Un equipo agotado que no pudo cumplir el sueño del bicampeonato | El Dia
El seleccionado europeo lo superó de punta a punta y solo resaltó el esfuerzo y la garra para intentar llegar a los penales
No hay lugar para reproches. Más allá de la derrota justa ante España -que domino el partido casi de punta a punta- el esfuerzo, las ganas y la garra para pelear hasta el final por defender el título logrado en Qatar mostraron una cara conmovedora de la Selección. El final mostró a los jugadores argentinos, que ya no tenían piernas y llevaban media hora con un hombre menos, ir por ese imposible que era llevar el partido a los penales. Y con vergüenza deportiva y amor propio, tuvieron ese par de chances cerca del arco de Unai Simón que nunca antes en el partido el equipo de Lionel Scaloni había tenido.
Las lágrimas de Lionel Messi luego de la entrega de medallas sintetizan el sentimiento de todo un país. La tristeza es absoluta. La realidad futbolística del partido ante España marcó una enorme diferencia del equipo europeo, que se hizo dueño de la pelota y no la largó hasta después del gol de Ferran Torres, cuando la garra argentina llevó a lo que quedaba de la Scaloneta hacia el área rival en un ataque desesperado. Giuliano Simeone tuvo la quiniela, la banca del casino, el Gordo de Navidad, todo junto en el minuto 121. El remate alto sepultó toda esperanza. Esa foto final, de todos modos, no alcanza para disimular la imagen de un seleccionado que fue superado como nunca en toda la era Scaloni.
Si la Roja no lo ganó antes fue por las atajadas de Dibu Martínez y un estilo de juego que nunca se sale de la pulcritud y la paciencia aunque a veces la jugada pide otra cosa. Y lo ganó cuando había jirones de una Selección rota por el esfuerzo de la victoria ante Inglaterra, con 10 por la expulsión de Enzo Fernández en el final del tiempo reglamentario, sin Lisandro Martínez y Cuti Romero, que salieron lesionados, con la salida de Julián Álvarez para tratar de aguantar y con todas las estampitas puestas en Lionel Messi, el santo pagano de este equipo albiceleste.
Argentina sobrevivió a los 90 minutos con sensaciones similares a las de Italia 90. La diferencia es que hace 36 años, Brasil le abolló el arco a Sergio Goycochea pero el estilo español es otro, el de tratar de someter al rival desde la tenencia. Aún así, Emiliano Martínez fue la gran figura de la tarde al tapar remates de todo tipo, en especial un tiro libre de Lamine Yamal y un cabezazo de Nico Williams que requirieron de todo su esfuerzo para sacar la pelota al córner.
Siempre España impuso condiciones desde el control de la pelota y una presión alta que complicó en demasía a un equipo sin nafta, con sus volantes excesivamente imprecisos, lo que ponía una y otra vez la pelota en campo albiceleste.
La única jugada de gol de la Scaloneta fue un remate alto de Giuliano Simeone en el minuto 121
La primera situación clara llegó con un remate de Dani Olmo y Lamine Yamal que terminó con una buena intervención del arquero argentino. Fue el primer indicio de un partido que nada tuvo de ajedrez y -para Argentina- fue un canto a la supervivencia deportiva. Con el paso de los minutos, el dominio español se acentuó y Dibu Martínez debió esforzarse para taparle el grito a Yamal y a Mikel Oyarzábal.
La Scaloneta, además, perdió a Lisandro Martínez antes del final del primer tiempo por una lesión muscular que obligó a su reemplazo por Nicolás Otamendi.
En el complemento, Scaloni puso a Leandro Paredes en lugar de Nicolás González para tratar de disputar el dominio de la pelota, pero esa variante tampoco funcionó. No solo entró en la desesperación de los volantes que no pudieron hacer pie en el centro del campo (Mac Allister, Fernández, De Paul) sino que 3 minutos después de su ingreso ya estaba amonestado.
El desarrollo del juego no cambió. Aún peor, se profundizó. España, con el monopolio de la pelota, generó las mejores ocasiones, pero Dibu respondió ante un remate de Álex Baena, una entrada de Mikel Merino y un peligroso tiro libre de Lamine Yamal.
Argentina era todo aguante. La resistencia se complicó aún más en el cierre del tiempo reglamentario por la roja a Enzo Fernández por una infracción innecesaria contra Cubarsí estando ya amonestado. Con un futbolista menos, la selección consiguió sostener el empate y llevar la definición al tiempo extra, pero también perdió la chance de apostar a una contra y debió dejar en el banco a Lautaro Martínez, que venía dulce tras el gol de la victoria ante los ingleses.
En los primeros 15 minutos suplementarios, España mantuvo la presión y Emiliano Martínez -en su mejor partido de la Copa- apareció otra vez para desviar un cabezazo de Nico Williams luego de un centro de Pedri. Además, el árbitro le anuló un gol al propio Williams por una infracción previa de Mikel Merino sobre Nicolás Otamendi. El mismo Merino también tuvo un cabezazo que se fue apenas desviado.
Argentina soñaba con los penales. No pudo ser. En la primera jugada del segundo tiempo extra, Nico Williams le ganó en la altura a Molina en una pelota cruzada y sirvió el balón para la entrada de Ferran Torres, un penal en movimiento que el delantero del Barcelona no falló para darle su segunda estrella a España.
El final fue a todo corazón, pero sin merecimientos. Casi llega Marcos Senesi en el primer palo y Simeone tuvo la única clara del partido. No pudo ser. Argentina cayó ante la superioridad absoluta del seleccionado español. Solo Scaloni y los jugadores sabrán si había otra idea de partido que no pudo desarrollarse. De todos modos, no hay reproches: Argentina dejó la piel para defender el título y Lionel Messi tuvo su último capítulo con la albiceleste en una final. Disfruta España, pero Argentina terminó con la frente en alto y sin guardarse nada.