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Opinión
La Gaceta Tucuman hace 8 horas 3 min de lectura

Los goles que grita un país y los goles que muy poco se ven

Juan A. González - Ex Secretario de Ciencia, Tecnología y Ambiente

Los goles que grita un país y los goles que muy poco se ven
Foto: La Gaceta Tucuman

En la Argentina aprendimos a celebrar los goles. Un gol en una final puede detener al país entero: las calles se llenan de banderas, los balcones se convierten en tribunas y millones de personas abrazan a desconocidos como si fueran amigos de toda la vida. Es una pasión que nos identifica y nos une.

Pero existe otra clase de goles. Son los que no aparecen en los resúmenes deportivos ni ocupan las primeras planas. Son los goles silenciosos que vino marcando nuestro sistema científico argentino a lo largo de décadas. Son aquellos que marcan nuestros investigadores cuando descubren nuevos conocimientos, nuestros ingenieros cuando desarrollan tecnologías, nuestros médicos cuando encuentran tratamientos innovadores, nuestros emprendedores cuando crean empresas que generan empleo y nuestros jóvenes cuando triunfan en las olimpíadas de matemática, física, informática o robótica.

Argentina es uno de los pocos países del mundo que ha obtenido cinco Premios Nobel, tres de ellos en ciencias cuyos descubrimientos transformaron la medicina y la biología modernas. También tuvo dos premios Nobel por la paz. Pero además existe otro reconocimiento del que casi no se habla. En 2007, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) recibió, junto con Al Gore, el Premio Nobel de la Paz por sus aportes al conocimiento y la concientización sobre el cambio climático. En la elaboración de los informes científicos que hicieron posible ese reconocimiento participaron cientos de investigadores de todo el mundo, entre ellos varios científicos argentinos. Justamente esos logros científicos colocan a la Argentina entre las naciones con mayor prestigio intelectual de América Latina. Paradojicamente son estos logros cinetificos y tecnológicos que en este gobierno se esta atacando con un cientificidio nunca antes visto. Vamos a tener menos golesPues en la cancha de la ciencia lo que cuenta son los partidos a largo plazo y no se logran en 90 minutos.

Nuestra historia también ofrece ejemplos de presidentes y dirigentes que dejaron huellas por su visión de futuro, impulsando la educación pública, la ciencia, la justicia, la infraestructura y el desarrollo institucional. Son logros que, más allá de las diferencias políticas que puedan suscitar sus figuras, forman parte de la construcción del país y merecen ser conocidos y debatidos.

Sin embargo, estos triunfos rara vez provocan caravanas, canciones o festejos multitudinarios. Un joven que obtiene una medalla internacional en ciencias suele regresar al país casi en silencio. Un investigador que publica un descubrimiento de impacto mundial apenas ocupa unas pocas líneas en los medios. Un emprendedor que desarrolla una tecnología innovadora difícilmente reciba el reconocimiento popular que sí obtiene un goleador de un clásico.

No se trata de dejar de celebrar el fútbol. El deporte despierta emociones legítimas y forma parte de nuestra identidad cultural. Se trata de ampliar la mirada. Un país necesita tanto de los goles convertidos en una cancha como de los goles logrados en un laboratorio, un aula, una empresa, un taller o una biblioteca.

Cada avance científico es un gol contra la enfermedad. Cada innovación tecnológica es un gol para el desarrollo. Cada docente que inspira a sus alumnos convierte un gol para el futuro. Cada joven que estudia, investiga y crea está defendiendo la camiseta de la Argentina desde otro lugar.

Misma intensidad

Quizás el gran desafío sea aprender a aplaudir con la misma intensidad ambos tipos de victorias. Porque los campeonatos deportivos llenan de alegría un momento de nuestra historia, pero el conocimiento, la educación, la ciencia y la innovación construyen el futuro de generaciones enteras.

Los países verdaderamente grandes no solo cuentan los goles que hacen sus delanteros. También celebran los que convierten sus científicos, sus docentes, sus emprendedores y sus jóvenes. Esos son los goles que no siempre se ven, pero que terminan cambiando el destino de una nación.

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