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» Noticiasdel6
Fecha: 27/02/2025 22:43
(Por Martín Sereno) (*) La crisis que atraviesa el sector yerbatero es el resultado directo de la desregulación impuesta por el Gobierno Nacional, que bajo el dogma de un mercado “libre” ha entregado el control de la actividad a las grandes corporaciones. Pero la yerba mate no es un producto más: es el sustento de miles de familias en Misiones y su producción depende de un equilibrio que hoy está roto. Desde hace décadas, el sector yerbatero enfrenta una desigualdad estructural entre los grandes molinos—que no son más de cinco y concentran el poder de la industria—y los pequeños y medianos productores, que dependen de precios justos y de regulaciones que garanticen su subsistencia. La facultad del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) de cupificar las plantaciones era una herramienta clave para evitar la sobreoferta y la especulación de los grandes actores. Sin embargo, este gobierno ha decidido desmantelar esas regulaciones, permitiendo que el mercado se “autorregule”. En los hechos, eso significa que ganan los grandes y pierden los pequeños. La desregulación del INYM nos ha llevado a una crisis comparable con la de los años 90, cuando los productores, asfixiados por los precios irrisorios que pagaban los molinos, terminaron arrancando los yerbales y vendiendo sus tierras. Se produjo un éxodo rural que diezmó a comunidades enteras. Hoy estamos en un escenario similar: los productores reciben menos de la mitad de lo que deberían cobrar por su yerba y, peor aún, en pagos diferidos, lo que hace inviable su actividad. Después de un año entero de conflicto, donde ni siquiera se cubrieron los costos de producción, el sector decidió ir al paro de cosecha, una medida extrema pero necesaria ante el ahogo económico. Este paro golpea especialmente a los más vulnerables: los pequeños productores y los tareferos. Mientras los medianos pueden sostenerse por un tiempo, los pequeños dependen exclusivamente de la zafra para sobrevivir. Y para los trabajadores rurales, que esperan todo el año para la cosecha, esta crisis es devastadora. Sin yerba que cosechar, no hay trabajo, y sin trabajo no hay ingresos. Para colmo, el gobierno ya dejó en claro que no pagará el subsidio interzafra, dejando a más de 15.000 familias de tareferos a la deriva. En total, son más de 30.000 familias en Misiones las que están siendo directamente afectadas. Mientras tanto, la industria no tiene apuro. Ha acumulado stock de yerba canchada y, en un acto de absoluto desprecio por la producción nacional, está importando yerba de países vecinos. Se ha comprobado que esa yerba importada no tiene la misma calidad ni los controles sanitarios de la nuestra, llegando incluso con presencia de metales pesados. Un yerbatazo para visibilizar el problema Frente a esta crisis, el sector productivo ha intentado todos los caminos posibles: reclamos institucionales, administrativos, movilizaciones, acampes. El gobierno ha ignorado sistemáticamente cada uno de ellos. Por eso, este viernes realizaremos un yerbatazo frente al Congreso, llevando diez mil kilos de yerba para vender a mil pesos—un valor que en el mercado no existe—y así exponer la brutal diferencia entre lo que se le paga al productor y lo que el consumidor paga en las góndolas. El objetivo es claro: instalar el problema en la agenda pública y exigir que el Estado recupere su rol regulador. Necesitamos la restitución del INYM con todas sus potestades, para volver a cupificar la producción y fijar precios que permitan a los productores vivir de su trabajo. También es necesario modificar su estatuto, para que no dependa de unanimidades imposibles y se asegure una representación real de los pequeños productores y los trabajadores rurales. La ecuación es simple: hoy, los molinos y los supermercadistas son los que se llevan la mayor parte de las ganancias, mientras que los productores y tareferos apenas sobreviven. Sin intervención del Estado, esta actividad está condenada a desaparecer, como muchas otras economías regionales que están siendo destruidas por las políticas libertarias del gobierno. El mercado no se regula solo. Si el Estado no equilibra las relaciones de fuerza, las corporaciones se apropian de todo. Y cuando se desmantelan las herramientas de regulación, el resultado es el que estamos viendo: concentración, explotación y exclusión. No podemos permitir que la yerba mate, un símbolo de nuestra identidad y una fuente de trabajo para miles de familias, sea víctima de la avaricia empresarial y la complicidad de un gobierno que mira para otro lado. Esta lucha es por la dignidad de quienes trabajan la tierra y sostienen la economía real. Es por el derecho de los productores a recibir un precio justo y de los trabajadores rurales a un salario digno. Es por la soberanía productiva y por el buen vivir de nuestro pueblo. Y no vamos a parar hasta que el Estado asuma su responsabilidad y garantice reglas de juego que prioricen a los que trabajan por sobre los que especulan. La lucha sigue. (*) Diputado provincial MC. Tierra Techo Trabajo. Secretario General Movimiento Evita Misiones. Referente UTEP (Unión de Trabajadores de la Economía Popular)
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