Un hombre murió en Salta intentando apagar los incendios en la montaña
La víctima de 38 años falleció por las quemaduras en el paraje Punta Laja. Los incendios, potenciados por ráfagas históricas, ya consumieron miles de hectáreas, destruyeron ganado y obligaron al Gobierno a desplegar un operativo de urgencia en toda l
La combinación letal de sequía extrema, pastizales secos y ráfagas del viento Zonda se cobró su primera víctima fatal en el norte del país. En medio de un escenario caótico, con frentes de fuego multiplicándose en simultáneo, un hombre de 38 años perdió la vida en Salta de la peor manera mientras intentaba frenar el avance de las llamas en absoluta soledad. El hecho ya redujo a cenizas casi 7.000 hectáreas en esa región.
El calvario del vecino comenzó el último sábado. Desesperado por los focos que amenazaban la zona de alta montaña ubicada entre Nazareno e Iruya, subió hasta el paraje Punta Laja para intentar sofocar el incendio por sus propios medios. Al perder todo tipo de contacto, su familia reportó la desaparición. Horas después, los equipos de rescate encontraron el cuerpo en un campo de difícil acceso. El fiscal penal Daniel Espilocín confirmó que la muerte se produjo por un shock hipovolémico a raíz de las gravísimas quemaduras que la víctima sufrió en todo el cuerpo.
La furia del fuego en esa zona del norte salteño dejó un cúmulo de ruinas. Cerca de 50 familias de pequeños productores lo perdieron todo: sus animales, las pasturas y las instalaciones ganaderas quedaron completamente carbonizadas. Aunque un frente frío del este trajo algo de alivio en las últimas horas y empezó a apagar las llamas, la destrucción obligó a la Municipalidad local y al secretario del Interior provincial, Javier Diez Villa, a firmar de urgencia un convenio de asistencia financiera no reintegrable para intentar ayudar a los damnificados.
Pero el infierno no se limitó a la montaña. El desastre golpeó de lleno a la ciudad de Salta y sus alrededores, donde el viento propagó 47 incendios en un solo día y arrasó con más de 800 hectáreas. La desesperación de la gente fue total: en parajes rurales como Finca La Pedrera, los vecinos tuvieron que organizarse con baldes de agua y mangueras domésticas para defender sus casas del fuego cruzado antes de que llegaran las dotaciones especializadas.
Con el mapa provincial al rojo vivo, el Gobierno salteño activó un despliegue masivo en el territorio. El gobernador Gustavo Sáenz y el ministro de Desarrollo Social, Mario Mimessi, salieron a recorrer las zonas críticas para repartir desde chapas y tanques de agua hasta camas, ropa y alimentos. El operativo de contención abarca desde los barrios de la capital hasta localidades como Chicoana, Rosario de Lerma y Orán, donde los equipos oficiales todavía evalúan los daños por voladuras de techos y viviendas devoradas por el fuego.
Alerta máxima: el peor temporal en tres décadas y un calendario roto
La catástrofe que atraviesa Salta no se explica sin mirar la foto regional completa. Todo el noroeste Argentino se encuentra bajo una enorme presión por culpa de un viento Zonda que llegó antes de tiempo. El subsecretario de Defensa Civil provincial, Gonzalo Rodríguez, marcó que la temporada de vientos fuertes se adelantó de manera peligrosa. Históricamente, estas ráfagas recién desembarcaban en los primeros días de agosto, un cambio brusco que estira el margen de riesgo para los organismos de emergencia.
De hecho, el panorama sigue siendo una bomba de tiempo. El Servicio Meteorológico Nacional mantiene vigente una alerta amarilla para distintos sectores de los valles salteños (incluyendo Cachi, Cafayate, Molinos y San Carlos), advirtiendo sobre ráfagas de occidente que podrían alcanzar los 100 kilómetros por hora. Un cóctel perfecto de baja humedad y vegetación seca que convierte cualquier chispa en un frente incontrolable en cuestión de minutos.
El impacto más brutal de esta anomalía climática lo sufrió el fin de semana la vecina provincia de Jujuy, que padeció el temporal más salvaje de los últimos 30 años. Con vientos que superaron los 130 kilómetros por hora, la infraestructura colapsó por completo: hubo voladuras masivas de techos, árboles arrancados y cortes de luz que dejaron a más de 5.000 usuarios a oscuras. La situación fue tan extrema que el Gobierno jujeño tuvo que armar un comité de crisis de urgencia para garantizar el funcionamiento básico de los hospitales.
TC/ML