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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 02/04/2025 03:04
Grafton Tanner, filósofo, profesor norteamericano y autor de "Porsiemprismo", habló con Infobae sobre la exaltación de los productos y hechos del pasado como mercancía Vivimos en un presente que se niega a dejar atrás el pasado. Franquicias cinematográficas que no mueren, líderes políticos que vuelven una y otra vez -y se resisten a pasar la posta-, tecnologías que prometen revivir experiencias y hasta voces de personas fallecidas. Detrás de esta tendencia hay un concepto: porsiemprismo (o “foreverism”, en inglés). Quien bautizó esta noción es Grafton Tanner, un filósofo estadounidense que desde hace tiempo investiga sobre las implicancias de la nostalgia. Escribió tres libros sobre el tema: Un cadáver balbuceante (publicado en castellano por la editorial Holobionte, en 2022), The Circle of the Snake (2020) y Las horas han perdido su reloj (Alpha Decay, 2022). Sin embargo, el regreso desde el pasado bajo nuevas formas tecnológicas y económicas, como las franquicias y otros artificios culturales que, según el autor, se trata de un bicho nuevo que dista de aquella antigua emoción humana, demasiada humana. Sería una especie de nueva “inmortalidad”, como describe su prologuista, Ezequiel Gatto, en el homónimo libro editado por Caja Negra, o una tendencia impulsada por rechazar e impedir lo irrepetible. En esta entrevista con Infobae Cultura, el académico y profesor adjunto en el Departamento de Estudios de Comunicación de la Universidad de Georgia, explica cómo opera esta lógica, qué emociones bloquea y qué riesgos implica para la cultura, la política y la creatividad. —¿Qué significa exactamente el concepto de “porsiemprismo”, tal como lo trabajás en tu último ensayo? — Es un término que encontré después de investigar un poco sobre la nostalgia, en una publicación de marketing de Trendwatching, creo que de 2009. Probablemente, nadie lo leyó o pocas personas lo hicieron, pero me crucé con ese término que curiosamente describía unos patrones que había notado en la cultura y la política en los últimos cinco años. Defino el “porsiemprismo” como un discurso que se usa a menudo en la política, la cultura, la tecnología, que hace promesas sobre qué cosas pueden durar para siempre, o ser reformuladas para permanecer vigentes indefinidamente. Este discurso promete no solo mantener algo, sino también de revivir objetos culturales, ideas o ideologías del pasado, traerlos al presente y reformularlos de manera que puedan durar para siempre. Un ejemplo claro es el reboot de una película: una nueva versión que se rehace en el presente, incluso cuando todavía no es una franquicia. Luego se toman decisiones sobre cuántas más se podrían rehacer en el futuro. Star Wars es el gran ejemplo de esto: fue relanzada y continúa expandiéndose con nuevas películas. La idea —y esto es algo que los propios productores de Star Wars han dicho— es seguir haciendo contenido de Star Wars para siempre, mientras puedan, para ganar dinero. "Star wars: The Last Jedi", es una de las últimas películas del reboot de la franquicia Star Wars —¿Y cuál sería el problema de esta lógica? —Puede ser problemática. Una de las razones por las que quise escribir el libro es que el “porsiemprismo” elimina ciertas emociones humanas que aparecen cuando las cosas terminan. La nostalgia es una de ellas. Lo que propone este discurso es que no hace falta extrañar nada, porque todo puede volver, actualizarse o permanecer. Pero la nostalgia es una emoción humana legítima: sentimos nostalgia cuando algo estuvo disponible y ya no lo está. Es parte de la experiencia de pérdida, de cierre, de final. Cuando se reinicia una vieja franquicia de películas, o incluso un viejo candidato político -en Estados Unidos, la reelección de Donald Trump es en sí misma el reboot político definitivo-, la gente usa la palabra “nostalgia” para describir ese regreso del pasado. Dicen: “Ah, esta nueva versión de tal película es solo nostalgia” o “este candidato que promete hacer América Grande Otra Vez, es solo nostalgia”. En realidad, la nostalgia es una emoción humana que sentimos cuando deseamos algo que ya no está presente. Nos obliga a repensar la nostalgia. El filósofo norteamericano Grafto Tanner, autor de "Porsiemprismo" (Ed. Caja Negra) (@graftontanner) Otra cuestión es que este fenómeno puede cerrar el paso a ciertas emociones humanas naturales, que solemos experimentar cuando algo termina o cuando perdemos algo, como la tristeza o el duelo. Al prometer que algo se mantendrá vivo para siempre, no podés extrañarlo ni ponerte triste si desaparece, porque se supone que no va a desaparecer nunca más. Al menos, esa es la promesa. Por último, diría que otro problema del “porsiemprismo” es que, aunque su intención sea eliminar sentimientos nostálgicos, en realidad no lo logra. Las personas aún pueden sentir nostalgia por el original, tal vez incluso más. Con Star Wars, mucha gente añora y siente nostalgia por la trilogía original. De hecho, en el libro cito a Kathleen Kennedy, productora ejecutiva de LucasFilm, que admitió que ese es un problema con el que están lidiando. — ¿Cree que este tipo de práctica cultural se están naturalizando? — Creo que sí. La experiencia de que algo termina, como cuando alguien muere o pierde un candidato, genera tristeza, decepción, duelo. Son todas emociones humanas que aparecen en culturas de todo el mundo. Existe una especie de universalidad emocional que está bien sentir, aunque no sean agradables. Lo interesante de la nostalgia es que no es una emoción completamente negativa, tiene algo de positivo también. La gente puede sentir algo lindo por haber vivido. De hecho, hay investigaciones en psicología social que muestran que las personas que sienten nostalgia tienden a ser más abiertas, más sociables, y disfrutan compartirla. Pero cuando la cultura promete eliminar esos sentimientos, presentándolos como un problema que hay que resolver. A veces uno la siente, la atraviesa y sigue con su vida. La idea de figuras como Donald Trump pueda decir: “Deberías sentir nostalgia por este pasado, y yo soy quien te va a liberar de ese sentimiento trayéndolo de vuelta al presente”, le da a la nostalgia una mala fama. Siendo sincero, la nostalgia ya tiene mala prensa. No necesita más ayuda de Trump. El presidente estadounidense, Donald Trump, sostiene una gorra "MAGA" (REUTERS/Leah Millis) El ensayo de Tanner señala que la industria del entretenimiento, con sus franquicias, obedece a una dinámica ajena a la de las películas o series tradicionales. Lo que manda es el “contenido”, que es inagotable y se consume rápidamente. Lo efímero coincide, en este punto, con la reproducción eterna. “Las producciones de Marvel son como el escrol infinito: las películas se ven en un flujo constante, que siempre se está reabasteciendo a sí mismo sin fin“, afirma. Además, la estrategia “porsiemprista”, como hecho cultural, colonizaría también otras actividades de la economía, con la ayuda de los centros de datos (data center). “Existe hoy todo un negocio de industrias que lucran ofreciendo servicios a los individuos para que continúen en contacto con sus amigos, mantengan sus empresas, para que sus relaciones sigan adelante o puedan prolongar sus vidas. Se proponen algunas teorías para extender la vida humana, desde subir nuestra mente a una computadora hasta congelar nuestro cuerpo a temperaturas criogénicas”, define el profesor de Georgia. Incluso, la tecnología de “la nube", que almacena archivos con recuerdos personales, persigue este espíritu técnico. “El punto no es necesariamente preservar información, sino conservar la información en un lugar accesible que nos permite interactuar con ella para siempre”. Un arma política Los usos de la historia ha sido un recurso recurrente por los dirigentes y partidos políticos. Según Tanner, la apelación a esta inspiración o programa, adopta un