Incendios en la Patagonia: a cinco años del fuego que arrasó Chubut, la calidad del agua todavía no volvió a sus valores normales
Investigadores del Conicet registraron metales pesados y excesos de nutrientes que pueden originar desequilibrios ecológicos a largo plazo. Ahora analizan cuencas cercanas al Parque Nacional Los Alerces y, en principio, observan resultados similares
Un grupo de investigadores del Conicet viene analizando la calidad del agua de ríos y arroyos patagónicos tras los incendios que consumieron más de 13.000 hectáreas en Chubut en 2021. Desde entonces, los cursos de agua no recuperaron por completo su normalidad y la reiteración de estos eventos hace que, progresivamente, se vayan contaminando otras cuencas que servían como referencia de comparación.
El estudio fue desarrollado por un equipo de investigación del Centro de Investigación Esquel de Montaña y Estepa Patagónica (Ciemep-Conicet), en colaboración con investigadoras del laboratorio de Química de la empresa Invap. Se analizó cómo los incendios de 2021 afectaron la calidad del agua, principalmente en ríos y arroyos de la zona de Las Golondrinas y El Hoyo.
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La investigación, publicada en la revista especializada Science of The Total Environment, remarca que a cinco años de los incendios, el agua todavía no volvió a arrojar valores normales. Durante las investigaciones, que se prolongaron durante 28 meses, se encontraron desde metales pesados hasta exceso de compuestos de nitrógeno, elementos que alteran la biodiversidad, pueden ser tóxicos y derivar en la proliferación de bacterias a largo plazo.
El grupo de trabajo, explicó a TN la doctora en Ciencias Fisiológicas Yanina Assef, evaluó los efectos del fuego comparando cuatro arroyos afectados por los incendios con otros cuatro arroyos de referencia de la región que no fueron afectados pero presentan características ambientales similares.
Fuente de agua
El grupo del Ciemep estudia, desde hace casi 30 años, la calidad del agua y las alteraciones naturales y antrópicas en ríos, arroyos, lagos y lagunas de la Patagonia. Los análisis, que van desde los efectos de cenizas volcánicas hasta la injerencia de actividades agropecuarias, ahora se centran en un fenómeno que se reitera desde hace varios años en la región producto de sucesivas sequías y aumentos de temperaturas: los incendios.
Las primeras inquietudes llegaron de parte de pueblos que se abastecen históricamente de esos arroyos (que también proveen agua a actividades económicas y productivas), que no tienen acceso a agua potable de red y empezaron a notar cambios. Assef explicó que, de paso, pudieron sumar información sobre un fenómeno poco estudiado en la Patagonia.
Estamos a casi cinco años completos de muestreos posteriores al incendio y aún vemos efectos en la calidad del agua, que no volvió a sus valores de referencia, en comparación con otros arroyos de la zona que no fueron afectados por los incendios, resaltó la investigadora del Ciemep. El paso siguiente es definir la ventana de perturbación, es decir, en qué tiempo los cursos de agua se recuperan por completo.
De todos modos, anticipó que la ribera no va a ser la misma porque, en general, las especies que van a rebrotar no son nativas: Suele recuperarse con especies de crecimiento más rápido, muchas veces exóticas pero no bosque nativo original, que podría costar mucho más tiempo en recuperarse y, posiblemente, no va a ser el mismo.
Bacterias y metales pesados
En los primeros meses posteriores a los últimos incendios, se encontró en el agua un aumento de sólidos en suspensión y turbidez, además de un aumento en la temperatura. Si bien los valores y la claridad del agua se va recomponiendo con el tiempo, la investigadora indicó que empezaron a aumentar los nitritos y los nitratos, que se sostuvieron incluso después de períodos lluviosos y tras cinco años siguen con registros elevados.
Estos compuestos del nitrógeno, detalló Assef, se trasladan por los arroyos y van a parar a cuerpos de agua receptores, como lagos o lagunas, en donde se pueden generar desequilibrios ecológicos por acumulación de nutrientes y derivar en mayor cantidad de bacterias o algas que contaminen el agua a largo plazo.
Además, en la etapa inicial del estudio reportaron, en conjunto con el Invap, la presencia de metales pesados tanto en arroyos afectados por los incendios como en otros que no. A estos últimos llegaron arrastrados por el humo y las cenizas, aunque con las primeras lluvias posteriores al fuego recuperaron la normalidad.
Sobre estos elementos, Assef pidió poner especial atención porque podrían provenir de infraestructuras quemadas o rocas que son susceptibles de ser meteorizadas: Podría estudiarse algún posible efecto tóxico.
Mayor frecuencia de incendios
La investigadora remarcó que los incendios son más reiterativos en los últimos años. Y si bien no perdió de vista que siempre existieron, las consecuencias de esos disturbios van en aumento por los cambios de condiciones del clima.
Al respecto, puso como ejemplo a Esquel, en Chubut, donde no eran para nada comunes las tormentas eléctricas, pero hay cambios en las condiciones climáticas que las hacen responsables de estos incendios.
Estamos atravesando períodos de veranos muy secos e inviernos con pocas precipitaciones que favorecen incendios, porque hay mucha masa vegetal para que haya incendios, explicó Assef.
Desde 2024, desde el Ciemep llevan adelante un estudio en el territorio que se viene incendiando cada verano en torno al Parque Nacional Los Alerces. La reiteración de los incendios en esa zona es tal que, este año, el fuego consumió las zonas de los cursos de agua que los investigadores marcaron como referencia para comparar con ocho sitios que ya se habían quemado.
Seguimos monitoreando porque, en este caso, estamos haciendo muestreos desde el inicio del fuego, con más frecuencia, detalló Assef, y adelantó que a priori, el efecto en el agua es similar a los que publicaron respecto de los incendios de 2021.