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    » Diario Cordoba

    Fecha: 03/04/2025 17:48

    La nueva sentencia de Dani Alves pudiera sorprender a profanos en cuestiones de Derecho Penal. Pero para los que nos dedicamos a esto, nuestra lectura es muy distinta. A ver, podemos estar más o menos de acuerdo con el fallo, pero a lo que nunca nos atrevemos es a dar lecciones de buen derecho en un tema en el que no hemos intervenido como parte acusadora o defensiva ni, por supuesto, podríamos en el actual contexto democrático, propugnar a los cuatro vientos que dicho fallo no responde a un análisis discutible y por tanto susceptible de recurso de casación, sino a una mente retrógrada de esos magistrados que han elaborado la sentencia, que no se han nutrido de la experiencia y la pericia sino de violencia institucional contra las mujeres. ¡Qué fuerte! Lo digo por la ministra de Hacienda y su grito cegado de populismo irresponsable y ansioso de votos contra la presunción de inocencia. Así no, señora ministra. No se puede pretender desde distintos púlpitos sociales importantísimos, presionar al sistema de separación de poderes ni poner verde al sabio arbitrio de los jueces. Sepa usted -que quizá lo sabe qué es lo peor- que esta sentencia no es cuestión de izquierdas o derechas o de mentes juristas ancladas en el antiguo régimen donde la mujer nunca tenía más credibilidad que el varón sino, con mayor o menor fortuna, del análisis de la prueba. Porque hoy, cuando un juez absuelve a un presunto violador es porque el análisis de la prueba no ha podido desvirtuar el principio de presunción de inocencia y no porque esté en contra de la igualdad de las mujeres o abogue porque perviva contra ellas impunemente la violencia de género e institucional. Sí, me ha sorprendido para mal, muy para mal -y mira que acostumbro a aplaudirla- que la ministra de Hacienda, con sus declaraciones en forma de mitin, no apoye un recurso ante el Supremo (que hubiera sido algo dentro de lo normal aun cuando el ejecutivo debe respetar siempre al poder judicial), sino que directamente grite a la gente que la nueva sentencia de Dani Alves es una vergüenza y que, de nuevo, se utiliza interesadamente la presunción de inocencia para salvar a un violador y denostar la credibilidad del testimonio de las mujeres. De ello se derivan dos cosas: que esta señora muestra impunemente una peligrosa y denunciable actitud ante nuestro digno sistema penal con su absurdo desafío, porque pone en enfrentamiento dos conceptos jurídicos que son totalmente compatibles como es la presunción de inocencia y el análisis de la credibilidad de un testimonio; pero también demuestra ignorancia de la buena evolución democrática que ha tenido la credibilidad del testimonio de la mujer contra el varón que la agrede. Vamos a ver, de siempre se ha dicho que ante la palabra de uno contra la de otro, había que absolver porque ante una prueba de cargo y otra de descargo al mismo nivel, no hay más remedio que hacerlo. Posteriormente, ante los casos de violencia de género, se dejó establecido que no sería así, y que el testimonio de la víctima de violencia valiera doble, es decir, como denunciante y como testigo de sí misma. Con lo cual, ya no había la paridad esa absolvía y el Tribunal Supremo dejó establecido que el solitario testimonio de la víctima podría ser suficiente para condenar. O sea, ya no era la palabra de una contra la del otro sino la palabra de dos, denunciante/testigo, contra la versión del denunciado; dos contra uno igual a condena. Pero claro, que el testimonio de la víctima valga doble no significa que se erija sin más en un derecho a condenar. Este testimonio debe ser sometido a análisis de veracidad. Y eso no tiene nada que ver con el sexo de la persona sino con su verosimilitud en el relato de hechos. Por tanto, que la número dos del Gobierno desprecie los mecanismos de recurso y propugne al pueblo que los jueces de la segunda instancia del caso de Dani Alves ejercen violencia institucional contra las mujeres protagonizando sin miramiento alguno toda una arenga populista a favor de la crispación social, aparte de mostrar desde la cúspide del Ejecutivo una total falta de respeto a la separación de poderes y por ende a nuestra democracia, en cierto modo ejerce una forma encubierta de corrupción. Porque corrupción política no solo es robar, que también es engañar al pueblo para ser votado. Y esto, sí que es una vergüenza.

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