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La voz hace 1 hora 4 min de lectura

Capilla del Señor, los pagos de Martín Fierro

Este pueblo histórico, ubicado a una hora de Buenos Aires y donde vivió José Hernández, combina el turismo rural con la historia.

Capilla del Señor, los pagos de Martín Fierro
Foto: La voz

Lejos de la saturación de otros pueblos cercanos a la ciudad de Buenos Aires, Capilla del Señor, a 83 kilómetros de la capital del país, se va imponiendo como un destino de turismo rural con riqueza historia.

Cabecera del partido de Exaltación de la Cruz, el casco histórico de apenas 16 manzanas todavía tiene las argollas de hierro en los cordones de la vereda para enlazar el caballo. Sus habitantes, que no llegan a los 8.000, viven a otro ritmo.

Aquí los paisanos no se visten de gaucho para atender al turista, sino que se los puede ver de boina y bombacha, circulando por el pueblo. Será porque fueron los pagos de los hermanos Hernández, Rafael y José, autor del Martín Fierro, que tuvieron su finca con el nombre del célebre poema.

La finca se mantiene en pie, pero desafortunadamente no está abierta al público. La marca para señalar su hacienda es bien conocida y se replica en souvenirs: un corazón con un número 2 en el centro, tal vez indicando que los dos hermanos eran unidos.

El corazón del pueblo está en la Plaza San Martín, rodeada de algunos edificios históricos, como el Palacio Municipal de 1904 que se construyó con la indemnización que pagaron los ingleses por el tendido de las vías de los ferrocarriles Urquiza, Mitre y Belgrano que pasan por el puebl.

También el Museo del Periodismo, que recuerda el lugar donde se imprimió en 1871 "El Monitor de la Campaña", un diario que llegaba a 36 localidades de la provincia. Allí está una enorme imprenta francesa que se trajo en barco hasta Zárate y luego en carreta hasta Capilla.

La iglesia fue construida en 1866 por los mismos arquitectos que hicieron el Banco Central y la Bolsa de Comercio de Buenos Aires. En su interior guarda una reliquia: una astilla de la Santa Cruz que llegó en 1892 después de que el Papa Gregorio XVI diera por probado el milagro que dio origen al nombre del pueblo.

Uno de los primeros pobladores, Casco de Mendoza, encontró allá por 1730, durante un recorrido a caballo por sus campos, una cruz en la cueva de una vizcacha. La llevó a su oratorio personal, pero tres veces la cruz desaparecería para regresar a la vizcachera.

Así fue que el hacendado pensó que el señor quiere quedarse aquí y le construyó una capilla, la capilla del señor. Hoy, aquella cruz está en el altar mayor y la astilla de la Santa Cruz está exhibida en un relicario.

En el piso, a la entrada de la iglesia, dos placas indican los sepulcros de dos párrocos irlandeses. La inmigración de ese país fue muy importante en Capilla del Señor y ellos daban misa en inglés. Los apellidos irlandeses se repiten en los nombres de calles, en los vecinos y en las lápidas en el cementerio, abierto en 1838.

Este pueblo tuvo dos hoteles importantes promediando el siglo XIX: Centenario Capilla hoy sitio para comprar embutidos, conservas y comer empanadas en el patio y El Mirador sobre la calle Urcelay, hoy restaurante. El segundo, de 1862, también fue casino, salón de fiestas y almacén de ramos generales. Entre otros, hospedó a Domingo Sarmiento y a Dardo Rocha.

Además de la historia, la naturaleza también fue generosa con el pueblo. El arroyo de la Cruz, que nace en San Andrés de Giles, recorre 70 kilómetros y muere en el río Paraná. Forma un paseo junto con los puentes que lo cruzan: el Brigadier Mitre, de 1861 y el primero por donde llegaban las carretas, y los de los ferrocarriles Urquiza y Mitre, hoy vías muertas, que atraen senderistas que recorren la orilla del arroyo y se sientan en los durmientes, pies colgando sobre el agua, a tomar mate.

Las vías también forman túneles verdes en sectores donde la vegetación se cierra formando un techo vegetal.

Más de veinte opciones de restaurantes y cafés de especialidad, otro tanto de alojamientos, entre antiguas casones en el casco histórico o cabañas totalmente equipadas en el medio del campo, son la excusa para pasar unos días y descubrir los caminos rurales casi sin marcar un tesoro para los ciclistas.

También es el lugar para hacer base y recorrer pueblos vecinos. Uno es Diego Gaynor, a 14 kilómetros, y en el camino toparse con el puente del ferrocarril Belgrano Cargas (ex Central Córdoba) y único que funciona, que pasa por encima de las vías del Mitre.

El pueblo fue uno de los primeros en ofrecer paseos en globos aerostáticos, otra manera de apreciar Capilla del Señor con sus ondulaciones del terreno.

Y fue aquí donde la premiada parrilla del barrio de Palermo, ganadora de una estrella Michelin, Don Julio, tiene su propio campo para autoabastecerse de su codiciados cortes y hortalizas. Es Comarca Productiva Don Julio, donde se puede almorzar o pasar un día de campo, con reserva previa.

Por historia, naturaleza y tradición, Capilla del Señor se encamine a estar entre las mejores opciones para el turismo rural bonaerense.

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