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La voz hace 4 horas 2 min de lectura

Tras diez años esperando en un refugio, el perro más viejito fue adoptado y lo despidieron con aplausos

Omar pasó más de una década en la Fazenda Modelo de Río de Janeiro viendo cómo todos se iban menos él. Una mujer que adoptó a otra perra anciana decidió cambiarle la vida.

Tras diez años esperando en un refugio, el perro más viejito fue adoptado y lo despidieron con aplausos
Foto: La voz

La espera más larga y silenciosa de la Fazenda Modelo, el reconocido refugio de animales de Río de Janeiro, llegó a su fin de la manera más emotiva posible. Tras pasar más de una década viviendo entre caniles y pasillos de cemento, Omar, el perro residente más antiguo del lugar, logró cruzar el portón de salida para comenzar una nueva vida en un hogar de verdad.

La realidad de los perros de avanzada edad en los centros de adopción suele ser sumamente compleja. La gran mayoría de las familias que buscan una mascota se inclinan por cachorros o ejemplares jóvenes, dejando en el olvido a aquellos animales que, por sus canas, su tamaño o su color de pelaje, cargan con el prejuicio de ser "difíciles" de criar o de adaptar. Sin embargo, la historia de este noble can dio un vuelco absoluto gracias a la perseverancia de los voluntarios y al gran corazón de una adoptante responsable.

El esperado milagro se concretó cuando los cuidadores de la institución recibieron la confirmación de que una mujer llamada Raquel había decidido abrirle las puertas de su casa. La nueva dueña de Omar ya conocía de cerca lo que implica cuidar a un animal maduro, dado que el año anterior había adoptado en el mismo predio a Renê, otra perrita anciana que necesitaba una oportunidad.

Lejos de ser un impulso, la decisión fue sumamente meditada, contemplando los cuidados veterinarios, el espacio necesario y el proceso de adaptación que requiere un can de su edad.

El emotivo pasillo

Para celebrar este acontecimiento histórico para el refugio, los voluntarios y trabajadores decidieron prepararle a Omar una despedida digna de un campeón. En el momento de su salida, las personas que lo alimentaron y cobijaron durante más de diez años formaron un pasillo de honor a lo largo del canil. Entre lágrimas, sonrisas y aplausos coordinados, acompañaron la última y lenta caminata del animal hacia la libertad.

Con su traslado a lo que será su hogar definitivo, el tierno canino dejó atrás su viejo nombre de refugio para pasar a llamarse Pedrinho, marcando de forma simbólica el inicio de una etapa completamente renovada. En su nueva residencia, el perro cuenta con un amplio patio para recorrer a su propio ritmo, la compañía de otros pares y el calor humano que tanto añoraba.

Desde la cuenta oficial de los rescatistas compartieron las conmovedoras imágenes del festejo de egreso y recordaron que la adopción de un perro anciano requiere de muchísima paciencia, respeto por sus tiempos y un seguimiento constante para que logre acostumbrarse a las libertades y sonidos de una casa de familia después de haber vivido tanto tiempo bajo las estrictas rutinas de una institución.

La voz Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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