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Provinciales
La mañana Online hace 3 horas 3 min de lectura

Crédito perdido - Diario La Mañana

Crédito perdido - Diario La Mañana
Foto: La mañana Online

La pérdida de credibilidad de las y los dirigentes, en nuestro país, viene de lejos y encuentra ejemplos palpables en prácticamente todos los ámbitos, desde el político al empresarial, pasando por el sindical, donde se hace aún más fuerte. Las encuestas reflejan de manera indubitable que una franja mayoritaria de la sociedad argentina no sólo rechaza el proceder extorsivo de los grupos piqueteros -hoy en extinción-, sino que, además, cuestiona la representatividad de las principales agrupaciones gremiales para resolver la problemática de las y los trabajadores. En efecto, amplios sectores de la población vienen cuestionando hace años el accionar de los sindicatos y no se sienten representados por ninguna central obrera. Sin embargo, y a pesar de la contundencia de los sondeos de opinión, los principales referentes sindicales mantienen el hábito de perpetuarse al frente de sus respectivos gremios. Para colmo de males, en lo que ya constituye un clásico nacional, el sindicalismo está acostumbrado desde siempre a manejarse con fracciones aparentemente irreconciliables. Desde la década del sesenta -para no ir más atrás en el tiempo- en que los seguidores de Augusto Vandor aparecían enfrentados a la CGT de los Argentinos, la principal central obrera argentina fue escenario de disputas no exentas de actos violentos. El desprestigio alcanzó tal magnitud que, en la década del noventa, llevó a la escisión de varios sindicatos, entre ellos ATE (agentes estatales) y Ctera (docentes), los cuales conformaron la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA). ¿Pero qué pasó? Los nuevos socios no pudieron mantenerse unidos y se dividieron, por lo que hoy existen dos CTA: la de los Trabajadores (CTA-T) y la Autónoma (CTA-A). La disciplina política hizo que la CGT Formosa se mantuviera unida durante todo este tiempo. Más bien, logró acallar las diferencias internas. Hasta ahora. El proceso de normalización que se lleva adelante en estos días hizo aflorar cuestionamientos públicos que alteraron las relaciones. La secretaria general del sindicato docente Sidofor, Estela Escobar, candidata a conducir la Regional local, denunció irregularidades en dicho proceso y criticó abiertamente a los actuales mandos señalando que la CGT tiene que ser una casa abierta para todos los trabajadores y no un lugar donde se excluya a los gremios. Amén de la suerte que puedan correr la diputada provincial justicialista y el Movimiento por la Unidad Gremial en su repentino propósito, lo que debe importar es un cambio de actitud de la dirigencia sindical en su conjunto: deberían privilegiar de una vez por todas el interés general por sobre sus intereses políticos o personales. Es tiempo de que la CGT, las CTA y los sindicatos en general se consagren a la importante función que están llamados a cumplir para mejorar la calidad de vida de los trabajadores. En aras de ello es necesario impulsar una saludable renovación de las primeras filas de la dirigencia gremial, acompañada de cambios de conducta que permitan recuperar, aunque más no fuera, una parte del crédito perdido.

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