El adiós a un escaparate con historia
Protagonistas del paisaje urbano, fueron por décadas punto de encuentro e información.
El adiós a un escaparate con historia
Protagonistas del paisaje urbano, fueron por décadas punto de encuentro e información.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
Mañana y tarde/pregonando los diarios/cruzo la calle/y en cafés y bares/le encajo a los marchantes/diarios a mares. Canillita, sainete de Florencio Sánchez.
Después de 45 años de presencia, fue retirado el escaparate que servía como kiosco de diarios y revistas en la vereda de calle Zelarrayán al 200, casi esquina 19 de Mayo. En este caso particular su destino no será convertirse en un desecho sino que será adaptado para otros usos en otro lugar.
Es uno más de estos tradicionales puestos que han dejado su lugar, en parte como consecuencia del cambio verificado en los últimos tiempos en la comercialización de esos productos.
Hace unos años, el Sindicato de Vendedores de Diarios y Revistas de nuestra ciudad dio cuenta de la compleja situación que atravesaban sus trabajadores, señalando que sobre unos 70 puestos de venta que hubo en la ciudad apenas sobrevivía una decena. Los cambios en la manera de informarse de la gente fueron clave para que eso ocurriese. Tampoco los canillitas han permanecido: no hay diarios que vender.
Canillitas bahienses, 1917
Los escaparates y puestos de chapa conformaron un ícono urbano. Nacidos a principios del siglo XX, sirvieron como punto de encuentro y distribución de información. Su presencia tuvo que ver con generar un punto de estadía para los vendedores ambulantes, los popularmente llamados canillitas, que voceaban por toda la ciudad la llegada de diarios y revistas, cuando las publicaciones en papel eran dueñas de la comunicación.
Pase y vea
Sábato: Y otro fenómeno: el de los kioscos. Antes, solamente Arlt se vendía en la calle.
Borges: (Lleno de asombro) ¿Libros en los kioscos?
Sábato: (Sonriendo) Sí, también los suyos: El Aleph, Ficciones y los clásicos. Me parece bien que sus libros estén allí en la calle, al paso de cada lector. Diálogos. Borges/Sábato
La palabra escaparate los define como vidrieras, como lugar de exhibición de mercadería. Los nuevos tiempos fueron afectando su funcionamiento. Las publicaciones en papel comenzaron a disminuir, los diarios dejaron de venderse, la gente comenzó a informarse por nuevos canales, plataformas y soportes.
Pero cuando parecían condenados de manera terminal, una modificación de la ley nacional que rige su funcionamiento permitió que siguieran ocupando el espacio público asignado sumando nuevos usos, adaptados como cafeterías, florerías, tiendas de regalos y otros.
Muchas de las antiguas estructuras de chapa fueron restauradas y transformadas. Las que se mantienen con su rubro original han sumado la venta de colecciones de automóviles, libros, fascículos y juguetes.
En nuestra ciudad sigue funcionando un puñado. Muchos han ido retirados sin tener una segunda oportunidad.
Han sido producto de una época, han sido víctima de los tiempos modernos, han sobrevivido los que han sabido y podido adaptarse a los cambios, cambio que, tal como sugirió Heráclito, es lo único que ocurre de manera permanente.
En el recuerdo
Algunos de los que ya no están.