tinte “porsiemprista” en la actualidad. Las campañas electorales recurrían a una promesa de futuro, que el país no se aferre a un pasado y progrese. Ahora, se imponen discursos que advierten sobre lo que podría pasar si no se restaura una utopía anterior, convenciendo a la población de un presunto paraíso perdido por el qué pelear. Sin embargo, Tanner advierte un problema cuando estos proyectos se materializan en la realidad. Los intentos pueden ser frustrantes y producir enojo. “Lo que los restauradores descubren es que el reboot del pasado en el presente no es como el original. Se ve diferente, no huele del mismo modo. Suena como una vieja banda que se vuelve a reunir: un poco oxidada, ya no es tan buena”. —¿El “porsiemprismo”, cuando se utiliza en política, es un fenómeno exclusivo de la derecha? ¿Puede haber una nostalgia de izquierda? — Bueno, la derecha y la izquierda en la política estadounidense usaron la nostalgia hasta cierto punto. Históricamente, la derecha ha sido la que más la incorporó en su retórica. Es algo que han encontrado útil. Es esencialmente el modelo de Trump. “Vamos a revivir ese pasado por el que sentís nostalgia, lo vamos a fijar en el presente y no lo vamos a perder nunca más”, plantea, para que sus seguidores no tengan que extrañar nada. Los progresistas liberales en EE.UU tienden a estar orientados hacia el futuro; hablan mucho de la esperanza. En cambio, la nostalgia mira hacia el pasado. Pero son emociones que pueden cruzarse; Barack Obama, por ejemplo, usó las dos. Pero lo estamos viendo en todas partes: desde discursos presidenciales hasta empresas tecnológicas que prometen, por ejemplo, usar inteligencia artificial para recrear la voz de un ser querido fallecido para que puedas hablar a través de un parlante inteligente. El último ensayo del filósofo Grafton Tanner —¿El “porsiemprismo” obstaculiza la creación de ideas nuevas? —Sí. En las grandes productoras de la industria del entretenimiento -Paramount, Netflix, Amazon, etc.- vemos que es mucho más probable que prefieran revivir una propiedad intelectual ya existente o una franquicia antigua, antes que crear una nueva. No quiere decir no lo hagan, pero claramente hay una tendencia fuerte a “reiniciar”. Ganar dinero rehaciendo una vieja serie o película, hasta convertirla en una franquicia, es “porsiemprismo” en la práctica. En EE.UU., hace años hubo una caricatura infantil exitosa llamada The Powerpuff Girls (NdR: “Las chicas superpoderosas”). Su creador, Craig McCracken, presentó como 30 propuestas nuevas para series originales a Netflix. Todas fueron rechazadas. Y le dijeron: “¿Qué tal si reiniciás The Powerpuff Girls?” Y él respondió algo como: “Bueno, supongo que sí”, porque quería trabajar. Son decisiones que las toman las productoras, no quieren arriesgarse. Es una decisión económica. —¿Qué le recomendarías a alguien que consume esos reboots o remakes? —Creo que lo primero es entender que lo que está ocurriendo no es nostalgia, ni tampoco refleja lo que el público quiere. Muchas veces, con los reboots, te preguntás: “¿Quién quería esto? ¿Quién siente tanta nostalgia por esta película como para que la revivan?” Estas decisiones las toman personas poderosas -en política, medios, en el entretenimiento-. Son ellos quienes deciden qué del pasado “vale la pena” revivir. Creo que es importante saber cuándo nos están invitando a sentir una emoción, y cuándo esa emoción parece inyectada desde afuera. Podés aceptar esa invitación… o no. —¿Vale la pena resistirse a esta lógica? —Creo que sí. Por ejemplo, alguien puede estar molesto por un nuevo reboot y decidir no verlo. Pero cuando el porsiemprismo aparece en la política, las consecuencias son más serias. Hay que recordar que la política electoral es un juego emocional: se trata de hacer que el electorado sienta algo. Y por mucho tiempo, como dijimos antes, la derecha ha sabido usar la nostalgia para apelar al público y ganar votos.
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