Monstruosa noche: remodelarán el edificio de Gótika en Rosario para exhibir films de culto y terror elevado
El colectivo cultural Turbio, que organizó la proyección de una película en el cementerio El Salvador, emprendió la restauración del inmueble ubicado en Mitre 1539, donde también funcionó el boliche El Reino, para ofrecer una experiencia de sentidos
Unas 70 personas acudieron en mayo pasado al cementerio El Salvador a ver una película de terror. La propuesta lanzada por el colectivo cultural Turbio era disfrutar de El Ansia clásico oscuro de 1983 en un ambiente inusual para este tipo de actividad, que además de ser un valor patrimonial para Rosario, otorgara un entorno estimulante. Los organizadores leyeron la respuesta positiva del público y decidieron ir por más: muy pronto, según anunciaron, abrirán las puertas del edificio ubicado en Mitre 1539 que hace 10 años permanece cerrado tras albergar dos boliches míticos de la noche rosarina como fueron El Reino y Gotikapara exhibir más títulos icónicos del género y renovar la experiencia de ver cine en un contexto insólito.
Turbio es un colectivo cultural integrado por personas de distintas disciplinas artísticas y comunicacionales que entienden el terror como un lenguaje capaz de abrir debates, preguntas y reflexiones sociales de gran valor actual. El proyecto está integrado por la artista Yemina Paz Menis, a cargo de curaduría, estética y piezas gráficas; y por los periodistas y escritores Roque Giordano, responsable de logística, producción y gestión; y Nicolás Maggi, a cargo de presentación, textos y conceptualización, quien en diálogo con Rosario3 profundizó acerca de la iniciativa y sus próximos pasos y el impacto en la escena cultural vigente.
¿Hay continuación de la experiencia de El Salvador? ¿Dónde?
Estamos en condiciones de anunciar que será en el inmueble donde funcionó Gotika. Es un edificio imponente de 2000 metros cuadrados, que antes de ser boliche fue construido como sinagoga, y que despierta muchos recuerdos nostálgicos en los rosarinos y nos permite que la película elegida dialogue con esa historia. Ya firmamos un convenio con la desarrolladora LIFE, a cargo de la comercialización del espacio, que permitió avanzar con la organización del ciclo. Actualmente se está trabajando en el acondicionamiento del lugar, tanto en materia de seguridad como en cuestiones estéticas. Una vez finalizados esos trabajos, se anunciará la fecha oficial. La intención es hacerlo en agosto.
Es un proyecto ambicioso y también costoso, por lo que el apoyo de los sectores público y privado fue clave para hacerlo posible. Por eso queremos también destacar el acompañamiento de la Municipalidad de Rosario, del Concejo municipal, especialmente en la figura de Fabricio Fiatti, y al Ministerio de Producción de Santa Fe. También a los privados, especialmente a Pizza House, que estará a cargo de la parte principal del catering. Me gusaría mencionar que seguimos buscando partners o sponsors públicos pero también privados que nos ayuden a costear la producción, porque es un edificio que hoy por hoy no tiene servicio de energía eléctrica, ni sanitarios, lo que se suma a la pantalla, sonido, sillas, luces, ambientación, barras móviles, medidas de seguridad, limpieza y acondicionamiento, etc. que se suman al trabajo del equipo como costos fijos. Queremos minimizar ese impacto en el valor de la entrada lo más posible.
¿Por qué eligieron ese lugar?
El ciclo de cine Turbio propone proyectar películas de terror elevado, films de culto y obras con peso artístico en espacios no convencionales de Rosario. Cada función se piensa como una experiencia cultural completa, donde la película elegida dialoga con el lugar, su historia, su arquitectura, su carga simbólica y las sensaciones que produce habitarlo de noche.
La propuesta permite que el público acceda a espacios institucionales, históricos, privados o poco explorados en horarios y condiciones poco habituales. Ese cambio de contexto altera la experiencia cinematográfica y la transforma en algo nuevo: ver una película, recorrer la ciudad desde otro lugar y participar de una actividad cultural con identidad propia. Los edificios también guardan memoria. Cuando una película entra en ellos, esa memoria se funde con el nuevo acontecimiento, con las escenas, con los asistentes y vuelve a estar viva. Es una forma de revivir nuestros «elefantes blancos».
