Vivimos entre dos fuerzas: reproducir o resignificar - Últimas Noticias: El Chubut
Por Candelaria Montoya Bellón
Vivimos entre dos fuerzas: reproducir o resignificar
Por Candelaria Montoya Bellón
por REDACCIÓN CHUBUT 20/07/2026 - 20.33.hs
Toda institución, todo Estado, todo vínculo, todo país elige en cada acto. Como plantea Lidia Fernández, las instituciones no son neutras: están tensadas entre reproducir su historia o resignificarla para cambiar.
Reproducir: es repetir los mismos sistemas de significados, prácticas y vínculos que ya circulan en la red social. Es lo instituido que se impone: acá siempre se hizo así. Ante el conflicto, se responde con la solución conocida. Es cómodo para quien decide, pero deposita el costo en los más vulnerables.
Reproducir es repetir el pasado, aunque dañe.
Resignificar: es producir nuevos sentidos. Es habilitar la palabra, revisar la historia institucional y preguntar: ¿a quién le sirve esto que hacemos?. Implica alojar el conflicto en vez de negarlo. Es incómodo, exige hacerse cargo, pero es lo único que aloja la vida. Resignificar es usar el dolor presente para que el futuro sea distinto.
Estas dos fuerzas coexisten siempre. Elegir una u otra es una decisión política sobre el sufrimiento del otro.
Dentro de ambas fuerzas existe la fe, y esa fe está rodeada de anillos de marginalidad.
Alfredo Moffatt explica que la exclusión no es un punto: son aros. La pobreza, la desocupación, la violencia, la falta de redes van cercando al sujeto. Cuando los aros se cierran y no hay salida, aparece el síntoma como intento de fuga. El síntoma es salud: es lo que el cuerpo y el psiquismo inventan para no morir aplastado.
Por eso, cuando los aros se cierran, buscamos la fe religiosa, el saqueo o la migración. Si no hay síntomas que liberen el sentir, si no se abre ninguna rendija, aparece la violencia. La fe acá no es abstracta: es el último sostén simbólico cuando el desamparo es total. Gracias a Dios seguimos vivos, dice una sobreviviente. Eso no es resignación.
Sí, todo es política. Hacerla o no hacerla es un acto político. Y la política tiene poder, fuerza. Pablo Gentili nos recuerda que en América Latina funciona una pedagogía de la exclusión. Hay una exclusión incluyente: se incluye a los pobres, pero en condiciones que garantizan que sigan abajo. Se les da casa, pero en suelo blando y sin control técnico. Se les da escuela, pero sin calidad. La desigualdad se enseña. Se naturaliza con concreto, con reglamentos, con silencios.
Por eso no hacer política frente al dolor es hacer política: es decidir que algunos cuerpos valen menos. Es reproducir. Es enseñar, con la omisión, que hay vidas descartables. Un acto revolucionario es enseñar a mirar la realidad.
Enseñar que el otro existe. Que si lo veo, lo hago parte. ¿reproduzco o resignifico?
Desde ahí, quizás, se pueda empezar a desmontar la pedagogía de la exclusión. No con discursos, sino con actos:
Porque reproducir es repetir el pasado aunque duela.
Resignificar es usar el dolor presente para que el futuro sea distinto.
Y esa elección no es técnica. Es ética. Es política. Es hoy.
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