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Mdzol hace 4 horas 4 min de lectura

Los argentinos aprendimos a sobrevivir a las crisis, pero no a planificar la estabilidad

Tras años de crisis, el reto ya no es solo sobrevivir, sino cambiar hábitos, proteger el patrimonio y planificar el futuro con previsión.

Los argentinos aprendimos a sobrevivir a las crisis, pero no a planificar la estabilidad
Foto: Mdzol

Hay una frase que escucho con frecuencia cuando hablo de finanzas personales: "Siempre nos arreglamos". Y es cierto. Los argentinos tenemos una enorme capacidad para adaptarnos. Aprendimos a convivir con la inflación, con las devaluaciones, con los cambios de reglas y con la incertidumbre. Desarrollamos una habilidad casi intuitiva para reaccionar cuando la economía se complica.

Pero esa misma capacidad que nos permitió sobrevivir durante tantos años también nos dejó una deuda pendiente y es que nunca aprendimos a vivir en estabilidad. Paradójicamente, cuando el contexto comienza a mostrar algunos signos de mayor previsibilidad, muchas personas siguen tomando decisiones como si la próxima crisis fuera inminente. O, en el extremo opuesto, creen que ya no hace falta planificar porque "ahora está todo más tranquilo". Ninguno de los dos caminos suele conducir a una buena salud financiera. Durante décadas, administrar el dinero en Argentina significó apagar incendios.

Llegar a fin de mes, adelantar compras antes de un aumento, correr detrás del dólar, buscar promociones o financiar consumos para no perder poder adquisitivo. Era una lógica defensiva. No había demasiado margen para pensar en objetivos de largo plazo porque el presente demandaba toda la atención. Sin embargo, cuando una economía empieza a estabilizarse, aunque todavía existan desafíos importantes, las reglas del juego cambian. Y allí aparece un problema del que se habla poco. Muchos seguimos administrando nuestras finanzas con hábitos propios de una economía en emergencia.

Los argentinos tenemos una gran capacidad adaptación

La educación financiera no consiste solamente en saber invertir o entender cómo funciona un crédito. También implica cambiar la manera en que pensamos el dinero. Planificar no significa adivinar el futuro. Significa prepararse para distintos escenarios. Por eso me preocupa cuando escucho frases como "si sobra algo, ahorro". La realidad demuestra que casi nunca sobra. El ahorro no suele ser el resultado de un excedente espontáneo, sino de una decisión consciente. Lo mismo ocurre con la inversión, con la contratación de un seguro o con la construcción de un fondo de emergencia. Son herramientas que deberían formar parte de cualquier planificación financiera, incluso cuando la economía parece ofrecer un respiro.

Otro rasgo muy argentino es creer que hablar de patrimonio es algo reservado para quienes tienen mucho dinero. Nada más lejos de la realidad. El patrimonio empieza con aquello que nos costó años construir, como una vivienda, un auto, un emprendimiento, los ingresos de nuestra familia o incluso nuestra capacidad de generar dinero a través del trabajo. Todo eso merece protección y planificación, independientemente del monto. En este punto, los seguros ocupan un lugar que muchas veces queda relegado. Todavía persiste la idea de que representan un gasto que puede postergarse. Sin embargo, la experiencia demuestra exactamente lo contrario, ya que el verdadero costo aparece cuando ocurre un imprevisto y no existe ninguna cobertura que permita afrontarlo sin comprometer el patrimonio familiar.

La estabilidad también exige revisar nuestros consumos

Durante años naturalizamos las cuotas eternas, las compras impulsivas para "ganarle a la inflación" o el uso constante del crédito para financiar gastos corrientes. Algunas de esas conductas respondían a un contexto determinado. Pero repetirlas automáticamente, sin analizar si siguen siendo convenientes, puede terminar perjudicando nuestras finanzas. Cada etapa económica requiere decisiones distintas. Hoy quizás tenga más sentido evaluar la rentabilidad de una inversión en pesos, analizar diferentes instrumentos financieros o revisar la estructura de gastos del hogar antes que comprar por impulso por miedo a un aumento de precios. No existen recetas universales, pero sí una necesidad permanente de adaptar nuestras decisiones al contexto y no actuar únicamente por costumbre.

También es momento de recuperar una palabra que durante mucho tiempo desapareció del vocabulario económico de las familias: objetivos. Ahorrar para comprar una vivienda, para estudiar, para emprender, para cambiar el auto o simplemente para tener mayor tranquilidad son metas que vuelven a tener sentido cuando existe cierta previsibilidad. Y cuanto más claro sea el objetivo, más fácil será sostener el hábito del ahorro y evitar decisiones impulsivas. No se trata de caer en un optimismo ingenuo. Argentina sigue siendo un país que enfrenta desafíos económicos importantes y nadie puede asegurar qué ocurrirá dentro de algunos años. Pero justamente por eso la planificación adquiere aún más valor. Porque no elimina la incertidumbre, pero sí reduce nuestra vulnerabilidad frente a ella.

La resiliencia seguirá siendo una virtud de los argentinos

Probablemente siempre lo sea. Lo que deberíamos incorporar ahora es otra habilidad igual de importante, la capacidad de construir estabilidad cuando las condiciones lo permiten. Sobrevivir a las crisis habla de nuestra fortaleza. Aprender a administrar la estabilidad habla de nuestra madurez financiera. Y quizás ese sea el verdadero cambio cultural que todavía nos falta dar.

* Gabriela Totaro es especialista en educación financiera, psicopedagoga, diplomada en Finanzas, productora asesora de seguros y founder de GT Educación Financiera.

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