió en una de las voces más insistentes en denunciar inconsistencias. Según su hipótesis, Cobain fue asesinado y la escena fue manipulada para simular un suicidio. Dylan Carlson, amigo cercano, fue quien firmó por la escopeta. Visitó la casa con Grant. No revisó el invernadero. No alertó a la policía. “No creí que lo haría”, dijo años más tarde. Courtney Love dio señales ambiguas. Fue quien contrató a Grant, pero también quien evitó dar ciertos pasos clave. Su comportamiento fue interpretado como errático. La rodearon sospechas, pero nunca se presentaron pruebas en su contra. Michael DeWitt, el niñero de Frances, estuvo en la casa en los días críticos. Fue él quien abrió las puertas a Grant. Nunca mencionó el invernadero. Nunca advirtió olores. Nunca escuchó un disparo. En la carta, Cobain escribió: “Tengo una hija que me recuerda demasiado a cómo era yo. Llena de amor, alegría y sabiduría”. La mención final a ella —”Frances, estaré en tu vida de una forma o de otra”— ha sido interpretada como un mensaje de despedida, aunque cargado de ambigüedad. Courtney Love, en declaraciones posteriores, diría: “Yo sabía que no podía seguir así. Pero nunca imaginé que él se iba a ir de verdad”.

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