Tiene apenas 2.800 habitantes y una laguna con flamencos: el pueblo argentino que se volvió una joya del turismo
Cuál es el pueblo que tiene flamencos. De dónde vienen los flamencos.
En el sur de la provincia de Santa Fe, a unos 360 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, hay un pequeño pueblo de apenas 2.800 habitantes que en los últimos años volvió a captar la atención de viajeros de todo el país. Se trata de Melincué, una localidad donde la naturaleza, la historia y el turismo de bienestar conviven alrededor de una laguna que sorprende por la presencia de flamencos y otras aves silvestres.
Su principal atractivo es la Laguna Melincué, uno de los humedales más importantes de la región y un sitio reconocido internacionalmente por su valor ambiental. Declarada Sitio Ramsar, forma parte de un ecosistema que alberga una gran diversidad de especies y se convirtió en un lugar privilegiado para el avistaje de aves, especialmente de flamencos australes, que suelen concentrarse en grandes bandadas durante distintas épocas del año.
Además del espectáculo natural, la laguna posee aguas salobres y barros que históricamente fueron valorados por sus propiedades terapéuticas. Durante gran parte del siglo XX, Melincué fue uno de los destinos turísticos más elegidos del interior argentino, con un balneario que recibía miles de visitantes cada verano. Aunque las inundaciones modificaron el paisaje y afectaron parte de su infraestructura, el pueblo logró reinventarse como un destino enfocado en el turismo de naturaleza y descanso.
Un paraíso para quienes buscan naturaleza
La observación de aves es una de las actividades más convocantes. En la laguna pueden verse flamencos, cisnes de cuello negro, garzas, patos y numerosas especies migratorias que encuentran alimento y refugio en este humedal. Los atardeceres sobre el espejo de agua, los senderos costeros y las posibilidades para practicar deportes náuticos como kayak, windsurf o kitesurf completan una propuesta ideal para quienes buscan escapadas de fin de semana lejos del ruido de las grandes ciudades.
Melincué también conserva un importante patrimonio histórico. Sus orígenes se remontan al siglo XVIII, cuando funcionó como un fortín destinado a proteger la frontera sur de la entonces provincia de Santa Fe. Entre sus principales sitios de interés se encuentra el histórico Mangrullo, declarado Monumento Histórico Nacional, además de circuitos guiados que recorren el antiguo fuerte y permiten conocer las leyendas que rodean el origen del nombre del pueblo. Según una de las versiones más difundidas, "Melincué" proviene de una historia vinculada a un cacique indígena y su hijo, mientras que otra lo relaciona con un antiguo jefe pampa que habitó la zona.
Con su combinación de biodiversidad, paisajes abiertos, historia y tranquilidad, Melincué demuestra que no hace falta recorrer grandes distancias para descubrir destinos diferentes. Este pequeño pueblo santafesino, rodeado por uno de los humedales más valiosos del país y famoso por las bandadas de flamencos que lo visitan cada año, se consolidó como una de las escapadas más atractivas del litoral argentino.