Cuando legislar implica decidir sobre el futuro y no sobre el propio beneficio
La carta abierta contra el senador Favre reavivó el debate previsional, pero también dejó una pregunta de fondo: ¿debe un legislador votar pensando en cómo se jubiló él o en cómo garantizar la sustentabilidad del sistema para las próximas generacione
Cuando legislar implica decidir sobre el futuro y no sobre el propio beneficio
La carta abierta contra el senador Favre reavivó el debate previsional, pero también dejó una pregunta de fondo: ¿debe un legislador votar pensando en cómo se jubiló él o en cómo garantizar la sustentabilidad del sistema para las próximas generaciones?
La carta abierta difundida por un grupo de docentes jubilados contra el senador provincial Ramiro Favre logró un fuerte impacto político y mediático. El eje del cuestionamiento apunta a una aparente contradicción: haberse jubilado bajo un régimen previsional y luego votar una reforma que modifica esas condiciones.
Es un planteo que, en una primera lectura, puede resultar atractivo. Sin embargo, merece un análisis más profundo.
Favre se jubiló siendo docente cuando existía una legislación determinada.
Cumplió con los requisitos que la ley establecía en ese momento y obtuvo un derecho previsional conforme a las reglas vigentes.
No diseñó ese sistema ni modificó las normas para obtener un beneficio personal.
Con el paso del tiempo, la realidad económica y financiera de la provincia cambió. Los números comenzaron a mostrar un déficit creciente y la necesidad de revisar un régimen cuya sustentabilidad empezó a ser cuestionada incluso por especialistas ajenos a la política.
Precisamente para eso existen los legisladores.
Durante años se insistió en que las bancas debían ser ocupadas por personas provenientes de otros ámbitos: docentes, médicos, productores, empresarios o profesionales que aportaran su experiencia para mejorar las leyes y no simplemente para sostenerlas por inercia.
Cuando uno de ellos llega a una banca, deja de representar únicamente a su profesión. Asume la responsabilidad de legislar para el conjunto de la sociedad.
La banca, además, no pertenece a quien la ocupa. Pertenece al partido político que lo llevó hasta allí mediante el voto popular. Ese partido presenta un programa de gobierno y quienes integran sus bloques legislativos tienen la responsabilidad de acompañar las políticas que consideran necesarias para cumplir los compromisos asumidos con el electorado.
Es razonable pensar que Favre tuvo acceso a las proyecciones económicas del sistema previsional y que, como otros legisladores, llegó a la conclusión de que mantener el esquema sin cambios podía comprometer su continuidad en el tiempo. Su voto, entonces, puede interpretarse como una decisión política basada en la sustentabilidad futura y no en su situación personal, que ya se encuentra consolidada por derechos adquiridos.
Existe además otro aspecto que suele quedar relegado en la discusión pública.
Desde el propio Gobierno provincial se ha reiterado que las modificaciones aprobadas no alteran los derechos previsionales de quienes ya están dentro del sistema docente, sino que alcanzan a quienes inicien su carrera bajo las nuevas reglas.
Si esa interpretación es correcta, los autores de la carta abierta también accederán a su jubilación conforme al régimen vigente durante su trayectoria laboral, del mismo modo que ocurrió con el hoy senador.
El debate sobre la reforma previsional es legítimo y necesario. También lo es cuestionar las decisiones de los representantes. Pero el análisis pierde fuerza cuando se centra exclusivamente en la situación personal de un legislador y deja de lado la discusión de fondo: si el sistema, tal como estaba diseñado, podía sostenerse en el tiempo.
En definitiva, legislar muchas veces implica tomar decisiones incómodas. Y la verdadera medida de un representante no siempre pasa por conservar las reglas con las que fue beneficiado, sino por asumir la responsabilidad de modificar aquello que considera necesario para garantizar el funcionamiento del Estado hacia adelante.