Brasil define su rumbo político en una elección marcada por la disputa entre Lula y el bolsonarismo
Más de 158 millones de brasileños están habilitados para votar este domingo en unos comicios que pueden definir mucho más que el futuro del gobierno. Luiz Inácio Lula da Silva busca un nuevo mandato frente a Flavio Bolsonaro, en una contienda atravesada por la polarización, la influencia de Donald Trump, el rol de la Justicia y el avance de la derecha en América del Sur.
Brasil llega a una nueva jornada electoral con un escenario abierto y una disputa presidencial que concentra la atención de toda la región. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva busca retener el poder y alcanzar un nuevo mandato, mientras que el senador Flavio Bolsonaro, hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, intenta capitalizar el voto opositor y completar el giro hacia la derecha que se viene registrando en distintos países sudamericanos.
La elección brasileña se desarrolla en un contexto de fuerte polarización política, con una campaña atravesada por cuestiones económicas, seguridad, el futuro de los programas sociales, el rol del Supremo Tribunal Federal (STF) y, especialmente, la relación con Estados Unidos.
El resultado también tendrá impacto regional. Brasil representa cerca de la mitad de la población y del Producto Bruto Interno de América del Sur y constituye, junto con México, uno de los principales contrapesos políticos y económicos frente al avance de gobiernos de derecha en el continente.
En los últimos años, el mapa político sudamericano experimentó un marcado desplazamiento hacia posiciones conservadoras. En ese contexto se inscriben los cambios de gobierno en Bolivia, Chile, Colombia y Perú, además de la continuidad de administraciones de derecha en otros países de la región.
Una elección atravesada por Trump
La influencia de Estados Unidos se convirtió en uno de los elementos centrales de la campaña brasileña. La relación entre Lula y el presidente estadounidense Donald Trump atravesó buena parte del proceso electoral y sumó tensión a la disputa entre el oficialismo y el bolsonarismo.
La Casa Blanca aplicó aranceles a determinados productos brasileños y sanciones contra funcionarios del país, en una medida vinculada con las acciones judiciales contra Jair Bolsonaro. El expresidente fue condenado a más de 27 años de prisión por la trama golpista posterior a su derrota electoral de 2022.
Inhabilitado para competir, Bolsonaro respaldó a su hijo Flavio, quien pasó a ocupar el lugar central dentro de la estructura electoral del bolsonarismo.
El senador fue recibido por Trump en la Casa Blanca y presentó a Brasil como uno de los principales escenarios de disputa política del hemisferio. Desde el oficialismo brasileño, en cambio, Lula respondió reivindicando la soberanía nacional y rechazando cualquier intento de injerencia externa.
En las últimas horas, la tensión volvió a quedar expuesta luego de que Estados Unidos cerrara temporalmente su embajada en Brasilia y sus consulados en el país debido a una supuesta amenaza de bomba. La Policía Federal investigó el episodio sin encontrar elementos que confirmaran el riesgo.
La campaña de Lula solicitó que el hecho sea investigado como una eventual interferencia externa en el proceso electoral y apuntó contra sectores vinculados al gobierno estadounidense.
Lula y Flavio llegan cabeza a cabeza
Los sondeos muestran una elección sumamente ajustada. De acuerdo con el último estudio de Datafolha mencionado en la campaña, Lula concentra alrededor del 42% de la intención de voto, frente al 38% de Flavio Bolsonaro.
En votos válidos, la diferencia se reduce todavía más, con aproximadamente 45% para el actual presidente y 42% para el candidato opositor.
Estos números anticipan un posible balotaje previsto para el 25 de octubre, donde ambos aparecen prácticamente empatados: 47% para Lula contra 46% para Flavio.
El escenario representa un desafío para el oficialismo. Lula nunca había llegado a una elección presidencial con una diferencia tan estrecha desde su primera victoria en 2002.
El antecedente inmediato también pesa. En 2022, cuando enfrentó a Jair Bolsonaro, llegó a la segunda vuelta con una ventaja mayor, pero terminó imponiéndose por una diferencia de apenas unos dos millones de votos.
Otro dato que preocupa a ambos espacios es el nivel de rechazo. Cerca del 45% de los consultados afirma que no votaría de ninguna manera por Lula ni por Flavio, lo que anticipa una segunda vuelta marcada más por el rechazo al adversario que por la adhesión plena a alguno de los candidatos.
Dos modelos para Brasil
La disputa electoral también enfrenta dos propuestas diferentes sobre el papel del Estado y las prioridades económicas y sociales del país.
Lula propone reducir la jornada laboral hasta las 40 horas semanales sin disminución salarial, mantener la política de recomposición real del salario mínimo y ampliar los programas sociales.
Además, plantea la creación de un Ministerio de Seguridad Pública y establece como objetivo alcanzar la deforestación cero para 2030.
Flavio Bolsonaro, por su parte, propone una reducción del tamaño del Estado, con menos ministerios y una política orientada a reducir impuestos. Su discurso económico recoge parte de las ideas impulsadas por el presidente argentino Javier Milei, especialmente en materia de reducción del gasto público y desregulación.
En materia de seguridad, el candidato opositor plantea una política de mayor dureza contra el crimen organizado y propone declarar a determinadas organizaciones criminales como grupos narcoterroristas.
