"Prefiero ser útil que inútil": la historia de Juan Carlos, el vendedor ambulante que lucha cada día en Comodoro
Juan Carlos sale todos los días a vender bolsitas en el centro de Comodoro Rivadavia. Sufrió un ACV que le dejó graves secuelas, perdió a un hijo y sufrió el incendio de su casa, donde lo perdió todo. Asegura que trabajar lo ayuda a seguir adelante.
Cada mañana, más precisamente desde las 8, podemos ver a Juan Carlos, un vendedor ambulante de Comodoro, en la esquina de las calles Pellegrini y Rivadavia, donde se ubica el Concejo Deliberante. Los días de frío, lluvia y viento ya no lo asustan. Mi cuerpo se adaptó, es la frase que repite más de una vez, pero no solo al mal clima, sino también a las necesidades de pasar de tener una casa propia a pagar un alquiler, a la muerte de un hijo y a las secuelas de un ACV.
Hace dos años que convirtió esa esquina en su lugar de trabajo y también en un refugio para no quedarse en la casa tirado en la cama, asegura. "Desde las 8 a las 16 de la tarde, todos los días, llueva o truene. Es un trabajo para mí", le contó este martes a ADNSUR.
Su historia está marcada por los golpes. Sufrió un accidente cerebrovascular (ACV) que le dejó secuelas físicas.Pero también un incendio que destruyó su casa y, en ese mismo hecho, perdió a uno de sus hijos.
"Tuve un ACV, después el incendio de mi casa y la muerte de mi hijo. Yo sé que si me quedo en mi casa me va a hacer mal", dice.
Lejos de resignarse, decidió salir a trabajar. Explica que vender en la calle le permite mantenerse ocupado, conocer gente y sentirse útil. "Desde que me agarró la enfermedad me dio un ACV y perdí la mitad del cuerpo. Acá vendiendo estoy ocupado, conozco gente nueva y ayuda", relata.
También deja en claro que no quiere depender de la asistencia estatal. "Yo entiendo todo lo que está pasando en la Argentina. Yo no vivo del Estado, prefiero ser útil que inútil, que sería quedarme acostado esperando en mi casa", sostiene.
Cuenta que tiempo atrás recibía una caja de alimentos, pero dejó de percibirla cuando comenzó a cobrar una pensión.
RECONSTRUIRSE DESDE CERO
Con lo poco que gana intenta equipar nuevamente su hogar, luego de haberlo perdido todo en el incendio. "Con la venta de bolsas me pude comprar un televisor de 20 pulgadas, un par de sillas usadas... todo usado. Mientras siga vivo voy a pelear todos los días", afirma.
En una jornada habitual logra reunir entre 3.000 y 4.000 pesos por la venta de bolsas. "Pero después hay que reponer la mercadería. Lo que me dejan de propina lo guardo para comprar una mesa o algo que necesite", cuenta.
El invierno patagónico tampoco lo detiene. Frente al Concejo Deliberante encontró un lugar donde resguardarse y también personas que le tienden una mano. "El techo del Concejo me cubre, así que mientras me cubra me quedo. Mi cuerpo se adaptó al frío. Un mate y se sale adelante. Se puede sobrevivir", dice con una sonrisa.
Además, agradece la solidaridad de quienes trabajan en el edificio. "Las chicas del Concejo me suelen calentar la comida que me da un hombre que hace viandas y también me dan agua caliente", comenta.
"Te podés comprar un sándwich, pero a mí me gusta la comida de olla. Yo no puedo cocinar por mi discapacidad", explicó.
Al recordar el incendio, la emoción aparece inevitablemente. "Mi casa estaba completa. Me quedé con una mano atrás y otra adelante tras el incendio. Tengo un hijo muerto por ese incendio. No hay nadie detenido, no hay nadie preso y la sigo luchando acá", expresa.
Pese a las dificultades económicas, reconoce que la situación es complicada para todos los vendedores ambulantes, aunque insiste en que no piensa bajar los brazos."La situación está fea, lo sabemos los vendedores, pero hay que esforzarse un poquito más", concluye.