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Informe Digital hace 8 horas 4 min de lectura

Perdieron todo en 2009 y cuadruplicaron la carne en Algarrobo - Informe Digital

La familia Ostrovsky rediseñó el campo tras la sequía y pasó de 200.000 a 872.000 kilos anuales en 2.500 hectáreas.

Perdieron todo en 2009 y cuadruplicaron la carne en Algarrobo - Informe Digital
Foto: Informe Digital

La familia Ostrovsky perdió todo el rodeo de cría en la sequía de 2009 y, desde entonces, cambió por completo el manejo de su campo en Algarrobo, en el sur bonaerense. La apuesta fue sobrevivir a otra crisis hídrica, pero terminó en un salto productivo notable: en las mismas 2.500 hectáreas, el establecimiento pasó de generar entre 160.000 y 200.000 kilos de carne por año a 872.000 kilos, con 5.500 animales de recría y 500 vacas.

El objetivo cuando empezamos no era producir más, sino sobrevivir a otra sequía. Después nos dimos cuenta de que el sistema permitía aumentar muchísimo la producción, contó Diego Ostrovsky, integrante de Chosoico SA, durante una charla organizada por Agua Siempre en la Exposición Rural de Palermo.

La transformación no empezó de cero. En los años 80, el campo funcionaba con un esquema extensivo, tenía unas 250 vacas y producía cerca de 30.000 kilos de carne al año. Después del desmonte, en los 90, pasó a un sistema de recría que le permitió manejar entre 1.500 y 2.000 animales y elevar la producción hasta entre 160.000 y 200.000 kilos anuales.

Pero ese modelo empezó a mostrar límites. Al principio era sencillo. Sembrábamos verdeos, prácticamente no fertilizábamos ni fumigábamos. Después fueron apareciendo más costos y, sumado al clima, nos fuimos secando de a poco, recordó.

El golpe decisivo llegó entre 2007 y 2009. Perdimos todo el rodeo de cría y tuvimos que reinventarnos, relató. La primera respuesta fue resolver el acceso al agua, uno de los principales problemas del establecimiento: los animales caminaban largas distancias hasta las aguadas, castigaban el suelo y volvían inviable un pastoreo más intensivo.

La empresa instaló entonces una red de distribución de agua para abastecer casi todo el campo. La obra no era menor: el establecimiento está a unos 25 kilómetros de la red eléctrica y tiene cerca de 120 metros de desnivel entre sectores. El proyecto fue pensado para alimentar hasta 10.000 animales en simultáneo. Cuando le mostré el proyecto a mi papá se quiso morir. Pensaba que estaba completamente loco, recordó.

Pero el agua sola no alcanzó. El agua llegaba a todos lados, pero el campo no funcionaba, dijo. El problema era el mismo sistema de trabajo: recorridas a caballo, uno o dos cambios de lote por día y varios rodeos por empleado. El agua trae cambios de hábitos muy grandes, resumió.

A partir de ahí reorganizaron todo. Pasaron a trabajar con pocos rodeos muy grandes, de entre 1.500 y 2.500 animales cada uno, y los cambios de parcela dejaron de hacerse una vez por día para pasar a entre ocho y doce por jornada, según la época del año.

Cada parcela mide unos 66 por 80 metros y tiene un punto de agua. Los animales permanecen allí apenas una hora o una hora y media antes de pasar al siguiente sector. Esa carga instantánea hace que coman casi todo y distribuyan de manera uniforme la bosta y la orina, con menos pisoteo y una mejora gradual de la fertilidad del suelo.

Con ese esquema, el establecimiento redujo el uso de fertilizantes y herbicidas. Hoy mantiene alrededor de 1.500 hectáreas de verdeos de avena con vicia. Los terneros entran con 180 a 200 kilos y salen con 350 a 380 kilos, con una ganancia de 160 a 170 kilos durante la recría. En años normales, logran aumentos de peso de 700 a 800 gramos diarios por animal.

En los meses de mayor oferta forrajera llegan a manejar entre 6.000 y 6.500 animales. En verano, el stock baja a unas 1.500 cabezas para acompañar la menor disponibilidad de pasto.

La infraestructura fue solo una parte del cambio. El otro giro estuvo en las personas. En el campo no quedó ningún caballo. Hay motos, contó. Cada trabajador administra un solo rodeo, organiza sus horarios y una parte de su remuneración depende de los kilos que producen los animales que maneja. El empleado pasa a ser socio de la empresa porque quiere meter kilos, dijo.

Según relató, esa adaptación fue incluso más difícil que instalar toda la red de agua. Mucha gente no se adaptó. Primero tuvimos que aprender a cuidar a las personas antes que a los animales, señaló. Como ejemplo, mencionó a uno de los responsables del rodeo de cría: un hombre de 70 años que nunca había trabajado en el campo antes de jubilarse y que hoy, aseguró, es uno de los mejores empleados del establecimiento por su prolijidad y atención al detalle.

Después de consolidar la recría, la empresa volvió a incorporar un rodeo de unas 500 vacas, manejadas con inseminación artificial a tiempo fijo y un servicio concentrado de 45 días. Durante la parición, los movimientos se reducen a uno por día para facilitar el cuidado de los terneros.

A más de una década del cambio, Ostrovsky sostiene que la principal enseñanza es que ninguna tecnología alcanza por sí sola. Hacer una red de agua es muy rentable y genera muchísima producción, pero si uno no cambia la forma de trabajar, no alcanza, apuntó.

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