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  • A 25 años de la muerte de Mirko Saric, el caso que interpeló al fútbol argentino: “Era un pichón de Redondo, el dolor es para siempre”

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 04/04/2025 02:40

    La estampa de Saric, en un enfrentamiento ante Racing (FotoBaires) “Era un pichón de Redondo, lo más similar que había visto a Fernando Redondo. Tenía un timing impresionante ya de chico. Fue una gran pérdida, lo quería como si fuera un hijo. Era muy respetuoso y un compañero inmejorable para todos. Estaba en todos los detalles, no te faltaba a un entrenamiento. Y las condiciones naturales que tenía... Verlo jugar y convivir con él era maravilloso”. Hace 25 años, Mirko Saric, el pichón de Redondo del que habla Roberto Mariani, el DT de la Reserva de San Lorenzo que le diseñó la plataforma para el salto a la élite, buscaba resurgir tras sufrir la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha. Había llegado a jugar 41 partidos en Primera y había convertido cuatro goles. Lo había buscado el Real Madrid, dispuesto a pagar 10 millones de dólares por su ficha (el Ciclón lo había tasado en 13 millones). Incluso en plena rehabilitación, el Mallorca había ofertado USD 5.000.000 para llevárselo. Pero nada de eso sucedió. El 4 de abril de 2000, hace 25 años, Mirko Saric, mediocampista elegante, con estirpe de organizador de juego, se quitó la vida. Y su caso interpeló al fútbol argentino, que entonces todavía no tenía incorporado al gabinete psicológico como una pata natural en su ecosistema, que no supo cómo acomodarse ante semejante e inesperado golpe. Dominaba (¿y domina?) el axioma que marca que el jugador de fútbol “se entrena dos horas por día y cobra fortunas”, el paradigma del deportista privilegiado. La situación hizo sonar las alarmas mucho más allá de las fronteras del Ciclón: ¿hasta dónde el cuerpo y la mente de las jóvenes promesas -tenía apenas 21 años- están preparadas para soportar las presiones, el peso de los deseos, la proyección de los sueños? “Un día me golpea la puerta, me dice: ‘¿Puedo hablar con vos?’. ¿Qué estaba esperando yo? Que dijera ‘mirá, a mí por izquierda no me gusta jugar’, yo lo hacía jugar por izquierda; ‘no tengo marca’, no sé… Me senté en la cama y me dice… ‘No le encuentro sentido a la vida’. Así, de la nada. Yo le dije: ‘Tenés a tu papá, tu mamá, tus hermanos, tus amigos, los pibes del plantel te quieren, firmaste contrato, jugás al fútbol, ¿qué es lo que querés?’. ‘No me pasa por ahí’, me respondió. Yo no sabía otra cosa. Entonces lo llamé a su papá y le conté. Me avisó: ‘Quedate tranquilo que está tratándose con un psiquiatra’. Y después pasó lo que pasó”, supo narrar Oscar Ruggeri, en aquel tiempo entrenador de la Primera del Cuervo, sobre cómo se quedó sin herramientas ante un desafío que no tenía a la redonda como llave. “De familia bárbara, le hice firmar a (Fernando) Miele -presidente del club- un contrato por tres años, le dije: ‘Este pibe la rompe, firmale contrato porque te lo van a sacar…’. Una facha infernal, le tenía que sacar las pibas del hotel cuando concentrábamos. Todo, en condiciones de decir: ‘¿Qué problema’?”, insistió el Cabezón, sin respuesta aún con el paso de los años. Con Berni Romeo. Mirko debutó en la élite en 1996. Llegó a jugar 41 partidos en Primera y convirtió cuatro goles (FotoBaires) Es que los años tampoco brindan una respuesta. En 2020, su familia reveló que, además de la transferencia trunca y la lesión que había puesto en pausa su despegue, vivía un problema personal que no logró superar. “Mirko estaba feliz porque había sido papá. Era una chica del barrio y sabíamos cómo se manejaba cuando él estaba concentrado… La enganchaban con muchos pibes. Pagó fortuna por un ADN para él, la madre y el nene. Dio negativo. Un día me llama con voz de ultratumba y me dice: ‘Mamá, venite urgente para casa’. Cuando llego me muestra los resultados y me dice: ‘¡Tenías razón mamá!’