El cine de terror siempre dialoga con los símbolos, con los mitos y con los espacios cargados de historia. En este caso, la historia del inmueble y su interacción con la película es clave: si bien todavía no queremos revelar el título, se trata de un film que toca las temáticas de la religión, el deseo, el pecado, el fervor y quizás también los delirios místicos.
Creemos que un lugar que se construyó como templo religioso, con todo lo que eso implica, y luego fue reconvertido en un templo de la diversión y lo carnal, donde el deseo circulaba más libremente (ya que fue sede de un boliche con dos encarnaciones, El Reino, y luego Gotika que estaba más vinculado a la comunidad LGBT), es perfecto para vincular todas esas temáticas.
Y el acceso a un lugar que hace 10 años permanece cerrado creemos que es un gran atractivo para el público rosarino. Las paredes de Gotika cuentan historias y forman parte del imaginario colectivo de los rosarinos. Nos parecía el lugar indicado para hacer un ciclo que, además de proyectar películas, busca poner en valor los espacios emblemáticos de la ciudad y generar un nuevo punto de encuentro alrededor de la cultura. No es sólo un edificio, hay una cuestión identitaria, Rosario nos habla a través de su atmósfera.
¿Cuál es el criterio para seleccionar las películas?
Cada función se construye a partir de tres ejes. Por un lado el cine, en el que buscamos películas de terror, suspenso o fantasía oscura con valor artístico, estético o simbólico. No las elegimos por su popularidad ni por ser un clásico. Buscamos obras que generen conversación sobre distintos conceptos. Por otro lado el espacio, lugares de Rosario que potencian el sentido de la película y ofrecen al público una experiencia fuera de lo habitual. Y en tercer lugar el encuentro: una salida nocturna, presencial, social y atractiva, acompañada por gastronomía, bebidas y una puesta cuidada con marcas locales. La película es un elemento central pero también se elige en base al lugar en el que será proyectada y los temas que intentamos poner en debate en base a la experiencia.
¿Qué análisis hacen de la experiencia en el cementerio?
El balance fue muy positivo. Tanto la gente del cementerio El Salvador como quienes participaron quedaron muy conformes con la experiencia. La recepción fue tan buena que seguramente volveremos a repetir una propuesta similar, en el mismo espacio u otro. Todo se realizó en un marco de absoluto respeto. De las 70 personas que participaron de la actividad, 50 pisaron un cementerio por primera vez en su vida. La mayoría, jóvenes. Allí tuvieron un momento de reflexión, tanto sobre sus seres queridos como sobre la finitud de la vida, que es precisamente uno de los grandes temas que plantea la película. Nosotros les brindamos esa experiencia.
Además, la película (El Ansia, de 1983, un film sobre vampiros) fue una excusa para detenerse a pensar sobre la idea de la eternidad, el envejecimiento, la muerte, la obsesión con la juventud y la belleza, el amor para siempre, incluso el matrimonio y el compromiso. En un ritmo cotidiano cada vez más acelerado, generar ese espacio de pausa y reflexión fue uno de los mayores logros del evento.
Hubo algo de polémica por el espacio elegido ¿Qué pueden decir al respecto?
Antes que nada, quiero aclarar que nosotros no nos subimos a la polémica, como buenos cristianos preferimos poner la otra mejilla. Si hubiésemos querido entrar en esa discusión, probablemente habríamos conseguido mucha más difusión. Habrían aparecido cámaras, curiosos y el evento se habría transformado en un circo. Y justamente eso era lo que queríamos evitar. Nuestro objetivo nunca fue generar un enfrentamiento ni buscar repercusión a partir de la controversia. De hecho, con gusto les hubiésemo dado participación. Ojalá se dé en un futuro. Lo que realmente nos importa es el resultado. Creemos que nuestra misión se cumplió plenamente y que el anzuelo fue el correcto. Como pescadores de hombres, que es lo que les pidió Cristo a sus apóstoles que sean, logramos acercar a muchas personas a un espacio de reflexión que, de otra manera, probablemente nunca habrían conocido.
¿Qué valor tiene hoy en día poner a la muerte en el debate público?
El ciclo nace de una necesidad concreta: llevar al encuentro presencial esa comunidad que ya se reúne alrededor de las historias, las redes, el terror, el cine y la imaginación. Turbio propone recuperar algo del fogón narrativo, pero llevado a una experiencia contemporánea: una función nocturna, con estética propia, en lugares cargados de sentido, donde el público pueda compartir una película, una conversación, una copa y una forma distinta de habitar la ciudad.