También plantea la construcción de cinco cárceles de máxima seguridad y una reforma de las relaciones entre el Poder Ejecutivo y el Supremo Tribunal Federal.
La Justicia, en el centro de la campaña
Uno de los principales protagonistas de esta elección fue el Poder Judicial.
El STF quedó en el centro de la disputa política a partir de los procesos contra Jair Bolsonaro y otros dirigentes de su espacio. La situación generó fuertes cuestionamientos desde el bolsonarismo, que acusa a determinados magistrados de exceder sus funciones.
La controversia aumentó a partir del escándalo relacionado con el Banco Master y el banquero Daniel Vorcaro, detenido en el marco de la investigación.
El caso alcanzó tanto a Flavio Bolsonaro como al juez Alexandre de Moraes, uno de los principales referentes del STF y magistrado que intervino en causas contra el expresidente.
La disputa judicial terminó trasladándose directamente a la campaña electoral.
Incluso un debate televisivo previsto para la recta final de la campaña fue cancelado después de una controversia vinculada con la decisión de Lula de no participar y una resolución judicial que impedía utilizar determinadas imágenes relacionadas con su ausencia.
Flavio Bolsonaro terminó retirándose del debate y denunció una supuesta censura.
El episodio volvió a poner sobre la mesa uno de los temas centrales de su campaña: la necesidad, según el candidato, de limitar el poder del Supremo Tribunal Federal.
El voto de la derecha será determinante
Con los dos principales candidatos prácticamente consolidados, una de las grandes incógnitas es qué sucederá con el electorado de las demás fuerzas políticas.
Flavio busca absorber el voto de los candidatos menores de derecha y evitar una dispersión que pueda impedirle llegar al balotaje con posibilidades competitivas.
Desde el bolsonarismo sostienen que buena parte de esos votantes terminaría respaldando a Flavio en una segunda vuelta, aun cuando actualmente apoyen a otros candidatos.
El oficialismo, en cambio, intenta evitar la abstención y fortalecer especialmente la participación de los sectores de menores ingresos, considerados históricamente una de las bases electorales más importantes de Lula.
En ese sentido, la campaña oficialista puso el foco en medidas adoptadas durante las últimas semanas, entre ellas el aumento del programa Bolsa Familia y nuevas restricciones sobre las apuestas online.
También circularon informaciones falsas sobre supuestas medidas que Flavio adoptaría en materia religiosa, un fenómeno que volvió a demostrar el peso de las redes sociales y la desinformación en una campaña altamente polarizada.
La abstención puede definir la elección
Uno de los factores que pueden inclinar el resultado es la participación electoral.
En 2022, la abstención rondó el 21%, lo que significó que más de 30 millones de brasileños no concurrieran a votar.
El dato adquiere especial importancia porque una diferencia muy pequeña entre los candidatos podría hacer que un volumen relativamente reducido de votos termine definiendo la elección.
Analistas políticos también advierten sobre un cierto cansancio de la sociedad después de varios años de intensa polarización.
Una parte del electorado que participó activamente en las elecciones de 2018 y 2022 aparece ahora menos movilizada, en un contexto en el que la confrontación entre lulismo y bolsonarismo dejó de generar el mismo nivel de entusiasmo.
San Pablo, otra elección clave
Además de la elección presidencial, los resultados en los estados serán seguidos con especial atención.
Uno de los principales focos estará puesto en San Pablo, el estado más importante del país y uno de los principales centros económicos y políticos de Brasil.
La eventual reelección del gobernador Tarcísio de Freitas podría tener consecuencias importantes para una segunda vuelta presidencial. El dirigente es uno de los referentes más importantes del espacio de derecha y mantiene vínculos con el bolsonarismo.
La incógnita será hasta qué punto se comprometerá con una eventual campaña de Flavio en el balotaje.
Una jornada que definirá mucho más que la Presidencia
Más de 158 millones de brasileños están habilitados para votar entre las 8 y las 17, mediante el sistema de urna electrónica.
Además de elegir presidente, los brasileños definirán 27 gobernadores, dos tercios del Senado y la totalidad de la Cámara de Diputados.
Por eso, el resultado tendrá consecuencias sobre la capacidad de gobernabilidad del próximo presidente.
Si Lula consigue imponerse, deberá afrontar un escenario legislativo y regional complejo, mientras que una eventual victoria de Flavio Bolsonaro significaría el regreso directo del bolsonarismo al poder, aunque esta vez bajo el liderazgo de una nueva generación de la familia.
El resultado también será observado con atención desde el resto de América Latina. Una victoria de Lula representaría la continuidad de uno de los principales gobiernos de izquierda de la región, mientras que un triunfo de Flavio profundizaría el desplazamiento político hacia la derecha que atraviesa buena parte de Sudamérica.
La elección, por lo tanto, no solo definirá quién ocupará el Palacio del Planalto. También marcará el rumbo de Brasil en su relación con Estados Unidos, el futuro de la política regional y el equilibrio de fuerzas en América del Sur.
Y con una diferencia mínima entre los principales candidatos, la verdadera definición podría comenzar recién después de que se conozcan los resultados de la primera vuelta.