Tikal: la joya maya oculta en la selva guatemalteca
Descubra las maravillas de las antiguas ciudades en la selva de Guatemala y sumérjase en una experiencia única lejos del turismo convencional.
Cuando uno piensa en ruinas mayas, enseguida piensa en Chichen Itzá y Tenochtitlán en México, pero el antiguo imperio maya que llegó a tener quince millones de habitantes, vivió en cuidades estado a lo largo de todo América Central. Además de México, las huellas mayas están en El Salvador, Honduras, Belice y Guatemala.
Una de estas ciudades es Tikal, ubicada en la selva tropical del estado de Petén, al norte de Guatemala, donde más de cien mil habitantes habitaron en un área de casi 60.000 hectareas en el año 900. Su templo más alto alcanza los 70 metros, mientras que Chichen Itzá no llega a los 30 y el área no supera las 300 hectáreas. Y si bien Tikal lleva todo un día, los fanáticos pueden recorrer tambien Uxactun, Yaxhá, Topoxte, Nakum, Dos Pilas, Aguateca y Seibal.
Un excelente lugar para hacer base es el hotel La Lancha, propiedad de Francis Ford Coppola y familia, que está ubicado a poco más de 100 kilómetros del hotel que fue su casa en Belice, Blancaneaux lodge. El nombre La Lancha tiene su razón: está ubicado junto al lago Petén Itzá, grande como un mar calmo. Las diez cabañas están distribuidas sobre un terreno escarpado que cae a pico al lago, por eso un funicular sube y baja para el alivio de las rodillas. En la base, una plataforma flotante permite disfrutar del chapuzón en el agua fresca y transparente con un horizonte verde selva.
Por los chicles se descubrieron las ruinas
Milton López es el guía ideal para hacer la excursión al Parque Nacional de Tikal. Su padre fue uno de los guardaparques durante treinta años y Milton pasaba las tardes allí después del colegio. No hay árbol que no conozca.
Dada su dimensión, antes de llegar hicimos una parada en un comercio donde además de vender las preciosas artesanías guatemaltecas, especialmente los textiles, hay una gran maqueta de las ruinas y paneles donde cuentan la historia de su descubrimiento.
Fueron por suerte y desgracia de los chicles que las ruinas fueron descubiertas. Más allá de que el descubrimiento oficial por parte del gobernador de Petén fue en 1848, la realidad es que los chicleros de las compañías norteamericanas Wrigley y Adams fueron los verdaderos descubridores. En el auge de la goma de mascar, los nativos conocedores los árboles chicozapote que era de donde se sacaba la goma, eran quienes se internaban en la selva para identificarlos. Al escalar estos árboles para cortar la corteza y extraer la resina, los chicleros veían las crestas de templos y enormes pirámides cubiertas de maleza. La desgracia, fue que los chicleros, además de ser tratados casi como esclavos, fueron desmalezando la selva y talando bosques de ébano en su avance.
Apenas entre el 5 y 15 por ciento de las ruinas están desenterradas, por eso la maqueta tiene el valor de mostrar lo que en realidad no se ve. Esta maqueta fue hecha en base al mapeo digital Lidar, un escaneo láser que los arquéologos hacen tomando imágenes que atraviesan la maleza.
Con esta información llegamos al Parque Nacional, 575 kilómetros cuadrados de selva, declarado patrimonio de la Humanidad desde 1979. A diferencia de las ruinas mexicanas que están en una superficie abierta a metros del estacionamiento, en Tikal habrá que recorrer senderos en medio de la selva donde es posible ver monos aulladores, tucanes, coatíes y cada tanto algún jaguar. Y así llegamos a la Plaza Mayor, rodeados por el Templo del Gran Jaguar y el Templo de la Máscara, y más adelante al más alto, el Templo de la serpiente bicéfala, de 70 metros de altura.
Entre los turistas también pasean locales ataviados con sus hermosos trajes de colores. Milton nos explica que ellos se consideran descendientes de los mayas y tienen un permiso especial para realizar sus ritos y ceremonias. El gobierno construyó para ellos altares similares a los originales donde encienden azúcar, chocolate, velas de distintos colores, cigarros, canela y copal (resina aromática).
Isla de Flores
Otra visita para realizar es la isla Flores, ubicada en el centro del lago, a una hora de paseo en lancha desde el hotel. La isla se puede recorrer en una tarde. Vale la pena caminar sin planes por sus calles adoquinadas sabiendo que estamos pisando Nojpetén, antigua capital del reino maya Itzá.
Es el lugar para seguir comprando las vistosas artesanias, animales y deidades mayas tallados en madera, cestería en fibras naturales, muñecas tradicionales de la aldea de Uaxactún hechas con hojas secas de maíz y decoradas con semillas, y los coloridos tejidos y bordados que se vuelven fundas de almohadón, bolsos, caminos de mesa y tapices.
De regreso al hotel en lancha, el viento en la cara mitiga el intenso calor y la humedad y es el momento para que el capitán abra una botella helada de Sofía, el vino rosado de la bodega de Coppola, para acompañar una tabla de quesos y fiambres.
Ya en la galería de la habitación, que es como un palco de teatro para veremos el show de una familia de monos desplazarse entre los árboles, mientras el sol se hunde lento en el horizonte del lago. Así pasa la vida en Petén, Guatemala.