. Lloraba a más no poder. Te juro que en mi vida quise tener la razón. Ojalá hubiera sido de él porque si ese hijo hubiera sido suyo, no se hubiera matado”, contó Ivana, su mamá, en una entrevista con Infobae, de la que también participó su hermano Martín, ex delantero del elenco azulgrana, Sportivo Luqueño, Nueva Chicago y distintos conjuntos de Europa y la MLS. Pero aún con el acompañamiento de sus compañeros y el cariño que le prodigaban en el club; en una época en la que los pibes surgidos de La Cicloneta de Mariani eran los preferidos de los hinchas; con el cobijo de su familia, con el porvenir que marcaban sus condiciones; nada fue suficiente para anticiparse a la decisión. Saric había saltado a la élite de nuestro fútbol el 22 de diciembre de 1996, frente a Unión de Santa Fe, con apenas 18 años, reemplazando a un tal Néstor Gorosito. Su técnica y versatilidad impactaron en cada alfarero que lo tuvo entre sus manos, empezando por el citado Mariani, histórico formador, que también fue ayudante de campo de Carlos Bilardo en la selección argentina campeona y subcampeona del mundo en 1986 y 1990, respectivamente. “Apenas asumo la responsabilidad de conducir las Inferiores, me dijeron que había que construir una gran fábrica de jugadores. Comencé con las prácticas y pruebas con muchos de los chicos y, apenas lo vi a Mirko, me impactaron su presencia, el manejo del balón, la proyección que tenía para finalizar jugadas. Era un adelantado”, describió aquella primera impresión. “Su pérdida me produjo un inmenso dolor. El dolor es para siempre, cada vez que lo recuerdo lo siento como una tragedia. Era una sonrisa diaria. No había día en que llegara al entrenamiento de Primera que no pasara por el vestuario de juveniles para saludar a todos. Verlo jugar era deleitarse. Amaba el fútbol. Tenía una responsabilidad profesional ya de criatura. Lo veías y sabías que iba a llegar sí o sí. Nunca un problema, era toda gratitud la que recibías de su parte. Era un ejemplo. Aglutinaba a sus compañeros en reuniones, era un chico sensacional”, ofreció una radiografía de los años que vivió junto a él. Real Madrid y Mallorca quisieron llevárselo (FotoBaires) “Hubiera sido un grande en el fútbol argentino e internacional. Ya tenía una cotización millonaria en ese tiempo. Cuando pasó lo que pasó, yo estaba dirigiendo a Brown de Arrecifes y me vine volando por esa Ruta 8 que era un peligro, aparte, con tormenta; No lo podía creer. Había estado con el padre en Aeroparque, le había preguntado por él. Fue un desenlace imprevisto”, completó, con la voz entrecortada. Así como Mariani terminó de cincelarlo para el fútbol grande, quien le abrió la puerta de la élite fue Carlos Aimar. “Yo lo subí a Primera, era un chico muy correcto, respetuoso, con un muy buen físico, muy claro para jugar y distribuir la pelota”, lo definió el CAI hace unos años ante la consulta de Infobae. “Cuando le di la oportunidad respondió con carácter, me sorprendió. Cada chico tiene su personalidad, hay futbolistas a los que les cuesta jugar con presión, a otros no. En él, no se notaba, tenía mucha presencia”, añadió el histórico ladero de un docente como Carlos Timoteo Griguol. “Cuando los chicos suben a Primera, en general tienen una racha muy buena, pero después pasan por una meseta, caen en un bajón. Algunos vuelven como grandes figuras y otros no salen de esa meseta. Depende de la personalidad, del apoyo de la familia, del grupo; son muchos los factores”, describió el DT sobre la evolución lógica de los jóvenes que tocan Primera, al tiempo que reveló que “no podía creer cuando me contaron lo que había pasado. Un pibe joven, con tanto futuro por delante…”. No todos llegan a asentarse. No todos tienen un alto nivel de tolerancia a los golpes. Y hay golpes más fáciles de digerir que otros. Sus mejores rendimientos los tuvo como volante central, con el joystick del mediocampo, manejando los tiempos. El pico de su nivel lo tuvo en 1999. Vaya paradoja, en diciembre de ese año, en un duelo de Reserva frente a River, sufrió la lesión que le quitó el envión que traía, el que lo había puesto