Messi, el hombre y el milagro: su segunda piel se transformó en su mejor capa
El capitán se va de los mundiales con la derrota en la final que lloró como aquel chico que recién empezaba, 20 años atrás
Messi, el hombre y el milagro: su segunda piel se transformó en su mejor capa
NUEVA JERSEY.- El guionista no quiso que fuera tan perfecto. Hubiese sido el cierre más glorioso posible: contra la selección que lo buscó y en el estadio donde creyó que la selección no era para él. Menos mal que aquella vez volvió a pensarlo. Evidentemente no podía ser tan idílico cuando su camino había sido sinuoso. Cuando había aprendido tanto de la derrota que por eso enseñó como nunca. El fútbol primero es para los chicos. A ellos no podremos pedirles que tengan el talento de Messi; sería presionarlos absurdamente. Pero sí les diremos que si el mejor jugador que vieron se repuso una y otra vez, ellos tienen la responsabilidad de hacerlo en cualquier tarea que encaren.
Hasta los 35 años, había convertido 6 goles en mundiales. A los 39, llegó a 21. En algún momento Kylian Mbappé lo superaría. Lo hizo antes de tiempo. Pero esa era la marca que menos le interesaría a Leo. De última, tiene para su imponente cosecha el haberse transformado en el máximo asistidor de la historia, lo que pinta sus condiciones: pasó del tremendo gambeteador al infernal goleador y luego, además y no como reemplazo, al brillante pasador. Lo que lo desvelaba era un último triunfo. Lo desveló toda su vida. Con la derrota en la piel, primero se sentó en el campo de juego. Su semblante era de un hombre satisfecho, decepcionado pero lleno. Luego de recibir la medalla lideró la fila para ponerse de frente al público. Ya no sería el mismo gesto. El desconsuelo le había ganado. En consecuencia, a todos nosotros también.
Sabrá él si en su llanto sólo estaba el dolor por una final perdida. Sabrá si, después de aferrarse tanto a la continuidad en la selección, en ese momento habrá advertido el final. Está en discusión la idea de dolor dulce para describir las despedidas. Cuando sea, Messi y la selección se extrañarán. Que haya estirado su ciclo y se haya tornado gradual su adiós no hace más que atenuar el sentimiento. El post Messi incomoda, hasta desmotiva. La selección ya superó el reemplazo de un genio. Tocará de nuevo. Hoy parece muy difícil. Nada es para siempre. Mucho menos la plenitud y la felicidad.
Pocos elegirían un jugador de la MLS para buscar al mejor del mundo. Con la camiseta de la selección, Messi siguió siéndolo. Su segunda piel se transformó en su mejor capa. En estos años se lo vio siempre animado, agradecido. En planteles anteriores había tenido más compañeros contemporáneos. En este encontró el punto justo. Los que lo idolatraban de chicos se la jugaron por él, mientras que su liderazgo se dio como siempre: de forma natural, sin ostentar superioridad, con hechos en vez de palabras. Quedó dicho: los más cercanos lo sacaron del poster y lo colocaron en el portarretratos. Los más jóvenes lo vieron como un faro. Su presencia motivó a los llamados europibes. El ejemplo es Nico Paz, uno de los dueños del futuro, orgulloso de su presencia en la selección como si hubiese pasado la infancia y la adolescencia enteras en la Argentina.
La jornada del capitán siguió en el antidoping. Nuevamente solo, masticó la lógica bronca. A la derrota se la procesa. No puede dar lo mismo. Y cerró el día, por lo menos en su exposición pública, encabezando la fila de jugadores rumbo al micro. Siempre encabezando. Por cansancio o porque el rival lo sometió, el seleccionado no estuvo a la altura futbolística de una final. El ciclo no se mancha. Pero España fue un justo vencedor. Le ganó al principal retador y al campeón. Alguno podría decir que no recordaba tanta diferencia en los rendimientos de los finalistas. Se olvidaría de los primeros 75 minutos de la anterior. Cerca del final, al 10 le quedaron en la recámara un par de jugadas y la selección de los pasadores tuvo sus últimos centros. No había forma, tampoco espacio para un milagro. La capacidad de emocionar estaba a tope. En este Mundial, con la diferencia que hizo a su edad, el milagro se llamó Lionel Messi.