¿Qué está frenando la baja de la pobreza en Argentina?
La desinflación produjo una mejora social muy rápida. Pero los últimos datos muestran que ese impulso empieza a perder fuerza y que la próxima etapa tendrá reglas distintas. ¿Qué hará falta para que la pobreza siga bajando?
Durante buena parte de los últimos dos años, inflación y pobreza se movieron casi como un espejo. Cuando los precios se aceleraron, la pobreza saltó. Cuando la inflación comenzó a bajar, los ingresos recuperaron terreno y millones de personas volvieron a quedar por encima de la línea de pobreza.
Esto tiene una explicación bastante sencilla. La pobreza se mide comparando cuánto dinero tiene cada hogar con lo que cuesta una Canasta Básica Total (CBT), que funciona como una vara para determinar quién queda por debajo de la línea de pobreza. Si los ingresos de un hogar aumentan menos que esa canasta, puede quedar por debajo de la línea; si aumentan más, puede volver a superarla. Por eso, cuando los precios suben rápidamente, los ingresos tienen que correr cada vez más rápido para no perder terreno. Cuando la inflación se desacelera, en cambio, es más fácil que los ingresos recuperen parte de lo perdido.
Ese mecanismo explica buena parte del recorrido desde el 53% de pobreza del primer semestre de 2024 hasta el 28% de fines de 2025. Pero los últimos datos empiezan a mostrar que esa etapa está llegando a un límite. En la primera mitad de 2026, la pobreza volvió a ubicarse por encima del 32%, aun en un escenario de inflación mucho más baja que dos años atrás.
La pregunta relevante ya no es tanto por qué subió cuatro puntos sino qué hace falta para que vuelva a bajar.
Qué hay detrás del aumento de la pobreza
Una pista aparece al mirar un indicador menos conocido: la brecha de pobreza. Si la Canasta Básica Total (CBT) funciona como una vara que marca el límite entre pobreza y no pobreza, la brecha muestra qué tan lejos están, en promedio, los ingresos de los hogares pobres de alcanzar esa vara.
En el primer semestre de 2024, esa distancia era del 43%. Con la desaceleración de la inflación, se redujo hasta el 36% a fines de 2025. Lo llamativo es lo que ocurrió después: en el primer semestre de este año, la brecha siguió en 36%, pero aumentó la cantidad de personas que quedaron por debajo de la línea de pobreza.
Dicho de manera sencilla: la vara no se alejó más de quienes ya estaban debajo de ella, pero más personas quedaron del lado de abajo. Esto sugiere que muchos de los nuevos pobres son hogares que estaban cerca de la línea y, ante una evolución de sus ingresos menos favorable que la de la CBT, terminaron cruzándola.
La pregunta entonces es qué está pasando con esos ingresos. Y ahí aparece el mercado de trabajo.
Un mercado laboral menos dinámico
La inflación alta golpea especialmente a quienes trabajan en la informalidad, porque sus ingresos suelen actualizarse con retraso. Cuando los precios se estabilizan, esos trabajadores tienen más posibilidades de recuperar poder de compra. Por eso la desinflación tuvo un impacto social tan importante.
Pero ese beneficio no puede repetirse indefinidamente. Una vez recuperada parte de lo perdido contra la inflación, para que los ingresos familiares sigan creciendo hace falta otra cosa: más personas trabajando y, sobre todo, mejores empleos.
Los datos muestran que allí está hoy una de las principales dificultades. Entre fines de 2023 y el segundo trimestre de 2026 se perdieron alrededor de 260 mil empleos asalariados privados registrados. Al mismo tiempo, el crecimiento del empleo se concentró principalmente en formas más precarias, especialmente el cuentapropismo informal.
Esto ayuda a entender por qué una economía puede tener mucha menos inflación y, al mismo tiempo, encontrar dificultades para seguir reduciendo la pobreza.
El desafío de transformar estabilidad en empleo
Para que la pobreza retome una trayectoria descendente, el foco tiene que pasar a dinamizar la creación de empleo formal. Eso supone avanzar con una reforma laboral que reduzca costos de contratación, especialmente para las pymes, pero también terminar de normalizar el funcionamiento de la economía.
Entre los puntos pendientes aparecen la eliminación de lo que queda del cepo, la normalización del mercado de crédito y la reducción de impuestos distorsivos que encarecen producir y contratar. Estas trabas afectan especialmente a actividades como la industria, la construcción, el comercio y los servicios, sectores clave porque concentran una porción importante del empleo urbano, pero que todavía no logran despegar.
La Argentina consiguió que la inflación dejara de empujar masivamente a las familias hacia la pobreza. Fue un paso importante. El desafío que aparece ahora es más estructural: lograr que sea el trabajo el que las saque de ella.