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Infobae hace 2 horas 5 min de lectura

Boy Olmi revivió su experiencia como el príncipe de La Cenicienta: Uno de los peores trabajos de mi vida

A más de 40 años del especial televisivo de ATC, el actor repasó los desafíos, recuerdos y repercusiones de su papel junto a Soledad Silveyra

Boy Olmi revivió su experiencia como el príncipe de La Cenicienta: Uno de los peores trabajos de mi vida
Foto: Infobae

Boy Olmi rememoró, entre risas y reflexiones, uno de los episodios más vistos de su carrera: su interpretación del príncipe en la versión televisiva de La Cenicienta de 1982 emitida por ATC. La anécdota cobró vida nuevamente en el ciclo de streaming Time Out Buenos Aires, conducido por Nicolás Zad y Mena Duarte, donde el actor compartió tanto su perspectiva de aquel trabajo como detalles desconocidos de la producción y el vínculo con su coprotagonista, Soledad Silveyra.

La adaptación televisiva representó una apuesta singular dentro de la programación argentina de inicios de los años ochenta. El guion, a cargo de Hugo Midón en versión libre, tomaba como punto de partida el célebre cuento del francés Charles Perrault y lo trasladaba a un formato pensado para televisión, con un elenco que reunía figuras de peso de la escena local. Entre los nombres destacados figuraban Solita Silveyra como Cenicienta, Elsa Berenguer en el papel de la madrastra, Nené Malbrán y Tina Serrano como las hermanastras, y Franklin Caicedo interpretando al padre. La musicalización estuvo a cargo de Nito Mestre, con su Tema de Cenicienta, sumando un tono distintivo a la puesta.

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Yo creo que es uno de los peores trabajos de mi vida, confesó Olmi de manera directa cuando Zad le preguntó por su experiencia como príncipe en la recordada producción. La sinceridad del actor marcó el tono de la charla, que transitó entre la autocrítica y el reconocimiento de la magnitud que alcanzó ese especial televisivo. Y es uno de los más vistos, agregó, al evidenciar la paradoja entre su percepción personal y la trascendencia popular que tuvo el programa.

Con apenas 27 años, Boy Olmi llegaba a ese rol como un actor joven en ascenso, pero aún cargando con ciertos cánones de la época. Yo tenía el estigma de ser un chico lindo porque tenía ojos celestes, cosa que es una idea hegemónica de qué es lo lindo y lo feo, explicó, aludiendo al criterio de selección que predominaba en los castings televisivos y que terminó definiendo su elección para el papel del príncipe. En contraste, Soledad Silveyra ya era, según palabras de Olmi, una superestrella de la televisión, fundamentalmente tras su éxito en Rolando Rivas, taxista.

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La apuesta de La Cenicienta en ATC fue, en palabras de Olmi, una megaproducción. La presión del contexto y la magnitud del proyecto se hicieron sentir en cada instancia del rodaje. Yo estaba un poco aterrorizado en esa situación, relató, y recordó con humor las dificultades técnicas que enfrentó en escenas icónicas, como el vals y el momento de colocar el zapatito de cristal a la protagonista. Sacarla a bailar el vals a Solita, ya le pisaba el vestido. Y ponerle el zapatito de cristal en el momento de descubrir que era la princesa o mi amor, me inhibí un poco. Yo estaba un poco cagado de miedo, confieso, admitió.

La emisión de este especial de ATC dejó una huella en la memoria colectiva de la audiencia argentina. Olmi reconoció que, pese a su incomodidad con algunas escenas, el programa lo vio toda la gente que existía en esa época, lo vieron muchos. El fenómeno trascendió generaciones, al punto de que, décadas después, personas que lo vieron de niños o adolescentes aún le recuerdan su interpretación del príncipe: Hay muchas señoras que se enamoraron de mí, que hoy son gente muy grande, que dicen: Ay, yo estaba enamorada porque eras el príncipe. Y no sabés lo que era yo. Al margen de los que, gracias a que se encuentra diponible en la web, aún hoy lo están descubriendo.

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La relación entre los protagonistas, marcada en su momento por la diferencia de trayectorias y niveles de exposición mediática, se transformó con el tiempo. Olmi relató que, años después, se reencontró con Solita, estableciendo una amistad sólida. Ahora me he reencontrado con Solita y somos amigos y he trabajado con ella en teatro y en televisión, afirmó.

Olmi también reflexionó sobre el paso del tiempo y la evolución profesional que experimentó desde aquel rol televisivo. Me he tomado revancha porque ahora tengo cincuenta años más, pero cuarenta años más de experiencia, por lo cual me siento mucho mejor, expresó. La confianza adquirida con los años contrasta con la inseguridad que sintió durante el rodaje original. El actor bromeó sobre su nueva destreza: Ahora la saco a bailar, la revoleo como es.

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La charla derivó en la posibilidad lúdica de una secuela: Uy, hacemos un La Cenicienta 2 ahora, propuso Zad, a lo que Olmi respondió con entusiasmo: Yo encantado. El tono festivo de la conversación reflejó la distancia crítica y el humor con que Olmi revisita ese episodio de su carrera.

La nota también integró la actualidad de Boy Olmi como creador y director. Invitó al público a ver su documental La Banda de Jane de los Monos, una producción que representa su presente profesional y que, según recomendó a los conductores, merece ser vista antes de cualquier revisión nostálgica de La Cenicienta. Primero mírate La banda de Jane de Los Monos. Y con eso te vas a divertir, sugirió Olmi.

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