Pocos lo saben: por qué las pelotas de fútbol tienen gajos pentagonales y hexagonales
El balón fue cambiando a lo largo de la historia, siendo esta una de las innovaciones que lo mejoró considerablemente.
Las pelotas de fútbol fueron cambiando a medida que el deporte fue evolucionando y se crearon diferentes tecnologías o técnicas para mejorar su funcionalidad dentro del juego. Pocos saben las modificaciones que se fueron haciendo con el paso del tiempo.
Los gajos hexagonales aparecieron en 1962, en la Copa del Mundo de Chile, pero se fueron actualizando en los siguientes torneos, para lograr que la pelota tuviera un aspecto más regular y picara mejor en el campo de juego.
Desde esta adaptación en su diseño en la década del 60 fueron mutando hasta llegar a las pelotas actuales, que son derivadas de aquellos modelos, pero con distintas variables tecnológicas.
La introducción de los gajos pentagonales y hexagonales en las pelotas de fútbol
En los inicios del fútbol, las pelotas eran de cuero y se cocían con un cordón. No eran del todo esféricas, lo que generaba que no picara correctamente y a veces su trayectoria se volviera impredecible. Tenían paneles largos, distintos a los pentágonos y hexágonos actuales.
En el año 1962 se implementaron los gajos, que eran 12 hexagonales y 6 rectangulares. Su aspecto se volvió más parecido a una esfera, mejorando la trayectoria. En el Mundial 1966 volvieron al anterior, pero luego se volvió un cambio que quedó grabado para siempre.
En México 1970, Adidas incorporó el famoso Telstar, que tenía 32 gajos poligonales, y se uso por primera vez el famoso color blanco y negro, para facilitar la visión de los espectadores. Los hexágonos volvieron en Argentina 1978, con la introducción de la Tango, que se utilizó durante seis ediciones.
Los cambios históricos en las pelotas de fútbol
Más allá de los hexágonos en las pelotas, hubo muchos cambios a través de la historia para lograr una mejor funcionalidad de esta herramienta, y que el espectáculo del fútbol se pueda jugar cada vez con más precisión.
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Los primeros balones tenían dentro una vejiga de cerdo que se llenaba de heno para darle su forma y poder jugar. Esto, sumado a los materiales que se usaban en el exterior, hacía que, al mojarse, la pelota pase a pesar mucho más y sea difícil de controlar.
En 1938 se empezó a reemplazar por una válvula inflable, que se podía utilizar sin desarmar las costuras. En 1962 se cambió por una de látex, porque permitía que el aire se mantenga por más tiempo.
Para terminar con el problema de que el agua la hacía más pesada, en 1982 se combinó en el material, cuero y poliuretano, para lograr que sea impermeable. En 1986 se produjo el primer balón todo sintético, lo que terminó finalmente con este tema de absorción.
Para el Mundial 2010 se creó la Jabulani, que fue un experimento en donde la pelota era la más esférica alguna vez creada. Esto generó un efecto extraño cuando los futbolistas la pateaban, haciendo curvas difíciles de explicar y dejando goles de afuera del área con dificultades para los arqueros.
La revolución tecnológica llegó también a las pelotas de fútbol, con inventos que les dieron más herramientas a los árbitros. En Rusia 2018, la Telstar incorporó dentro un chip, que le daba una señal al juez en su reloj si la pelota traspasaba la línea de gol, dejando de lado los posibles errores en ese aspecto.
En este 2026 se incorporó otro chip que le brinda datos al VAR cada vez que un jugador toca la pelota, lo que los árbitros pueden utilizar para determinar un fuera de juego, como pasó en el encuentro entre Portugal y Croacia por 16avos de final.