en la vitrina de Europa. En ese contexto recrudeció su problema personal. “Era un chico muy sencillo, sensible, tranquilo, sin maldad. Nunca una pelea. Era muy amigo de Félix Benito. El día previo al desenlace, me acuerdo, se entrenaron por la tarde. Y yo estaba en la entrada de la Avenida Varela del predio de San Lorenzo. Estaban lesionados y se fueron los dos juntos en el auto de Benito, que era un Ford Fiesta gris metalizado. Yo los quise parar para hacerle una nota a Mirko. Entendieron que los estaba saludando, así que saludaron y se fueron. Eso fue un lunes a la tarde. Y el martes a la mañana lo encontró la familia”, evoca Martín Flores, periodista de las radios Continental y Splendid, que en ese entonces seguía el día a día del Ciclón y le tocó trabajar en una coyuntura tan angustiante como compleja. Lo mismo le sucedió a Marcelo Máximo, entonces cronista del diario Olé. “Eran mis últimos días como pasante. Recuerdo que llegué a la redacción para luego asistir a la práctica de San Lorenzo, previo al viaje en el que se jugaba su última ficha en busca de la clasificación a los octavos de final de la Libertadores frente a Cerro Porteño en Paraguay”, contó. Pero la planificación mutó diametralmente. “Nunca se está preparado para la cobertura de un hecho tan triste y doloroso. Me limité a observar y abrazar desde la sensibilidad que el periodismo -o al menos mi interpretación sobre nuestro rol- debe tener para contar algo así”, apuntó. “La última vez que lo vi fue del jueves o viernes de la semana anterior. Estábamos en la puerta de Varela con otros periodistas. Venía en una camioneta grande; él, junto a Félix Benito. Se estaba recuperando de la lesión en la rodilla. Cruzamos dos o tres palabras; le preguntamos cómo estaba. Fue una escena de dos o tres minutos, la rutina de la salida del entrenamiento. Esa es la última imagen que tengo”, sumó el ahora profesor de DeporTEA. El caso Saric interpeló al fútbol a todo nivel. Las miserias quedaron al descubierto, sin red. Es que después de tamaño golpe, apenas 48 horas después, San Lorenzo debió jugar contra Cerro Porteño para definir la clasificación en el Grupo 5 de la Copa Libertadores. “El plantel estaba muy golpeado. No quería ir a Paraguay y San Lorenzo pidió la autorización, pero no se la dieron. El miércoles a la mañana fueron el velatorio y el entierro. Y a la tarde los jugadores viajaron a Paraguay. Fue todo muy doloroso”, aportó el Bocha Flores. En ese momento no hubo consideración alguna ni desde la organización ni desde el otro Ciclón, el guaraní. El elenco de Boedo cayó 3-1 y quedó en el camino. Mirko, junto a su hermano Martín, delantero que supo jugar en Argentina y en el exterior “Ruggeri estaba muy mal. Después de lo que pasó, todos los días, antes de ir al entrenamiento, pasaba por el Cementerio de Flores”, reveló Flores sobre el hoy analista de TV, que siguió como entrenador de San Lorenzo hasta principios de 2001 -tuvo una segunda etapa en 2006-. El domingo 9, la pelota siguió rodando sin empatía. El Cuervo tropezó 1-0 ante el Boca de Carlos Bianchi, con gol de Juan Román Riquelme a los 21 minutos de acción. Antes del clásico, la madre, las dos hermanas y Martín Saric ingresaron ayer al terreno de juego del Nuevo Gasómetro en agradecimiento por las muestras de apoyo recibidas. Cuando se dirigieron al área que da espaldas a la tribuna local, escucharon el atronador “se siente, se siente, Mirko está presente”. Mirko sigue presente hoy, a 25 años de su muerte; como recordatorio de que detrás de cada futbolista hay una persona; de que detrás de las luces, de la pasión que blurea el raciocinio, hay una historia. En el país existe el Centro de Asistencia al Suicida Buenos Aires. Cualquier persona en crisis puede llamar confidencialmente marcando 135 (línea gratuita) o al (011) 5275-1135 las 24 horas del día. Está también el Centro de Atención al Familiar del suicida (CAFS): Tel. (011) 4758-2554 (cafs_ar@yahoo.com.ar – www.familiardesuicida.com.ar).

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