Rosario necesita nuevas propuestas culturales capaces de convocar a públicos jóvenes, activar espacios, generar conversación y ofrecer planes nocturnos que salgan del circuito habitual. Por eso el ciclo combina pensamiento, ocio, gastronomía, patrimonio, cine y experiencia colectiva. Su potencia está en esa mezcla: una propuesta cultural seria, pero seductora; reflexiva, pero accesible; alternativa, pero con capacidad real de convocatoria.
Respecto de la pregunta sobre la muerte, creo que es un tópico más dentro de los que nos interesa problematizar y se vio expresado en la primera edición. La muerte es un tema que extrañamente, en este tipo de sociedad actual que frivoliza todo y lo convierte en acto performático, aparece todavía muchas veces como tabú: raramente se piensa en ella hasta que aparece como posibilidad propia o de un ser querido. Como si hubiera que esconderla para hacer de cuenta que no sucede, que no existe, que no es posible. La conciencia de la certeza de la propia muerte es lo que distingue a los seres humanos de otros animales. Esa negación es una estructura problemática y creemos que vale la pena la pregunta.
¿Qué aporta el cine de terror como género?
El terror es mucho más que un género para sentir miedo: también funciona como una crítica social, como metáfora. Toda buena obra artística tiene distintas capas de lectura. Es como una cebolla: uno puede quedarse con la superficie o profundizar y encontrar otros significados. Los monstruos del cine de terror casi nunca son solamente monstruos; suelen representar conflictos, miedos o problemas de cada época. Los vampiros, por ejemplo, pueden simbolizar personas que viven a costa de otras, que les quitan la energía, el tiempo o la vida para beneficio propio. Esa idea existió siempre y sigue vigente. Los zombies también son una metáfora: representan masas que avanzan sin cuestionar, una sociedad de consumo que repite conductas, individuos que siguen al resto sin detenerse a pensar. Lo interesante del terror es que permite hablar de temas muy profundos desde un lenguaje accesible y entretenido. Por eso creemos que el terror sigue siendo un género tan vigente: porque habla de nosotros, de quién está ubicado en el lugar del monstruo y de nuestra sociedad, aunque lo haga a través de historias fantásticas. Nuestro objetivo también es invitar al público a descubrir esa dimensión simbólica del cine de terror y entender que detrás de cada película suele haber mucho más que un simple susto.
¿Cómo sigue el proyecto?
Nosotros creemos que Rosario puede. Tenemos muchas más ideas y muchos otros lugares simbólicos de la ciudad que queremos acercarle a la gente a través de experiencias culturales. Muchas veces parecen proyectos imposibles, pero Rosario ya demostró una y otra vez que puede hacer cosas que parecían imposibles. Esta ciudad tiene una magia especial. De acá salen historias extraordinarias, personas extraordinarias y proyectos que terminan sorprendiendo. Si hay buena predisposición entre el sector público, el privado y quienes quieren hacer cosas, no hay proyectos imposibles. Nosotros vamos a seguir apostando por ese camino: generar experiencias originales, respetuosas y que hagan que los rosarinos vuelvan a mirar su ciudad con otros ojos.
Turbio
Turbio es un colectivo cultural integrado por personas de distintas disciplinas artísticas y comunicacionales que entienden el terror como un lenguaje capaz de abrir debates, preguntas y reflexiones sociales de gran valor actual. El proyecto trabaja desde una estética atractiva, alternativa y contemporánea, pensada especialmente para públicos jóvenes y adultos interesados en nuevas formas de vivir la cultura en Rosario, explicó Maggi. Su equipo reúne perfiles vinculados a la literatura, el periodismo, la producción audiovisual, el cine, el podcast, la narración oral, el diseño, la fotografía, la producción cultural y la creación de contenido para redes sociales.
Su universo se desarrolla en múltiples plataformas y formatos: relatos escritos publicados en X (Twitter), acompañados por imágenes artísticas; videopodcast en YouTube y Spotify, donde las historias adquieren voz, rostro y atmósfera; narraciones en vivo en espacios culturales y comerciales de la ciudad; producción de experiencias presenciales vinculadas al terror, el cine, la memoria urbana y la noche. En todas las redes pueden encontrar el proyecto como @somosturbio.