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Parana » Ahora
Fecha: 26/02/2025 02:08
Como si se desatara el nudo de la garganta de dios, la lluvia cae repentinamente, un sinfín de puñales líquidos cuartean la cara de cada hoja y cada rama. Corremos a entrar el ténder con la ropa recién tendida. Una urgencia nueva corre entre nosotras, las mujeres de la casa que andamos entre los niños y las cosas. El enredo de juguetes y los gritos aparecen consistentes como otros cuerpos. Pensarían en loros sueltos de sus árboles, pero es una madeja de directivas impostergables, órdenes precisas nacidas de adentro. Mujeres que se cuidan entre sí. Afuera queda un colibrí, mi hija dice que cayó entre la planta de burro, la que usamos para el mate. Sin enfundarnos, salimos y corremos esquivando hormigueros o charcos. Imaginamos un picaflor tornasolado como un arcoiris en el hueco de la palma, podría ahogarse con pocas gotas, podría también escabullirse antes que parpadeemos. Volvemos al techo con las manos vacías, con los hombros brillantes, con las pestañas cargadas de un peso nuevo. Imaginamos cosas que no pasaron y nos mojamos. Eso es una buena tarde de lluvia. Minutos donde creímos en el cuento. El bebé marca su aliento en las ventanas. Los sonidos crecerán como su pelo, como un papel que se suelta contra el viento y es un pequeño avión, una nave o un pájaro, un pez que no se ahoga persiste con sus marcas. La casa es ahora alegría aunque no pronunciemos la palabra, nos acordaremos de este lunes, con las gotas como piedras quietas en los vidrios, con la boca redonda como un repollo creciendo entre las malezas, un círculo perfecto (adentro podría estar la perla). Recordaremos el lunes con las plumas que vimos mientras cerramos los ojos. *
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