Inspirada por el Espíritu para salir a evangelizar
El Capítulo II de la serie sobre la vida de santa Mama Antula. El padre Ramón Tenti cuenta su origen, su condición de mujer, su rol como laica y, sobre todo, su dimensión espiritual profunda.
La expulsión de los jesuitas mediante la "Pragmática de Extrañamiento" promulgada por Carlos III el 2 de abril de 1767 trajo consecuencias nefastas para las provincias del virreinato en todos los órdenes: religioso, social, educativo, cultural y político. Dicha ley, que legislaba la expulsión de todos los jesuitas de los dominios de la Corona de España, incluyendo los de ultramar, y la confiscación de sus bienes, promovió la prohibición y persecución de todo lo que fuera jesuita o tuviera vinculación con ellos.
En el plano religioso, las parroquias, capellanías y otras instituciones fueron distribuidas entre el clero regular la mayoría y el clero secular, que no siempre lograron éxitos semejantes a los jesuitas. Se prohibieron devociones, fueron suprimidas cátedras jesuitas, doctrinas ligadas a los padres de la compañía. Los Ejercicios Espirituales desaparecieron casi por completo, ocasionando un deterioro severo en la vida religiosa y moral de la población. Las misiones fueron confiadas a otras órdenes religiosas y congregaciones que no lograron hacerlas florecer, ya sea por el rechazo de los aborígenes o por carecer de la capacidad empática de establecer vínculos con ellos, incluso por el desconocimiento de las lenguas indígenas.
La expulsión de la Compañía de Jesús trajo como consecuencias una disminución en la vida de fe de las poblaciones del Virreinato y este fue el kairós, el tiempo oportuno, para que emerja una figura que no solo remediará esta sino que, como un estandarte luminoso, volverá a encender la antorcha de la fe con la práctica de los Ejercicios Espirituales para gloria de Dios y salvación de las almas.
Cuando los jesuitas fueron expulsados, María Antonia tenía alrededor de 37 años y 22 de consagrada como beata de la Compañía de Jesús. Es cierto que este acontecimiento causó un gran dolor en su vida y seguramente su fe se habrá visto ensombrecida por semejante injusticia. Pero, al igual que su amado "Manuelito", habrá elevado una plegaria de aceptación y entrega a la voluntad de Dios.
Esta situación fue el kairós, tiempo oportuno de gracia divina, que posibilitó que Dios le "inspirara" un nuevo llamado dentro del llamado al seguimiento que había recibido desde joven. El Señor le pedía una nueva misión. Y ella, que era tan sensible a los pedidos de su Divina Majestad, no tenía otra opción que renovar su sí con total entrega y disponibilidad: "Yo no sé qué otra cosa mejor puedo hacer que ofrecerme ciegamente al Señor todos los días de mi vida para que haga en mí su santa voluntad" (MA).
En la Carta al Padre Juárez, Mama Antula dice respecto de cómo empezó a organizar los Ejercicios: "Los principios yo no sé decirlos, sino solo Dios los sabrá, cómo me entró tan fuertemente esta inspiración" (26 de mayo de 1785). Dios le inspiró esta misión: mantener la lámpara encendida de la fe a través de los Ejercicios Espirituales. Esta inspiración no es solo una moción (movimiento del Espíritu Santo) en un momento determinado de su vida que la llevó a emprender esa misión, sino la suave brisa de la presencia de Dios en todo su camino, no solo para poner en práctica los Ejercicios, sino para cumplir cada día su voluntad. Esto no significa que no haya tenido momentos de confusión, incluso dudas respecto al modo de llevar adelante la misión que Dios le encomendó, pero fue siempre dócil, confiada en la Providencia Divina.
Kairós e inspiración son sin lugar a dudas dos claves para comprender la vida y la obra de Mama Antula, que tiene mucho que decirnos a los cristianos de hoy.