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Diario Norte hace 5 horas 4 min de lectura

La ciudad necesita sus reservorios naturales

La ciudad necesita sus reservorios naturales
Foto: Diario Norte

Las lagunas forman parte de la identidad natural de Resistencia y cumplen un papel esencial para el equilibrio ambiental de la ciudad. Sin embargo, durante décadas estos espacios fueron perdiendo terreno frente al avance de la urbanización, la ocupación ilegal y los rellenos que modificaron el paisaje. En la actualidad, la necesidad de proteger los escasos reservorios naturales que aún permanecen se convirtió en una prioridad, ya que su desaparición representa una pérdida ambiental, un riesgo creciente para la calidad de vida de toda la población.

Las autoridades municipales y la Administración Provincial del Agua intensificaron los controles para frenar nuevas ocupaciones y evitar que continúe el relleno de las lagunas. El objetivo principal consiste en impedir que estos asentamientos sigan expandiéndose y preservar los cuerpos de agua que todavía cumplen una función indispensable. Para ello, se priorizan intervenciones preventivas destinadas a desmantelar construcciones precarias antes de que sean habitadas, con el propósito de evitar que el problema continúe agravándose y resulte aún más difícil de resolver.

Sin embargo, la situación presenta un importante desafío social. Actualmente, más de mil familias viven en las riberas de distintas lagunas, por lo que cualquier estrategia de recuperación requiere soluciones integrales que contemplen la necesidad de una reubicación planificada y respetuosa de los derechos de quienes habitan esos lugares.

Las lagunas actúan como grandes reservorios que almacenan el agua de lluvia durante las tormentas y regulan su escurrimiento. Gracias a esta capacidad, disminuyen la acumulación de agua en calles, barrios y viviendas, reduciendo considerablemente el riesgo de inundaciones. Además, favorecen la infiltración del agua hacia el suelo, contribuyen al equilibrio de los humedales y ayudan a mantener la biodiversidad mediante el refugio de numerosas especies de flora y fauna.

Por el contrario, cuando una laguna es rellenada para ocupar el terreno o construir viviendas, desaparece esa capacidad natural de almacenamiento. Cada metro cúbico de tierra que se incorpora representa un volumen equivalente de agua que ya no tiene dónde acumularse. Como resultado, durante las lluvias intensas ese caudal busca otros caminos y termina desplazándose hacia sectores urbanos, provocando anegamientos que afectan tanto a la infraestructura como a los hogares.

Hace varias décadas Resistencia contaba con alrededor de 72 lagunas distribuidas en su territorio. En la actualidad solo permanecen 27, lo que significa que más de la mitad de estos cuerpos de agua desaparecieron como consecuencia de los rellenos y las transformaciones del suelo. Este proceso modificó el funcionamiento natural del escurrimiento del agua y redujo la capacidad de la ciudad para enfrentar los problemas de lluvias intensas.

Además de prevenir inundaciones, las lagunas brindan numerosos beneficios que muchas veces pasan inadvertidos. Funcionan como reservorios de agua dulce, retienen sedimentos y nutrientes, mejoran las condiciones ambientales y generan espacios donde las personas pueden disfrutar del contacto con la naturaleza.

A su vez, el cambio climático incrementa la importancia de estos ecosistemas. Las precipitaciones intensas y los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes, por lo que las ciudades necesitan fortalecer su capacidad de adaptación. En otras palabras, las lagunas representan una infraestructura natural altamente eficiente. A diferencia de muchas obras de ingeniería, estos reservorios cumplen su función de manera permanente y sostenible, siempre que se mantengan libres de ocupaciones y rellenos que alteren su funcionamiento.

Por esa razón, resulta indispensable comprender que las lagunas no constituyen terrenos vacíos disponibles para urbanizar, sino componentes esenciales del sistema ambiental de la ciudad. Su protección requiere el compromiso de las autoridades, el cumplimiento de las normas vigentes y una participación activa de la ciudadanía. También demanda una planificación urbana que contemple el valor estratégico de estos espacios y promueva un crecimiento ordenado, compatible con la conservación de los recursos naturales.

Proteger las lagunas significa invertir en una ciudad más segura y mejor preparada para enfrentar los desafíos del futuro. Cada reservorio que se conserva continúa prestando un servicio ambiental que beneficia a toda la comunidad. Por el contrario, cada laguna que desaparece incrementa los riesgos de inundaciones y reduce la capacidad del entorno para responder a los cambios climáticos. En consecuencia, preservar los escasos cuerpos de agua que aún sobreviven es una decisión ambiental, pero también una responsabilidad colectiva orientada a garantizar un desarrollo urbano más equilibrado y una mejor calidad de vida para las generaciones presentes y futuras.

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